Bueno, ahora les voy a contar algo acerca de las Hermanas Hilton, pero no de la Paris ni de la Nicky Hilton, sino de otras hermanas que fueron igualmente bellas y famosas pero en el siglo pasado.
Se llamaban Violet y Daisy, nacieron el 5 de febrero de 1908 en Brighton, Inglaterra. Eran siamesas y estaban unidas por la cadera y la pelvis, aunque no compartían órganos vitales.
Su madre, una camarera soltera llamada Kate Skinner, las vendió inmediatamente a su patrona, Mary Hilton, de quien las niñas tomaron el apellido.
La señora Hilton siempre vio en las niñas una fuente inagotable de ingresos, para lo cual las cultivó desde temprana edad enseñándoles a bailar y cantar, además de tocar el piano, clarinete, saxofón y violín. Violet y Daisy debían dirigirse a ella como "Tía Lou", y a sus sucesivos maridos como "señor".
La Tía Lou siempre mantuvo a las niñas en cautiverio, salvo para sus presentaciones públicas -empezaron a actuar a los tres años de edad-.
Las siamesas eran un gran negocio. Se movían con soltura en el escenario y eran bastante guapas. Se convirtieron en una mina de oro.
A partir de los 17 años, Violet y Daisy fueron llevadas a USA y explotadas intensamente por Mary Hilton en las ferias. Sus dueños nunca les dejaban hablar con nadie ni ahorrar dinero para evitar que escapen.
A la muerte de Tía Lou, las heredó su hija Edith quien siguió explotándolas y controlando cualquier movimiento sospechoso de fuga.
En aquella época proliferaban las bandas de jazz, así que las jóvenes estaban retomando clases de saxofón. Un día estando en clase, fingieron sentirse indispuestas, lograron escapar con el poco dinero que habían logrado esconder y se presentaron en el despacho de un abogado. Éste, al ver que eran mayores de edad, tomó la defensa de las jóvenes.
Fue un caso muy célebre que la prensa siguió muy de cerca.
Al fin, a los 23 años, Violet y Daisy eran libres. Organizaron su propio espectáculo y se convirtieron en personajes muy populares de USA.
En 1932, el director Tod Browning las contrató para su película Freaks, hoy un clásico, pero que en esa época causó controversia.
Los años 30 fueron su época más gloriosa. Las siamesas convirtieron su problema físico en el cartel de su carrera. Daisy se tiñó el pelo de rubio con el argumento de «para que no me confundan con mi hermana».
Violet se hizo demócrata y Daisy republicana. Cualquier excusa era buena para salir en los medios y obtener publicidad gratis para el espectáculo.
La prensa calculaba que las siamesas ganaban 5.000 dólares a la semana, una cifra enorme para esa época.
Pero lo que más curiosidad levantaba era su vida sentimental. Aunque aparentemente Daisy y Violet tenían una relación excelente, circulaban muchos rumores sobre una supuesta rivalidad entre ellas, de las que se decía que eran unas devoradoras de hombres.
El hecho de que compartieran parte del sistema nervioso -y, por tanto, pudieran sentir lo mismo- acrecentaba todavía más el morbo.
En 1934, Violet anunció su matrimonio con Maurice Lambert. El sueño de casarse, no obstante, se esfumó. Al ir a solicitar la licencia para la boda encontraron dificultades en todos los estados que visitaban porque les indicaban que, debido a su especial fisonomía, no les concedían las licencias por considerar dichos matrimonios indecorosos y contrarios a las buenas costumbres. Por fin, en Texas obtuvieron una licencia y pudieron contraer matrimonio. Al menos durante siete semanas, lo que duró su matrimonio, la historia de la siamesa desesperada por casarse llevó a las Hilton a su nivel más alto de popularidad.
La experiencia matrimonial de Daisy fue aún más breve. Al contrario que su hermana, consiguió el permiso del estado de Nueva York para casarse, y en 1941 contrajo matrimonio con el bailarín Buddy Sawyer. La unión se terminó 10 días después.
Para ese entonces, la fama de las siamesas empezaba a caer, pero ellas tenían recursos de sobra. A finales de los años 40 abrieron una hamburguesería en Miami llamada Hermanas Hilton. Cuando el negocio fue a pique, Hollywood llegó en su rescate.
En 1950 protagonizaron su segunda película, "Encadenadas de por vida", la historia de dos siamesas que se enamoran del mismo hombre. Cuando una se casa con él, la otra lo mata. La trama del filme gira en torno a cómo meter en la cárcel a la asesina sin que la inocente también sea encarcelada. Sin embargo fue un fracaso de taquilla y la gente se olvidó de las Hilton.
Pero con su astucia las siamesas se las arreglaron para ser famosas nuevamente. Volvieron a recorrer el país y hasta participaron en la campaña electoral de 1960: Violet apoyando a Kennedy y Daisy a Nixon.
Estos fueron sus últimos momentos de fama, el público se olvidó de ellas y al final terminaron como dependientas en una tienda de Charlotte, Carolina del Norte. Tras varios días de ausencia al trabajo, las encontraron muertas en su casa el 4 de enero de 1969. La autopsia concluyó que habían fallecido con la famosa "Gripe de Hong Kong", que fue otra pandemia que se propagó por el mundo en esos años.
Bueno, este es el tercer post que escribo acerca de siameses famosos, pero lo que ahora me deja pensando, es la trama de su segunda película. Es un tema muy interesante.
Pongámonos en esa situación y época en que la ciencia médica no podía separarlas.
En el supuesto real que una de ellas hubiese cometido homicidio, ¿Cómo una hermana puede ser castigada con la cárcel o pena de muerte sin que la otra tambien la sufra? ¿Es más importante castigar a la culpable o proteger a la inocente?
¿Algún abogado?
Fuentes:
Elmundo.es
Phreeque.com
miércoles, junio 24, 2009
Las Hermanas Hilton
jueves, junio 18, 2009
Un alemán diferente
“Mamá, ¿yo no soy ario?” preguntó Hans de ocho años a su madre Berta después que en la escuela le prohibieran jugar con los demás niños.
El padre de Hans era hijo del cónsul de Liberia en Alemania. Su madre, Berta, era una enfermera alemana de clase media baja. El rico hijo del diplomático africano se encaprichó de la joven y guapa mujer al verla en una fiesta, y de esa relación nació el pequeño Hans.
Su padre nunca se preocupó por él ni tampoco le prestó mucha atención, ya que en esa época era apenas un estudiante universitario en Dublín. Mas bien su refinado abuelo, el primer diplomático africano en Europa, lo acogió en su palacete de Hamburgo junto a sus tíos y primos africanos. El patriarca se jactaba de tener un nieto alemán que hablaba el idioma local a la perfección.
“Yo asociaba la piel negra con superioridad, porque nuestros sirvientes eran blancos”
Su destino cambió drásticamente cuando el Führer asumió el poder y expulsaron a los diplomáticos africanos de Alemania. Todo el clan Massaquoi regresó a su país, Liberia, pero Berta, la madre de Hans decidió quedarse en su patria, porque el niño era enfermizo y temía que viajando al África podría morir ya que en aquella época -y hasta ahora- era un continente asolado por la malaria. Prácticamente sola, retomó su trabajo de enfermera y se mudó con su hijo a una zona obrera de Hamburgo.
“Yo, que había aprendido a ver ventajas en mis rasgos raciales, de pronto me veía obligado a considerarlos un inconveniente”
En sus inicios, ni él ni su madre consideraron como una amenaza el ascenso del nazismo. Era algo que no los preocupaba, de todas formas, eran alemanes.
"Igual que todos los niños, yo estaba fascinado por la parafernalia nazi. Los uniformes, las banderas y los desfiles me encantaban. Para mí, para mis compañeros, Hitler estaba envuelto en esa aureola divina que le protegía de cualquier crítica"

Las cosas fueron cambiando poco a poco. Primero fueron letreros en los columpios que impedían jugar a los niños no-arios. Después, la misteriosa y contínua desaparición de sus profesores que eran judíos.
Luego su madre fue despedida de su trabajo “por haber concebido el hijo de un africano” -aunque ella nunca se lo confesó-
“Una vez que las absurdas leyes raciales entraron en vigor, se hizo obvio que mi vida iba a volverse más difícil. Pero el amor y la protección de mi madre me sostuvieron”
En su libro autobiográfico, Hans cuenta con detalle los intentos que hizo por ser considerado un alemán más. Cada vez que era rechazado reaccionaba negando lo evidente, y esta situación le llevaría al absurdo de querer formar parte de las Hitlerjugend, las juventudes hitlerianas, una mezcla de boy scouts y organización paramilitar.
A raíz de que le niegan la entrada exclusivamente por su color de piel, Hans abre los ojos y empieza recién a entender de lo que se trata el nazismo.
Desde ese momento desechó la necesidad de ser aceptado por los nazis y se liberó de la dependencia a Hitler como omnipotente figura paternal de los jóvenes.
Al comenzar la guerra, a pesar de ser "indigno de llevar el uniforme alemán", estuvo a punto de ser enrolado en el ejército. Se salvó de ir al frente de batalla sólo por su falta de peso, lo que le aumentó problemas emocionales, ya que siendo un hombre joven y sano se avergonzaba más de no estar combatiendo que de su raza.
Mientras trabajaba en una fábrica de municiones, Hans observó cómo la maquinaria de guerra alemana se venía abajo. En 1943, los aliados pusieron en marcha la Operación Gomorra y bombardearon intensamente Hamburgo durante diez días, hasta dejar la ciudad en escombros, donde murieron más de 40.000 personas.
Hans se encontraba tan deprimido que le hubiera dado igual morir a manos de la Gestapo que en un bombardeo. De todas formas, la presencia de la Gestapo lo rondó por más tiempo y tuvo que convivir bajo la constante amenaza de su presencia, de interrogatorios, sintiéndose despreciado por todos, ciudadano de segunda clase, a tal punto que un día una multitud quiso lincharlo creyendo que era un piloto aliado.
El fin de la guerra con la toma de Hamburgo por los británicos significó también una nueva vida para Hans. Por primera vez en su vida no sentía miedo. Ese miedo a ser humillado, ridiculizado, degradado, a verse privado de su dignidad.
Después de la Segunda Guerra Mundial sobrevivió como saxofonista de jazz, luego emigró a Liberia, el país de su padre, y por último recaló en los Estados Unidos, país que lo acogió como ciudadano, con los mismos derechos que cualquiera y donde fue reclutado como paracaidista y enviado a la Guerra de Corea durante dos años.
Gracias a los beneficios de los veteranos de guerra ingresó en la Universidad de Illinois, donde estudió periodismo, carrera a la que ha dedicado más de cuatro décadas.
De todas formas creo que las condiciones de vida y el destino fueron bastante benévolos con Hans Massaquoi. Mirando hacia atrás y recordando el horror que tuvieron que sufrir otras también inocentes etnias, bien se puede decir que "vivió para contarlo".
Fuente: El País semanal Leia Mais…
domingo, junio 14, 2009
El tesoro de Pisco
Pisco es una ciudad costanera del Perú. Allí, hace más de un siglo, durante la Guerra del Pacífico que enfrentó a Bolivia, Chile y Perú entre 1879 y 1883, cuatro mercenarios que servían al ejército peruano: un español (Diego Álvarez), un inglés (Lucas Barret), un norteamericano (Brown) y un irlandés (Killorain), se enteraron que en una iglesia de esa ciudad, los sacerdotes jesuitas eran custodios de un gran tesoro.
Aprovechando la confusión creada por el conflicto, y valiéndose de la amistad que hicieron con un cura llamado 'Padre Mateo' convencieron a los custodios de que pusieran a salvo las riquezas del templo, trasladándolas al puerto del Callao o Lima, ciudades más seguras que Pisco.
De hecho Álvarez y sus tres amigos se ofrecieron como guardianes del tesoro hasta que éste llegase sano y salvo a su destino.
Una vez en alta mar, los mercenarios asesinaron a los frailes y a la tripulación del barco, apropiándose del tesoro y de la nave. Luego, tomaron rumbo a las Islas del Pacífico.
Cuando llegaron al Archipiélago de Tuamotu -un grupo de atolones coralinos-, desembarcaron y enterraron la mayor parte del tesoro junto a la laguna de uno de los atolones.
Álvarez dibujó un mapa pero no sabía el nombre del atolón en el que habían dejado el tesoro, por lo que avanzaron a la siguiente isla -que se llamaba Katiu- y preguntaron a un nativo el nombre del atolón que quedaba en la dirección que venían. El nativo les respondió que venían de “Pinaki”, y luego de esa valiosa información, Álvarez disparó contra el nativo ya que no querían testigos ni que los aborígenes fueran a curiosear y encontrar su tesoro. Luego tomaron rumbo a Australia.

Llegaron a tierra firme con una pequeña parte del tesoro y derrocharon el dinero a manos llenas, obviamente pronto acabaron con su fortuna. Decidieron entonces, dirigirse al norte australiano a trabajar en una mina de oro. Allí pensaban reunir el dinero suficiente para adquirir una embarcación y volver en busca del resto de su botín; pero el español Álvarez y el inglés Barret fueron asesinados en un altercado con los nativos, mientras que el norteamericano Brown y el irlandés Killorain acabaron en la cárcel a causa de una riña en la que mataron a un hombre. Fueron condenados a 20 años de prisión.
Brown murió cumpliendo su pena y sólo el irlandés se mantuvo con vida. Killorain salió viejo y enfermo de prisión y se convirtió en vagabundo.
En mayo de 1912, Charles Howe se encontraba en su casa cerca de Sidney. Era una noche de lluvia y alguien tocó a su puerta. Al abrir vio que era un vagabundo pidiendo algo que comer.
“Fue el hombre con el aspecto más triste y desgarrador que jamás había visto en mi vida” diría después Howe.
Alimentó al hombre, le dejó secar sus ropas y fue amable con él. Luego el vagabundo se marchó.
Cuatro meses más tarde Howe fue llamado al Hospital de Sidney. El viejo vagabundo de aquella noche quería hablar con él. Le dijo que su nombre era Killorain, le contó que hace mucho tiempo junto a tres marinos habían enterrado un gran tesoro, que había pasado la mayor parte de su vida en prisión, y que nunca pudieron recuperarlo. Le entregó el mapa que hizo Álvarez y le contó toda la historia del robo de Pisco. Al poco tiempo murió.
Howe vendió todo lo que tenía y zarpó para Tahití. Desde allí pasó inadvertido por los islotes hasta llegar al atolón Pinaki donde se quedó a vivir en febrero de 1913.
Después de 13 años de infructuosa búsqueda se dio cuenta de que se había equivocado de isla. Por fin, cerca del atolón de "Raraka", localizó el tesoro. Extrajo una buena parte del botín y volvió a enterrarlo con la intención de regresar por el resto más adelante.
En 1932 Charles Howe regresó a Australia, y poco antes de emprender la nueva expedición que le iba a convertir en un hombre rico, desapareció de la faz de la tierra. Nunca más se volvió a saber de él.
Dos años después, otro aventurero que había conseguido apropiarse de los apuntes de Howe, incluido un plano que permitía localizar el tesoro, preparó otra expedición al atolón. Su nombre era George Hamilton y era un experto buceador.
Ya en la isla, comenzó las perforaciones en la laguna, en el lugar en donde dedujo estaría el tesoro, pero conforme ahondaba en el fondo de la laguna, las corrientes del lago volvían a cubrir de arena la fosa. Las condiciones de trabajo se hicieron muy difíciles. Al final, Hamilton abandonó la búsqueda.
Hace poco, en 1994 el recuerdo del tesoro seguía vivo. Un descendiente de Hamilton examinó la vieja documentación y dispuso una nueva visita a la isla del tesoro, que también fracasó.
Y ese no fue el último intento. Discovery Channel patrocinó una nueva expedición a la isla. La expedición fue suspendida antes de partir.

Se supone que el tesoro seguiría aún bajo las arenas de aquel perdido atolón polinesio. Quizá su destino no sea acabar en las manos de algún aventurero. Puede que quede enterrado para siempre.
Parecería que esta historia está marcada por alguna maldición, o como bien dicen por ahí, que los bienes mal habidos, el diablo se los lleva…
Fuentes:
Treasurestories.com
Oceantreasures.org
Desdelaterraza Leia Mais…
domingo, junio 07, 2009
La primera Feminista
Uno de los ascensos más rápidos en la historia fue el que protagonizó una joven cirquera y meretriz a quien hoy conocemos como Teodora de Bizancio, quien supo sobreponerse a un pasado bastante escabroso a tal punto que gracias a ella su marido pudo conservar el trono:
"Luego de una insurrección, sintiéndose vencido su cónyuge, ella subió al estrado y pronunció un discurso tan visceral, que las tropas insurrectas devolvieron el apoyo al Emperador, su esposo..."
Teodora nació en el año 502 d. C. y era hija de un cirquero llamado Acacio. En el circo donde trabajaba su padre era obligada a montar desnuda sobre caballos salvajes y debido a su belleza se convirtió así en el espectáculo principal. Su padre hacía mucho dinero a costa suya, sin embargo no le costeaba sus gastos, por lo cual desde joven se vio obligada a ejercer paralelamente la prostitución.
A los 16 años se fuga del circo como amante de un oficial romano, el cual la tuvo a su lado durante cuatro años, para luego dejarla abandonada y embarazada en Egipto. Al parecer el oficial tenía serias dudas en cuanto a la paternidad del hijo que Teodora esperaba.
Recién llegada en esta ciudad, donde nadie conocía su pasado, Teodora intenta reconstruir su vida y comienza a trabajar como hilandera en un taller cercano al palacio, donde vivía también Justiniano, sobrino del emperador Justino y aspirante al trono.
La casualidad y la cercanía de su taller de trabajo con el palacio real hicieron que Teodora conozca a Justiniano, quien quedó perdidamente enamorado de su inteligencia y belleza. De inmediato se convirtieron en amantes y en pocos meses Teodora trepaba de su oscuro pasado a la cúspide social, como patricia del Imperio Romano, a pesar de que existía una ley que prohibía que la realeza y los nobles se casaran con prostituas, sirvientas, o mujeres de origen dudoso.
Justiniano intentó casarse con Teodora en tres ocasiones mientras su tío era Emperador, y las tres veces le fue negada su petición. Su sueño que se vería concretado tras la muerte del tío con lo cual Justiniano accedió al trono y con él su flamante esposa de veintisiete años de edad.
Ya en el poder Teodora no quiso ser solo una figura decorativa y tomó cartas en distintos asuntos concernientes a mejorar la calidad de vida de las mujeres del Imperio Bizantino, influyendo en su esposo Justiniano para que modificara el Derecho Romano.
Inspiradas por ella, aparecieron leyes que defendían la igualdad de la mujer, el derecho al divorcio, la prohibición de castigos por adulterio, el reconocimiento hacia los hijos bastardos, la imposición de pena para los violadores, la posibilidad de abortar y la prohibición de la prostitución forzosa.
También se encargó de crear planes de rescate para jóvenes que habían sido prostitutas, rehabilitándolas para otros oficios. Promulgó leyes que permitieran que las mujeres pudieran ser propietarias y heredar bienes.
Como era de esperarse, Teodora sufrió de una fuerte oposición entre los nobles, quienes afirmaban que, además de manejar como títere a su marido, también le ponía los cuernos.
Se llegó al punto de decir que subyugaba a su pareja recurriendo a toda suerte de trucos y hechicerías aprendidos en su previo oficio de meretriz y las malas lenguas especulaban que embobaba a Justiniano ejecutándole bailes eróticos desnudándose hasta quedar cubierta solamente por joyas.
De acuerdo a estos rumores podríamos decir que también fue la precursora del streep tees ;)
En el 548 d. C. un tumor maligno de pecho le arrebató la vida a los 40 años de edad. Su cuerpo reposa en la Iglesia del Santo Apóstol, uno de los templos más espléndidos que ella y su marido habían mandado a construir.
Una secta de cristianos la considera una santa cuya fiesta se conmemora los 30 de diciembre. Para otros, en cambio, Teodora sólo fue una ramera oportunista que manipuló descaradamente a su marido.
Yo creo que la historia le debe un espacio a Teodora porque fue una verdadera reformadora social cualquiera que haya sido su pasado. En este post vemos que ella ya abordó temas que en mi país recién fueron objeto de debate hasta hace un año. Mis respetos a Teodora.
Fuente: Mujeresriot Leia Mais…
miércoles, junio 03, 2009
Escape del Muro de Berlín
“…Tres cuartas partes de los alemanes del este quieren escapar de allí. Lo malo es que la parte restante coopera con la policía secreta para informar de los prófugos.”
Peter Strelzyk
Peter Strelzyk, era un electricista que vivía con su familia en Pößneck, una pequeña localidad de la antigua RDA (Alemania Oriental), cuando asfixiado por las carencias y las presiones comunistas pensó en hacer realidad el sueño de la mayoría de sus compatriotas oprimidos por el régimen. Decidió huir a la RFA (Alemania Occidental) con su esposa y sus dos tiernos hijos.
El mundo vivía la Guerra Fría y hasta septiembre de 1979, más de 500 personas habían muerto intentando cruzar el Muro de Berlín.
Miles de inconformes se atrevieron a cruzar esa muralla con diferente éxito. Las técnicas de escape variaban generalmente entre la ingenuidad del simple salto -que costó muchas vidas- y la complicada construcción de túneles subterráneos. Sin embargo siempre prevaleció la picardía y el ingenio para burlar los controles fronterizos.
En marzo de 1978 Peter Strelzyk se encontraba trabajando en la obra de un conjunto de apartamentos de su ciudad cuando decidió compartir sus secretas intenciones con Günther Wetzel, un compañero albañil quién estuvo dispuesto a ayudarlo desinteresadamente en los preparativos.
Peter había escuchado inverosímiles historias de fugas frustradas, por lo que pensó que el cielo era la única salida. Ya estaba decidido, sería una fuga en globo. Había que poner manos a la obra.
Los cálculos del tamaño de la aeronave fueron sencillos. Para elevar a 4 personas eran necesarios 2.800 metros cúbicos de aire caliente y, con ello, unos 850 m2 de tela que lo atrapase.
Lo difícil fue recolectar el material necesario en una economía de escasez. Recogieron todo tipo de telas, cortinas, sábanas, manteles y con parte de los ahorros de toda una vida compraron los 490 metros cuadrados de tela que les faltaban, con la excusa de fabricar unos toldos para el club social al que pertenecían.
Para el combustible del globo utilizaron bombonas de propano previamente modificadas. Peter transformó un antiguo barómetro en altímetro para calcular la altura de elevación.
La construcción de la aeronave fue en medio de noches de insomnio y miedo. La mujer de Peter -Doris- y sus hijos -Frank y Fitscher- se turnaban en el sótano para coser y levantar la estructura de la canastilla de la nave; una base ligera de madera y varilla solo forrado con una simple tela. En mayo de 1978 ya estaba listo el globo. Sólo había que esperar pacientemente que apareciese viento suficiente.
Llegó el día. El 3 de julio de 1978, las radios anunciaron viento del norte. Peter y su familia fueron de madrugada a la localidad de Lobenstein a 7 kilómetros de la frontera. El globo se elevó hasta los 1.900 metros durante casi 25 minutos pero el cambio de presiones y la humedad de una nube baja aumentaron el peso de la tela provocando el descenso apresurado hasta que la nave se enganchó en un abeto. El vuelo se había frustrado, afortunadamente, sin incidentes.
Desmoralizado Peter por el fracaso, pensó en aumentar el tamaño del globo para no volver a fallar. La familia de Günther Wetzel (Petra e hijos) colaboraron esta vez en el nuevo proyecto a cambio de sitio en el globo (8 personas ahora). Pasaron a los 4.000 metros cúbicos de aire de cálculo y una envergadura final de casi 25 metros; el doble de la primera versión. Para ello tuvieron que recolectar más tela y nylon. Empeñaron todo lo que tenían y compraron tela en pequeñas y en distintos almacenes para no levantar sospechas.
Más de 6.000 metros de nylon se convirtieron en 2.500 metros de tela cosida terminado en tan solo 8 días. Mientras tanto, la policía les pisaba los talones puesto que habían encontrado el viejo globo enganchado en el abeto y estaban investigando su procedencia. Los vientos de otoño se hacían más débiles, el tiempo apremiaba.
Con jornadas de 24 horas seguidas cosiendo, terminan en tiempo récord. El 17 de septiembre los vientos del norte aparecen anunciando una tormenta eléctrica, pero a pesar del peligro no podían esperar más. Pusieron en su viejo auto Wartburg los 175 Kg. de tela y se pusieron rumbo a las colinas de Lobenstein.
Peter encendió los quemadores de propano. Mientras una llama de casi 12 metros calentaba el aire del globo, el ventilador reciclado de una pequeña motocicleta distribuía ese mismo aire por el interior de las lonas. Todo estaba listo.
Afortunadamente los cálculos, esta vez, fueron suficientes. El globo se elevó con los 4 adultos y 4 niños hasta los 2.500 metros mientras duró el propano. Cuando este se terminó, poco a poco, fue descendiendo hasta alcanzar una pequeña colina en la ciudad de Naila, al otro lado de la frontera.
Sin saber donde aterrizaron, ni siquiera con la certeza de haber tenido éxito, desembarcaron en busqueda de señales positivas. Permanecieron escondidos varias horas en un granero cercano. Luego de un tiempo divisaron una patrulla de policía y cuando distinguieron la marca del coche -Audi- tuvieron la certeza de que se trataba de un destacamento de la Alemania occidental. Estaban a salvo y en el lado correcto.
La Cruz Roja de Baviera y la alcaldía los acogió hasta que ambas familias encontraron trabajo y hogar.
“No estamos huyendo a occidente para comer mejor. Huimos porque hemos soñado siempre con poder disfrutar de la libertad que nos privó el comunismo”
La trascendencia de esta increíble fuga significó un duro golpe a la imagen infranqueable que tenía la famosa frontera política.
El vuelo de los Strelzyk significó el comienzo de lo que sería la caída del "Muro de la vergüenza" pocos años después.
Fuentes:
Kurioso
www.th.schule.de Leia Mais…































