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jueves, agosto 04, 2011

"La Maravilla Negra", el primer ídolo de color en el fútbol

José Leandro Andrade fue sin duda uno de los futbolistas más brillantes de su época. Nació en Salto, Montevideo, el 1º de octubre de 1901, y fue hijo de una argentina con un ex esclavo negro que escapó del Brasil. La necesidad hizo que sus padres lo enviaran a Montevideo a vivir con una tía en el barrio Palermo, donde en la adolescencia alternaba trabajando como limpiador de zapatos o vendedor de periódicos.
Hábil para el fútbol como todo buen uruguayo, se presentó a las inferiores de un pequeño club llamado Misiones. Poco tiempo después llegaría su primer contrato profesional con un club de la capital, el Bella Vista, donde jugaba como volante derecho.

José Leandro Andrade

No tardó en llamar la atención debido a su exquisitez con el balón, que unido a su color y su 1,80 de estatura, terminaba acaparando los aplausos y los flashes. A pesar de su contextura, tenía un muy particular estilo de juego, veloz, flexible y muy acrobático, que enamoraba a la afición.
Debido a todo ese derroche de talento, fue convocado por primera vez a un seleccionado nacional, para jugar en las Olimpiadas de París en 1924. Y fue allí definitivamente, donde se consagró como leyenda. Con su carácter extrovertido y amiguero, se sintió en París como un pez en el agua. Fue el jugador sensación de las Olimpiadas, tanto así que el periodismo especializado de la época, lo bautizó como “La Merveille Noire” (la maravilla negra).

Equipo de Uruguay, campeón en los Juegos Olímpicos de París en 1924

Lo que se lleva en la sangre se hereda por derecho, y como tenía que ser, resultó un consumado bailarín que no desaprovechó la oportunidad de mostrar allá sus habilidades, lo que le otorgó un buen número de admiradoras francesas y uno que otro affaire. Entre las bellas parisinas que cayeron rendidas ante el exotismo del uruguayo, también se encontraba la mítica Josephine Baker, bailarina y cantante de cabaret, famosa por haber sido la primera en mostrar el "tetamen" en un espectáculo público, en el París de aquel entonces.

Hay una curiosa anécdota que nos muestra el carácter descomplicado de Andrade: la selección uruguaya se encontraba en plena concentración en su hotel en París, cuando el director técnico decidió pasar revista por las habitaciones. El “negro Andrade” había desaparecido, nadie daba razón de él. Con el correr de las horas, se hizo evidente la normal preocupación de la delegación charrúa, hasta que el delantero Ángel Romano, compañero de recamara y uno de sus mejores amigos, se ofreció para buscarle.

En realidad, Romano tenía una dirección que Andrade le había facilitado por si 'desaparecía'. Fue a buscarlo a ese sitio y se sorprendió al ver que se trataba de un departamento de lujo, en una exclusiva zona de París. Llamó al timbre y una doncella lo recibió. A pesar de que por el idioma no se entendían, cuando romano dijo "Andrade", la joven mujer sonrió e hizo pasar al delantero. La escena que lo esperaba lo dejó atónito y con la boca abierta. Ante él apareció su mulato amigo, vestido sólo con una bata de seda, y rodeado de bellas señoritas con poca ropa y envueltas en deliciosas fragancias. Romano nunca olvidaría esa imagen de su amigo, como sultán en país ajeno.

Josephine Baker

Uruguay se coronó campeón de aquellas Olimpiadas y a su regreso el país era una locura, fueron ovacionados por multitudes, y el “Negro Andrade” ya era un héroe nacional. Obviamente fue fichado por los clubes más grandes de su país, el Nacional y el Peñarol respectivamente, donde ya se empezó a notar –era público- que aunque era un jugadorazo, fuera de las canchas también era un vendaval bohemio. Llevaba un paralelo tren de vida entre la rumba y el fútbol, que más tarde le pasaría factura.

El "Negro Andrade" de fiesta en carnavales

Además, desde las Olmpiadas de París, empezó a arrastrar una extraña lesión: en la final, en el último partido, chocó contra un poste, lo que le provocó un problema de visión que con el tiempo fue degenerándose, y a la postre, fue lo que acabó con su carrera.

Ídolo uruguayo

Antes de que existieran los Mundiales de fútbol, él ya era una figura mundial: fue doble Campeón Olímpico (París 1924 y Amsterdam 1928) y también había ganado dos Copas América, en 1923 y 1926, y el subcampeonato en 1927.
Precisamente por esos logros de la celeste, el primer Campeonato Mundial de la historia en 1930, fue con sede en Uruguay, y obviamente, Andrade fue convocado.

Uruguay, anfitrión y campeón del Mundial de Fútbol de 1930

La vida le seguía sonriendo, y se dio nuevamente el lujo de formar parte de ese mítico y glorioso equipo (Ballesteros; Nasazzi, Mascherone; Andrade, Fernández, Gestido; Dorado, Scarone, Castro, Cea e Iriarte) que se proclamó Campeón del Mundo.
Aunque “El Negro” no era el mismo de antes, seguía todavía aportando lo suyo, como un lance defensivo que perfeccionó, llamado la tijera: se lanzaba frente al atacante rival que llevaba el balón, estirando mucho la pierna izquierda, mientras que, con la derecha, le arrebataba el balón.

Luego de tocar el cielo con la camiseta celeste de su selección, tuvo un recordado paso por el fútbol argentino (Atlanta y Lanús), donde definitivamente se notaba que ya estaba quemando sus últimos cartuchos. Luego volvió a Uruguay al Wanderers de Montevideo y se retiró en Argentinos Juniors. Su vida, a partir de ahí fue un declive permanente. Estaba arruinado económicamente, sus amigos desaparecieron y tuvo que volver al barrio de Palermo, tan pobre como cuando llegó siendo un niño.

En una taberna holandesa, Olimpiadas de Amsterdam en 1928

Hay quienes arguyen tintes racistas en su declive, porque la mayoría –sino todos- los campeones mundiales de 1930, tuvieron una próspera vida como empresarios, periodistas deportivos y entrenadores de fútbol. Solo Andrade no encontró ocupación fija.
Aún así, su nombre seguiría sonando en Uruguay ya que veinte años después, en la Copa Mundial de 1950 en Brasil, José Leandro Andrade estuvo presente como invitado. En el campo, en su misma posición, ahora estaba su sobrino Víctor Rodríguez, que en honor a su tío se había puesto el segundo apellido Andrade en la camiseta. El sobrino de “El Negro”, al igual que su tío, logró coronarse Campeón del Mundo en el inolvidable “Maracanazo”.

José Andrade en Amsterdam, en 1928

Años más tarde, en 1956, un periodista alemán llamado Fritz Hack, viajó a Uruguay para encontrar a Andrade. Tras una intensa búsqueda de seis días pudo encontrarlo. Comentaba:

"Me ayudaron a encontrarlo los amigos. Pero lo que viví, fue una imagen de horror. En la 'Calle Perazza' vivía el ex famoso y celebrado futbolista en un sótano deteriorado."
"Encontré a Andrade en un tugurio espartanamente amueblado, se había dado totalmente al alcohol y debido a sus lesiones de ojos estaba casi ciego de un lado. Mis preguntas no pudo responderlas. Las respuestas las dio una hermosa mujer, la hermana del antiguo campeón olímpico".

Poco tiempo después, el 5 de octubre de 1957, José Leandro Andrade fallecía en un asilo de Montevideo a la edad de 56 años. Sus únicas pertenencias se limitaban a una cama y una caja de zapatos con algunas medallas y otros trofeos.
Desaparecía así la primera estrella de color, el primer ídolo negro del mundo del fútbol. Se fue de una forma tan ingrata y triste, como la de tantos deportistas que llenaron de gloria sus banderas, para luego caer en el olvido.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7

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martes, mayo 24, 2011

El peor futbolista que jugó en la Premier League

En la década de 1990 el futbolista liberiano George Weah deslumbró en las mejores ligas europeas, y con sus destacadas actuaciones en el AS Mónaco, en el París Saint Germain y en el AC Milan prácticamente lo ganó todo. Era tan buen jugador que llegó a ganar el Balón de Oro y fue elegido por la FIFA el Mejor Futbolista del Mundo en 1995.

En noviembre de 1996 el Southampton era dirigido por el entrenador Graeme Souness, quien había comentado a la prensa deportiva inglesa que necesitaba de urgencia un delantero eficaz para afrontar la exigente Premier League. Como de milagro recibió una oportuna llamada telefónica que le evitaría todo el engorroso y largo proceso de probar y evaluar al candidato.

Aquella llamada fue ni más ni menos que de George Weah. El astro africano le dijo al entrenador Souness que no se preocupara, que el delantero que tanto buscaba para su equipo bien podría ser un primo suyo llamado Ali Dia. Weah le comentó al técnico que su primo tenía 30 años de edad y que justamente había terminado su contrato con el Paris Saint Germain, el cual no sería renovado. Le puso al tanto de los detalles, le comentó además que su primo Ali tenía experiencia internacional, pues había jugado 13 veces como titular en la selección absoluta de Senegal.

Graeme Souness, en aquella época entrenador del Southampton
Con tan buenas referencias, el entrenador dio el visto bueno inmediato para el fichaje y pidió a los directivos su contratación. Ali Dia fue contactado al número que les dio George Weah y menos de una semana estaba firmando un contrato de prueba por un mes con los rojiblancos, renovable siempre y cuando el rendimiento del delantero convenciera.

Ali Dia
Se presentó al primer entrenamiento con el equipo y el africano sorprendió a todo el mundo. Daba la impresión de que nunca en su vida había jugado fútbol. Al respecto, uno de sus compañeros de equipo, el mediocampista Matt Le Tissier, recordó alguna vez cual fue su primera impresión después de ver al africano tras un balón: “Era como ver a Bambi correr sobre hielo”, dijo en tono jocoso. El entrenador Graeme Souness lo justificó pensando que eran los típicos nervios del primer día, pero esperaba ansioso verlo en acción dentro de tres días en un partido amistoso que tenían programado contra el Arsenal, sin embargo un torrencial aguacero hizo que aquel partido se cancelara.

Tanta era la confianza que tenía el entrenador en su nuevo delantero o tanto lo logró convencer George Weah, que decidió convocarlo para el siguiente partido oficial que era contra el Leeds United.

Llegó el esperado día del partido y Ali Dia no fue titular pero se encontraba en la banca de suplentes con el número 33 en su espalda. Se jugaba el primer tiempo y al minuto 34' una lesión del volante Le Tissier hizo que el delantero africano debutara en el futbol profesional inglés. Luego de 59 minutos en los que Ali hizo el ridículo en el campo de juego, Souness decidió sustituirlo e, inmediatamente, lo despidió. Ese día el equipo perdió por 2 – 0.

Mucha gente aún recuerda la anécdota y consideran que aquella fue una de las peores actuaciones de un futbolista en la Premier League.



Luego del partido, el técnico del Southampton llamó a Weah para pedirle explicaciones por el rendimiento de su primo, que no era ni de lejos el brillante futbolista que semanas atrás le había ofrecido. Sin embargo, el famoso jugador negó haber realizado tal llamada y que tuviera relación alguna con Ali Dia.

Con el tiempo salió a la luz que quien realmente había llamado al entrenador Souness haciéndose pasar por Weah, había sido un amigo de Ali Dia, quien sólo había jugado en equipos de categoría regional en su país. Desde aquella vez no se volvió a saber más del jugador africano, y seguramente, aquel entrenador fue más cuidadoso con los jugadores que contrataba.

En un país tan futbolizado como Inglaterra, el africano Ali Dia llegó a encabezar la lista de “Los 50 peores jugadores de todos los tiempos” realizada por The Times.

En este video se puede ver parte de los entrenamientos del senegalés y su debut y despedida.
Para quienes siguen el blog desde Facebook, lo pueden ver en este enlace.



Si de cumplir un sueño se trataba, pues Ali Dia cumplió el sueño que alguna vez hemos tenido millones de mortales en el mundo, de jugar unos pocos minutos en la Premier League y escuchar nuestro nombre por los altavoces.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5


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lunes, marzo 21, 2011

El día que desapareció el "Gran Torino"

Después de la Segunda Guerra Mundial, las ligas de fútbol de los campeonatos europeos se normalizaron y hubo algunas como la italiana que volvieron a mostrar aquel esplendor que siempre caracterizó al calcio en las competencias continentales.
Uno de estos equipos era el Torino A.C. que por esa década estaba viviendo uno de sus más grandes momentos de gloria, ya que durante el período de 1942 hasta 1949 (1944 y 1945 no se jugaron debido a la guerra) fue campeón de la liga italiana durante cinco años consecutivos, época en la que se lo consideró el equipo más poderoso del mundo y que se daba el lujo de tener a 10 de los 11 jugadores titulares de la selección italiana en sus filas. Fue desde esa época que el equipo se ganó el apodo de “Gran Torino”.

El último "Gran Torino", temporada 48-49

La fama de este equipazo trascendió las fronteras y sus jugadores eran reconocidos y admirados a nivel mundial. El Torino A.C. se había ganado ese prestigio a base de contundentes triunfos en el calcio italiano, que precisamente fue la vitrina para empezar a ser invitado a jugar partidos amistosos en varios países europeos, por los cuales obviamente le pagaban grandes sumas de dinero.

Uno de esos viajes patrocinados llevó al equipo italiano hasta Portugal, para jugar un partido contra el Benfica de Lisboa. El motivo del encuentro era la despedida del gran capitán lisboeta José Ferreira.
Terminado el partido iniciaron el viaje de regreso en un avión Fiat G212CP de las aerolíneas italianas, era el 4 de mayo de 1949. Este vuelo chárter llevaba a la plantilla de 18 jugadores de la escuadra del Torino, y a otras 15 personas entre cuerpo técnico, dirigentes y periodistas.

Las crónicas de la época relatan que una gran tormenta azotaba Turín, precisamente cuando la aeronave hacía su aproximación hacia la ciudad. Esa tormenta, la densa nubosidad y la escasa visibilidad fueron los ingredientes de la más grande tragedia que ha sufrido el fútbol italiano.


El avión ya había iniciado su descenso hacia el aeropuerto, pero el piloto no se dio cuenta que estaba sobrevolando demasiado bajo y terminó estrellándose contra una de las paredes de la Basílica de Superga ubicada en las afueras de la ciudad. Un total de 31 personas perecieron en el accidente, y el siniestro fue de tal magnitud, que para identificar los cadáveres de los jugadores de fútbol fue llamado entre otros el director técnico de la selección italiana Vittorio Pozzo, que conocía muy bien a los integrantes del Torino.


Restos de la aeronave en el lugar de la tragedia

El día del funeral, más de medio millón de personas se dieron cita en la plaza principal de Turín para ofrecer el último adiós al equipo de la ciudad. Fue una situación tan traumática en aquella época, que al año siguiente, el diezmado seleccionado italiano viajó al Mundial de Brasil en barco, se negaron a ir en avión.


Los turineses se tomaron las calles para despedir a sus ídolos

Al momento del accidente el Torino era líder de la Serie A, faltándole tan solo 4 partidos por disputarse para acabar la Liga. Así, el club siguió jugando con el equipo de la reserva y como señal de luto y respeto, sus contrincantes en estos partidos (Genova, Palermo, Sampdoria y Fiorentina), también jugaron con sus equipos de juveniles. Al final el Torino fue proclamado campeón del torneo.

Y como siempre sucede, aquí también tenemos esas anécdotas felíces, como la del jugador que logró salvarse providencialmente, Sauro Tomá, que se perdió al viaje a Lisboa debido a una lesión. Otro que se salvó de milagro fue el excepcional jugador húngaro Ladislao Kubala, quién había sido invitado como estrella mediática al evento, y se encontraró con su mujer e hijo en la capital portuguesa. Los tres deberían haber volado en el avión que les llevaría a Italia, ya que por aquel entonces, Kubala jugaba en el Pro Patria italiano. Afortunadamente el niño se puso mal y tanto Kubala como su esposa se quedaron en Lisboa para cuidar a su hijo, librándose así de la tragedia.

Actualmente hay un memorial recordatorio en el lugar mismo del siniestro

Desde aquel fatídico accidente, el Torino no volvió a saborear la gloria sino hasta la temporada 1975 – 76 en la que ganó su sexto escudetto. También accedió a su única final de una competición europea en 1992, pero perdió ante el Ajax de Van Gaal la final de la Copa de la UEFA, por la regla del gol de visitante.
El Torino nunca más pudo volver a emular sus glorias pasadas, más bien se convirtió en un modesto club de media tabla para abajo, sufriendo cuatro caídas a la segunda división y una grave crisis financiera que en 2005 lo obligó a una refundación, con un breve cambio de nombre incluido (desde entonces se llama Torino Football Club). El último descenso sucedió en mayo del 2010 y desde entonces disputa el torneo de la Serie B.


Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6

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domingo, enero 09, 2011

El futbolista que desairó a Hitler

A pesar de que Hitler odiaba el fútbol, su Ministro de Propaganda Joseph Goebbels lo persuadió de interesarse en él, debido a la atracción de masas que este deporte ejercía: “Ganar un partido de fútbol mein führer, es más importante para la gente que capturar una ciudad del Este”, le decía constantemente Goebbels.
En marzo de 1938, poco antes del Mundial de Fútbol de Francia, Austria fue anexada a Alemania. Para esa época, la selección austriaca de fútbol era considerada la mejor de Europa, tanto así que la llamaban el“Wonderteam”, el equipo maravilla. Aquel combinado contaba con leyendas como Platzer, Schall o Vierti, pero por encima de todos estaba Matthias Sindelar, un centro delantero genial.

Matthias Sindelar nació el 10 de febrero de 1903 en el seno de una humilde familia judía y pasó su infancia pegado a un balón de fútbol. Su pasión por este deporte pronto le hizo destacar como una de las mejores promesas uveniles, lo que le llevó a debutar con catorce años en el FK Austria de Viena. Poco a poco, Sindelar se convirtió en un gran jugador, lo que le permitió formar parte de la selección austriaca con tan solo dieciséis años. Su instinto goleador y su gran calidad lo convirtieron en uno de los mejores futbolistas de aquella época.

Matthias Sindelar

También desde joven Matthias mostró un carácter licencioso, muy apegado a los vicios y placeres mundanos y varoniles. Mientras en las canchas era un prodigio con el balón, fuera de ellas era un empedernido enamorado de las juergas, prostitutas y borracheras, muy aficionado a dilapidar su dinero en las ruletas de los casinos. Eso sí, nunca faltaba a los entrenamientos y lo demostraba con su gambetas, siempre finas y escurridizas. Era el terror de las defensas rivales, su juego sutil y letal le valió sobrenombres como “El Mozart del fútbol” o “ El futbolista de papel”. Durante su carrera en el FK Austria de Viena logró marcar más de 600 goles.

"El Mozart del fútbol"

Para el mundial de 1938, Austria, que ya había clasificado, era considerada favorita para llevarse el título, pero ahora con la anexión, sus mejores jugadores debían pasar a formar parte del equipo alemán. Nunca lo dijo públicamente por temor a las represalias, pero Matthias Sindelar se negó a formar parte de esa nueva y poderosa Alemania. Simuló lesiones para eludir las convocatorias porque sabía que antes de los partidos tendría que ejecutar el saludo nazi. No quería doblegarse ante los culpables de la muerte de miles de judíos.

Al poco tiempo, Hitler quiso hacer una especie de despedida de la selección austriaca como combinado independiente y organizó un último partido amistoso entre este país y Alemania. Sindelar decidió participar con Austria, siendo el capitán en el que sería el último encuentro con su selección. Sin embargo, sólo él sabía que éste sería el último partido de su vida.


El domingo 3 de abril, Sindelar, formado en el estadio junto a sus nuevos compañeros, se negó a levantar el brazo al estilo III Reich para saludar al Führer.


Se dice que los austriacos recibieron la orden de la Gestapo de no marcar goles, y eso quedó en evidencia, porque a pesar de que su superioridad fue aplastante, Matthias erró goles a propósito frente al arco, que en otras circunstancias hubiese anotado con facilidad. Regateó una y mil veces a los defensores alemanes, pero, cada vez que llegaba ante el portero, echaba el balón fuera y volvía a su campo con gestos de resignación. Los cronistas de la época recuerdan que Matthias Sindelar movía la cabeza a modo de desaprobación en cada ocasión desperdiciada. Así llegó el descanso con cero a cero.

Parece que algo sucedió en los camerinos, algo que los hirió en el amor propio o recibieron alguna motivación especial, porque para el segundo tiempo el panorama cambió, empezaron los caños, sombreros, regates imposibles y en la primera ocasión que tuvo, Sindelar llegó hasta la portería alemana y batió al portero con un certero disparo.

Pero el problema no fue el gol, sino la celebración. En lugar de alzar el brazo frente a Hitler, como todo el mundo esperaba, el delantero austriaco se situó frente al palco de autoridades y se puso a bailar.


Desde ese momento fue considerado como un enemigo del régimen y fue perseguido por los nazis. Debió mantenerse oculto durante meses y tuvo que abandonar la profesión que tanto quería, ya que por más que lo intentó, no pudo escapar del país como lo hicieron otros compañeros de profesión.

La persecución de judíos ya había empezado en Austria y afectaba también al fútbol. Fue vetada la entrada de esta raza a los estadios como simples aficionados. Los bienes del club vienés Hakoah -propiedad de judíos- fueron incautados, todos los columnistas judíos de los periódicos expulsados. Dirigentes y jugadores se exiliaron, muchos se unieron al Club Maccabi de Tel Aviv para jugar de manera informal. Al poco tiempo empezó el exterminio y los campos de concentración.

Matthias Sindelar continuaba escondido con el miedo de ser capturado en cualquier momento y enviado a uno de esos ghettos. El 22 de enero de 1939, fue encontrado muerto en en la cama de su apartamento junto a su novia Camilla Castagnola, una ex prostituta. Castagonola murió en el hospital al día siguiente y se dijo que la muerte de los amantes había sido causada por envenenamiento con monóxido de carbono debido a una fuga en la estufa de gas de su apartamento. Sin embargo, otros dicen que fueron asesinados cuando un compañero de selección los denunció.
Sea como fuere, aquel triste suceso causó tanto impacto que durante 15 días las oficinas del club en el que jugaba se inundaron de cartas de pésame. Tantas que el correo de la ciudad se colapsó. Tantas, que a su entierro y a pesar de la persecución nazi, asistieron más de 40.000 personas, mientras las tropas de Hitler las rodeaban en previsión de posibles altercados.


Los restos del único futbolista que fue capaz de desafiar a Hitler descansan en el cementerio central de Viena.

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1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8

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miércoles, octubre 13, 2010

La tragedia del Manchester United

El 6 de febrero de 1958, el Manchester United volvía a Inglaterra después de disputar los cuartos de final de la Copa de Europa ante el Estrella Roja de Belgrado de la ex Yugoslavia, ahora Serbia. El United había empatado 3-3 , y se clasificaba para las semifinales donde lo esperaba el AC Milan de Italia.

Manchester United de 1958

El vuelo 609 de la British European Airways partió desde Belgrado, e hizo escala en Munich. Luego de abastecerse de combustible, el capitán James Thain intentó despegar dos veces, pero no consiguió levantar el vuelo. La pista estaba congelada debido al mal tiempo y soplaba mucho viento, aún así, el piloto lo intentó una tercera ocasión, y el avión no pudo alcanzar la altura adecuada y acabó estrellándose contra una vivienda cercana, en unos terrenos circundantes al aeropuerto.


Siete futbolistas del Manchester United murieron en el acto, mientras Duncan Edwards, una de las mayores promesas del fútbol inglés, falleció en un hospital 15 días después debido a sus múltiples lesiones, a la edad de 21 años. Este jugador fue el internacional más joven de la historia de Inglaterra hasta la aparición de Michael Owen en 1998. Aún se lo recuerda como el "James Dean del fútbol", y todos quienes lo vieron jugar afirman que hasta ahora nadie ha alcanzado su nivel. Nunca se sabrá hasta donde pudo haber llegado en el fútbol, ya que apenas pudo mostrar su talento cuatro años en Primera División.


También fallecieron ocho periodistas que acompañaban al equipo, un aficionado, un directivo, dos miembros del cuerpo técnico y tres miembros de la tripulación. El entrenador, Matt Busby tuvo que ser hospitalizado de gravedad tras el impacto, pero se recuperó. El trágico saldo fue de 23 víctimas mortales y 21 sobrevivientes.

Las primeras investigaciones determinaron que había sido una falla humana, y señalaron como responsable del accidente el piloto inglés; sin embargo, luego se comprobó que el siniestro había sido causado por la acumulación de aguanieve al final de la pista, lo que causó la desaceleración de la nave, impidiendo que alcanzara la velocidad adecuada para elevarse.


Las autoridades de Alemania Occidental no quisieron aceptar su responsabilidad, y emprendieron acciones legales contra el capitán Thain, convirtiéndolo en el responsable principal y directo del siniestro, a pesar de hallarse pruebas contundentes y testigos del accidente que exculpaban al piloto.

Futbolistas que fallecieron

Por alguna extraña razón, los testigos del caso nunca fueron llamados a declarar por las autoridades germanas y solo se tomaron acciones judiciales en contra del piloto, las cuales finalizarían en 1968, siendo declarado como inocente de cualquier responsabilidad del accidente. De todas formas, poco después del suceso, Thain fue despedido de la aerolínea.

Como todos sabemos, después de cualquier tragedia la vida continúa, y el Manchester United debía hacerlo también. Reapareció dos semanas después con un equipo de reservas y juveniles, de la mano de Bobby Charlton, superviviente de la tragedia y uno de los futbolistas con más proyección de aquel entonces. Fue dirigido interinamente por Jimmy Murphy y goleó en la Copa al Sheffield a domicilio, ante una hinchada que ovacionó a los diablos rojos. Ese mismo año logró llegar a la final que la perdió ante el Bolton (2-0) en Wembley, y así poco a poco fue curando, aunque nunca olvidando sus heridas.

Placa recordatoria en el estadio

Los seguidores del Manchester United buscaron la forma de conmemorar a sus héroes caídos. En el estadio de Old Trafford existen dos placas conmemorativas del suceso, ademas del ya famoso Reloj de Munich que se encuentra en uno de los graderios marcando la hora exacta y la fecha del fatídico accidente. Las tumbas de aquellos jugadores son casi como santuarios para los miles de fanaticos del equipo, no solo ingleses, sino de todo el mundo.

Fuentes y referencias:
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sábado, agosto 07, 2010

El paracaidista nazi que fue ídolo en Inglaterra

Sin lugar a dudas la Segunda Guerra Mundial es la mayor fuente de historias contemporáneas de valentía y heroísmo. Muchas de ellas son bastante curiosas, y a pesar de haber sido escritas con el dolor y la sangre de los pueblos europeos, han quedado como testimonio de lo que es capaz el ser humano. Hace poco encontré una historia donde se mezclan la ironía, el patriotismo y el deporte, haciendo de esta, una de las más atractivas que he leído.

Bernhard Trautmann era un joven alemán que había nacido en Bremen en 1923. Desde su juventud fue seducido -como tantos miles de jóvenes alemanes- por el discurso nacionalsocialista de Adolf Hitler, y a temprana edad pasó a formar parte de las Juventudes Hitlerianas. Cuando inició la guerra no dudó en alistarse en la Luftwaffe, ya que quería luchar por su país en lo que consideraba que era una causa justa. Fue enviado a la recién invadida Polonia, donde se desempeñó como operador de radio.

Desfile de las Juventudes Hitlerianas

Más tarde fue reubicado como paracaidista en el frente del Este, debiendo combatir contra el ejército soviético, experiencia de la cual regresó y fue condecorado con la Cruz de Hierro por sus méritos en el campo de batalla. También fue sobreviviente de los bombardeos aliados a la ciudad alemana de Kleve, donde fue tomado prisionero por dos soldados norteamericanos, de los cuales logró fugarse milagrosamente. Poco después volvió a ser tomado prisionero, pero esta vez por un pelotón británico, y fue trasladado a un campo de prisioneros en Bélgica.

Luego de algún tiempo en aquellas barracas, Trautmann fue transferido a otro campo de prisioneros en Marbury Hall, Inglaterra. En esta nueva prisión eventualmente y para paliar el aburrimiento, solían disputarse pequeños partidos de fútbol entre los soldados británicos y el grupo de prisioneros, y fue ahí precisamente donde Trautmann empezó a destacar, ya que las Juventudes Hitlerianas se había dedicado a practicar varios deportes en un muy alto nivel.

Campo de prisioneros de Marbury Hall durante la Segunda Guerra Mundial

Cuando la guerra finalizó, Bernhard Trautmann declinó la oferta de ser deportado a Alemania. Sabía que su país estaba en ruinas y decidió quedarse en Inglaterra para comenzar una nueva vida. Se ganaba la vida trabajando en lo que encontraba, muchas veces en granjas, otras en fábricas, y cuando disponía de algún tiempo libre, se dedicaba a practicar el deporte que le apasionaba, el fútbol. Es de esta manera que Trautmann logró enrolarse en un muy modesto club amateur llamado St. Helens Town de las cercanías de Wigan. Su estatura y agilidad como portero, hicieron que pese a lo pequeño que era su nuevo club, varios equipos de renombre se fijaran en él.

Tuvo la suerte de firmar su primer contrato profesional con el Manchester City para la temporada de 1949/50, pero esto no fue del agrado de la prensa ni de los aficionados, ya que llevaba el estigma de su pasado como soldado nazi. La afición no podía olvidar que sus casas y ciudades fueron cruelmente bombardeadas por la Luftwaffe, en la que el propio Trautmann había servido. No olvidaban que fue parte del ejército que había infringido el mayor ataque que había sufrido su país en toda su historia y los hinchas acudían a los entrenamientos con pancartas que decían: "Fuera el alemán".

Pese a todo esto, con la prensa y sus propios aficionados en contra, Trautmann decidió seguir adelante y demostrar de lo que era capaz. Su gran nivel como arquero y sus milagrosas atajadas, hicieron que los fanáticos comenzaran a olvidar su pasado. Ya no lo veían como aquel prisionero de guerra alemán, sino como el gran portero que logró salvar muchos partidos para el club de sus amores. Prácticamente se ganó a pulso a la afición del Manchester City, y sólo las hinchadas rivales le recordaban su pasado nazi desde las tribunas, desde donde lo insultaban cuando jugaba de visitante.


Y precisamente jugando de visita fue que Trautmann empezó a convertirse en mito. En enero de 1950 el Manchester City visitó Londres para jugar contra el Fulham, ésta era la primera vez que el portero alemán visitaba la capital desde su llegada a Inglaterra. Su equipo, el City, atravesaba una mala racha y el favorito para ganar por goleada era el equipo local, pero fue en este partido donde la figura de Trautmann emergió colosal haciendo caso omiso de los constantes insultos desde los graderíos. Esa tarde sus grandes atajadas lo convirtieron en héroe del equipo -que ganó 1-0-, y tras el pitazo final, los futbolistas del equipo rival le tributaron una merecida ovación al arquero, que poco a poco se fue contagiando por los graderíos del Craven Cottage. Acababa de nacer el mito.



Diez años después de su llegada al equipo, Trautmann vivió una experiencia que lo convirtió en leyenda entre los seguidores del Manchester City. Se jugaba la final del campeonato del año 56 contra el Birmingham, y en un pasaje del mismo, para evitar que le marquen un gol, salió a cortar el avance de un futbolista contrario, pero la rodilla de éste, chocó violentamente contra el cuello del arquero alemán, que quedó tendido en el piso.

Momento de la lesión

El dolor debió ser terrible, pero aún así, ajeno al sufrimiento, Trautmann se incorporó y poniendo en peligro su propia vida volvió a la portería para jugar los últimos 17 minutos del partido, en el que se consagraron campeones. Poco después se supo que tenía cinco vértebras dislocadas y una de ellas partida en dos. La gravísima lesión lo alejó de las canchas durante un año.

Bert Trautmann llegó a jugar un total de 545 partidos durante 15 temporadas en la Football League, convirtiéndose así en un ícono de la hinchada del Manchester City.

Escultura de Bert Trautmann en el Museo de Manchester

En el 2005 ingresó al Salón de la Fama del Fútbol inglés, siendo uno de los ocho futbolistas "no británicos" que han conseguido tan alta distinción.
Desde 1990 Bert Trautmann reside en España, en un pueblo costero de Castellón.

Fuentes e imágenes:
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martes, junio 22, 2010

"Pickles", el héroe de Inglaterra '66

Aunque el delantero portugués Eusébio marcó nueve goles en el Mundial de Inglaterra de 1966 y el inglés Geoff Hurst anotó tres tantos en la final para que su equipo gane, ninguno de ellos fue el jugador más valioso de la Copa de ese año. Esta distinción fue para un perro llamado "Pickles".

Copa Jules Rimet

El trofeo antecesor a la Copa de la FIFA era la Copa Jules Rimet, la cual fue entregada definitivamente a Brasil después de que ganar su tercer título mundial en México 70.

La organización de una Copa Mundial de Fútbol en un asunto muy complejo, logísticamente difícil, y si bien es cierto que es imposible alcanzar la perfección, lo que menos espera la FIFA es que un país organizador pierda el trofeo.

Faltaban apenas cuatro meses para que empiece a disputarse la Copa Mundial de Fútbol de 1966, y los ingleses en calidad de organizadores y anfitriones habían decidido exhibir la Copa Jules Rimet en varias ciudades de su país. Para marzo del mismo año el trofeo estaba expuesto en el Salón Central de la ciudad de Westminster bajo la atenta mirada de cinco guardias permanentes. Y sucedió lo impensable, se robaron la copa…

El 20 de marzo el guardia que generalmente estaba a cargo del trofeo tenía su día libre, y en algún momento en que los otros cuatro guardias del lugar se descuidaron para tomarse un café o para ir al baño, los ladrones forzaron una de las puertas traseras y el trofeo fue robado. Como podrán imaginarse se desató un escándalo de proporciones ya que los ojos del mundo estaban puestos sobre Inglaterra y su próximo mundial.
En medio del desconcierto de la policía británica, hubo una providencial llamada telefónica en la que el ladrón ofrecía devolver la Copa a cambio de £ 15.000 en billetes de baja denominación que serían entregados a una persona en un determinado sitio de la ciudad. La Scotland Yard y las autoridades aceptaron a regañadientes el trato, pero porque no tenían otra alternativa ni pistas que seguir.
El plan de la policía consistía en seguir muy de cerca, desde un automóvil a la persona que iba a entregar el dinero en el sitio acordado, pero se apresuraron y arrestaron al sospechoso antes de que pudiera decirles donde estaba la Copa. El alegaba que solamente era un intermediario y que no tenía nada que ver con el robo. La policía nuevamente se encontraba sin pistas y no sabía en qué dirección apuntar. Y aquí es donde entra en acción un perro llamado "Pickles".

David Corbett y su perro "Pickles"

El 27 de marzo, un londinense llamado David Corbett sacó a pasear a su perro Pickles. Se encontraban en el lado sur de la ciudad, cuando de repente algo debajo de un árbol distrajo la atención del perro. Pickles insistió olfateando y raspando hasta que sacó con su hocico un paquete envuelto en hojas de periódico y atado con una cuerda. Cuando Corbett abrió el paquete su sorpresa fue mayúscula al darse cuenta que había encontrado lo que todo su país y el mundo futbolero estaban buscando, la Copa Jules Rimet. Enseguida se dirigió a la estación de policía más cercana, pero el pobre hombre fue arrestado porque las autoridades creían que era una historia demasiado fantástica para ser verídica. Fue puesto en custodia como principal sospechoso del robo e interrogado hasta altas horas de la madrugada, en que las autoridades cotejaron datos y lo liberaron.
Una vez que su dueño fue absuelto de toda sospecha y considerado inocente, Pickles el perro, se convirtió una estrella mediática. Recibió invitaciones junto a su dueño para visitar otros países y tuvo un año de alimento para perros completamente gratis, patrocinado por una empresa local. Incluso llegó a protagonizar la película "El Espía de la nariz fría", y en la cúspide de su popularidad el perro llegó a ganar 60 libras esterlinas diarias para su amo.



Ese año se coronó como campeón mundial el equipo de Inglaterra y los jugadores hicieron una inusual solicitud, pidieron que Pickles y su dueño asistan al banquete de celebración que ofreció la Reina en Palacio. Después del Mundial, David Corbett recibió una recompensa de £ 3.000, pero su perro lamentablemente no vivió para ver la próxima Copa Mundial, a donde ya habían sido invitados con antelación.

Los jugadores ofreciendo la Copa a la Reina

El siguiente campeón mundial fue Brasil en México 70, y como ésta era la tercera vez que los auriverdes se alzaban con el título, ganaron el derecho de conservar este trofeo a perpetuidad como lo indicaba el reglamento. A partir de entonces el máximo trofeo del balompié es la Copa de la FIFA que todos conocemos.


Fuentes e imágenes:
ContiSoccer, Mentalfloss, Sports

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domingo, diciembre 06, 2009

Una segunda oportunidad

Luigi Meroni fue un gran futbolista italiano en la década de los sesentas, jugador del Club Torino y seleccionado de su país. No sólo fue un gran deportista, sino que fuera de las canchas también era considerado un divo por su extravagante estilo de vida; le gustaba escuchar a los Beatles, era fiestero, llevaba el cabello largo y debido a su gran carisma se transformó enseguida en el ídolo del Torino. Era el prototipo de hombre que todos sus fanáticos querían ser, un tipo descomplicado, mujeriego y bohemio que todos los domingos se vestía de futbolista.

Luigi Meroni

Por el cariño que sentía hacia su camiseta y a su hinchada, Meroni llegó a rechazar un “cheque en blanco” de la todopoderosa Juventus, rival de patio del Torino. Este gesto lo llevó a convertirse en el mimado de la afición.


Llevaba el número 7 en su espalda y acerca de él se habían creado varios mitos, como el de que en cierta ocasión dribló a un arquero, y ya con el arco vacío lo había esperado para driblarlo por segunda vez antes de anotar el gol. En definitiva los seguidores del Torino lo adoraban.

Uno de esos jóvenes hinchas del Torino era Attilio Romero de 19 años, para quien Luigi era casi un dios. Atilio hasta formaba parte de los “ultras” -barra brava- del club, que lo seguían a todos los estadios. Era tal su pasión por el futbolista que hasta se peinaba y vestía como él.
Pero el destino es caprichoso, y el 15 de octubre de 1967 hizo que la vida de estos dos jóvenes se crucen de forma dramática.
Attilio Romero iba manejando su auto cuando vio que algo se le cruzó y no tuvo tiempo de frenar. Acababa de atropellar a un hombre.

"Se me vino encima, no sabía que era hasta que bajé del vehículo y lo vi tendido en el suelo —contaría Romero años después—. Enseguida llamé a mi padre, que era médico. Fuimos al hospital pero no se pudo hacer nada".

Era Luigi Meroni; el joven fanático había matado al futbolista.
El funeral fue multitudinario, más de veinte mil tifosis se tomaron las calles de Turín. Attilio Romero sin proponérselo había convertido a su ídolo en un mito.
El siguiente fin de semana en el estadio se hizo un minuto de silencio y la cancha fue inundada con flores desde un helicóptero, que luego fueron depositadas en el ala derecha, área donde jugaba Meroni.
Como era de esperarse, Attilio acabó sumergido en una profunda depresión de la que tardó años en curarse. La afición del Torino nunca le recriminó nada, ya que evidentemente se trató de un fortuito accidente.

Y es que la vida tiene esas cosas, el destino siguió revoloteando en esta historia y se encaprichó con sus protagonistas, ya que por esas circunstancias que suelen darse, Attilio Romero llegó a ser Presidente del Torino el 2001, 34 años después de la tragedia. Fue su momento de resarcir el triste pasado, ya que bajo su gestión, logró llevar a su amado club al ascenso en el 2002 y el 2005.


Incluso ahora, más de 40 años después de la tragedia, hay fanáticos que dejan flores en el sitio donde Luigi fue atropellado cuando ganan un partido.

Yo siempre he creído en eso, que aún en los casos más extraños, la vida te brinda una oportunidad para reinvindicarte.

Fuentes:
Brevehistoria, ElPaís

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domingo, agosto 16, 2009

Una guerra absurda

1969 sin duda fue un año especial. El mundo vivía la Guerra Fría, las dos potencias competían por llegar a la luna y la Guerra de Vietnam acaparaba los titulares de la prensa. Los hippies por su lado se desconectaron del mundo belicista y organizaban en una granja de Bethel, NY, el mítico y más grande festival de la música: Woodstock.
Latinoamérica se encontraba caldeada y tomaban cuerpo las tendencias de izquierda, mientras los militares esperaban agazapados para derrocar presidentes y tomarse el poder mediante las armas.
Así las cosas, ese mismo año en Centroamérica, Honduras y El Salvador se enfrentaron en una guerra que no duró ni siquiera una semana, pero su detonante fue bastante sui géneris.

La expulsión de miles de campesinos salvadoreños de Honduras, promovida por el gobierno militar de ese entonces encendió los ánimos. Y en El Salvador, el regreso de esos miles de compatriotas ponía en aprietos socioeconómicos al pequeño país que no podía absorber toda esa población desempleada. De paso El Salvador era el país centroamericano más densamente poblado.


Para colmo, justo en esos meses, las selecciones de fútbol de ambos países disputaban una plaza para el mundial de fútbol México 70.
El partido de ida se jugaba en Tegucigalpa el 6 de Junio, los hinchas hondureños se instalaron en las afueras del hotel donde dormía el equipo salvadoreño y armaron tremendo alboroto con pitos, bombos e insultos, todo obviamente para impedir que pueda descansar el equipo rival.
El partido lo gana Honduras por 1-0, consiguiendo el gol en el último minuto. En ese momento una joven salvadoreña que seguía el partido por televisión, se suicida de un disparo al no poder soportar “la humillación recibida por su patria”, hecho que es difundido enseguida por los periódicos locales, claro, con su respectiva dosis de patrioterismo.

Al funeral de esta chica acuden miembros del gobierno, del ejército y el equipo completo de fútbol de El Salvador, que empieza a preparar el partido de vuelta, a jugarse una semana después. En esta ocasión el equipo de Honduras es el que no puede dormir porque los hinchas salvadoreños les devuelven la visita, y les rompen hasta los cristales de las habitaciones del hotel.
Los jugadores tienen que salir al estadio en carros blindados, y atemorizados ven como la bandera de su país es quemada en el estadio mientras se entonaban los respectivos himnos.

Mauricio Rodriguez anota el gol de la victoria de El Salvador

Ahora El Salvador gana en su cancha 3-0 y los hinchas hondureños huyen en medio de disturbios y actos vandálicos que terminan con dos muertos y decenas de heridos.
La frontera entre los dos países queda cerrada. El revanchismo y la xenofobia se apoderan de lado y lado.

En esas eliminatorias no tenía validez el gol diferencia por lo que debía jugarse un tercer partido de desempate en cancha neutral.
Este partido se lo juega el 27 de junio en México DF, con las hinchadas de ambos países separadas por cinco mil policías mexicanos. Gana El Salvador por 3-2, y por lo tanto se queda con el pasaporte al mundial.

El equipo salvadoreño celebra la victoria en el partido de desempate

En medio de tanta tensión se avizoraba una guerra. Finalmente pasó lo que tanto se temía, y el 14 de julio de 1969, la Fuerza Aérea salvadoreña atacó por sorpresa el aeropuerto de Toncontín, en Tegucigalpa y varios poblados fronterizos.
La guerra no duró más de 6 días -también se le llama guerra de las cien horas-, ya que se ordenó un alto al fuego negociado por la OEA.

Movimientos civiles en El Salvador apoyando a su ejército

En este conflicto murieron más de 5000 personas y algunos historiadores la han llamado La Guerra del fútbol, lo cual es erróneo puesto que aquí el deporte fue sólo un pretexto para ver quien se hacía cargo de más de 300 mil salvadoreños desplazados que nadie quería recibir.
La frágil y difusa frontera quedó intacta y una parte de los emigrantes se marcharon de Honduras.
Después de esta escaramuza, los ejércitos de ambos países se rearmaron, no nos olvidemos que estaban bajo regímenes militares.

Bueno, como epílogo les puedo contar que el mundial de 1970 lo ganó Brasil de la mano de Pelé y que el equipo salvadoreño terminó último de su grupo; le encajaron 9 goles en tres partidos y no anotó ninguno.

Todas las guerras son absurdas, y la hisoria nos cuenta que hubo conflictos bélicos donde los detonantes fueron demasiado triviales, pero el que acabamos de ver, no deja de llamar la atención por lo hechos que la desencadenaron y el triste saldo que dejó en dos países hermanos.
Que mal le hacen a los pueblos esos nacionalismos obsecados. Todo empieza como simples discursos populistas, pero nadie sabe como terminarán...

Fuentes:
BBC Mundo.com
Franlopez.es

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