Mostrando las entradas para la consulta consejero ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta consejero ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

viernes, noviembre 09, 2012

La princesa que nunca pudo tener un orgasmo

Siempre fue muy conocida y comentada la calentura y cachondez de los Bonaparte, no sólo de los varones,  ya que aún antes de que el corso se tomara el poder, se escuchaba de los caprichos carnales de su hermana preferida, la bella y ardiente Pauline Bonaparte. Bueno, nos saltamos tres generaciones y llegamos a 1882 cuando nace la princesa Marie Bonaparte, sobrina nieta del mismísimo Napoleón (bisnieta de Luciano), pero que heredó sin duda todos sus genes.


Como toda princesa, tuvo una vida de cuento. Su madre murió de una embolia apenas un mes después de haberla traído al mundo, y desde esa edad, su padre la envió a vivir a St. Cloud, en las afueras de París, donde por muchos años, los únicos compañeros de juegos fueron su nodriza y posteriormente, su institutriz. Muy rara vez podía ver a su padre, al que por supuesto adoraba, pero los múltiples compromisos sociales no le dejaban tiempo para disfrutar de su hija.


Al cumplir 25 años, su padre arregló su matrimonio con el príncipe Jorge de Grecia y Dinamarca, el segundo hijo del rey Jorge I de los Helenos. Este Príncipe Jorge tenía 13 años más que su novia, y según las crónicas era increíblemente alto y guapo. Marie cayó locamente enamorada de él, a pesar de que desde el inicio sintió que no tenían nada en común. Se casaron en 1907 pero recién ahí la pobre princesa Marie se enteró que las mujeres y el sexo conyugal, le eran completamente indiferentes al príncipe. De hecho, su marido más bien vivía pendiente de las cartas de su "amado tío" y esperando su llegada. 

Con su esposo, Jorge de Grecia y Dinamarca

Luego de aceptar el hecho de que su marido era un maricón completo, no le quedó otra alternativa que hacer un buen uso del recurso humano circundante para apaciguar sus calenturas. Es así que se echó al hombro una larga serie de amantes como el ayudante de cámara de su marido o el mismísimo Primer Ministro de Francia.

A pesar de todos sus amantes, lo que realmente le preocupaba era su imposibilidad de alcanzar el orgasmo (la volupté, como le dicen los franceses) durante el coito. Esto era un problema serio porque en esa época la masturbación clitoral estaba muy mal vista. Empezó pues a estudiar anatomía, fisiología y psicología con un entusiasmo notable, y trató de confirmar una de sus teorías entrevistando a 243 mujeres sobre su vida sexual, la calidad de sus orgasmos y la distribución anatómica de sus genitales. En 1924 Marie publicó sus sorprendentes resultados en la revista científica Bruxelles-Médical, pero no con su nombre sino adoptando el pseudónimo A.E.Narjani.


Marie Bonaparte clasificó a las mujeres en tres grupos según la distancia entre el clítoris y la vagina. Quienes tenían una distancia menor a 2.5 cm (una pulgada), que de paso eran el grupo más numeroso (69% de la muestra), eran las que más a menudo disfrutaban de orgasmos durante el coito. Las que tenían el clítoris a más de 2.5 cm de la vagina, representaban un 21% de la muestra y tenían serias dificultades para alcanzar el clímax. Un 10% de mujeres se movían en el terreno intermedio, a lo que Marie llamaba “el umbral de la frigidez”.

Lastimosamente Marie Bonaparte pertenecía al 21% de mujeres con el clítoris cruelmente distante, y achacó a esta configuración anatómica sus dificultades orgásmicas. Es aquí donde entra en escena un delirante científico vago, el cirujano vienés Josef Halban, que convence a Marie de que la solución a sus problemas consiste en mover quirúrgicamente su clítoris para acercarlo a la vagina, cortando y pegando ligamentos y tendones en una operación que calificó de “simple”. Lo que ignoraba este carnicero es que la mayor parte de las terminales nerviosas del clítoris están escondidas bajo la superficie de la piel.

Luego del post operatorio que, dicho sea de paso, debió ser bastante incómodo, la Princesa Marie estaba lista para estrenar sus flamantes orgasmos y probó con algunos de sus amantes la nueva posición de su clítoris… pero nada. Ella seguía tan frígida como antes y nunca pudo alcanzar su tan ansiada volupté durante el coito. Una segunda operación para reubicar de nuevo el pequeño apéndice tampoco obtuvo los resultados deseados. De hecho, casi lo insensibilizó.

Por supuesto, había una solución mucho más sencilla que recurrir al bisturí: simplemente cambiar de postura. Si una mujer con el clítoris un poquito alejado de la vagina quiere maximizar las posibilidades de tener un orgasmo coital, la postura ideal es con ambos sentados cara a cara, posición que fuerza el contacto entre el pene y el clítoris durante la penetración. En esa época la princesa no lo sabía.

Desafortunadamente quien entra ahora en escena es ni más ni menos que Sigmund Freud, cuya posición hacia el clítoris oscilaba entre la ignorancia y una cierta condescendencia paternal. Freud generó la idea de que el orgasmo clitoriano era una manifestación infantil, un juego de las niñas; mientras que el orgasmo vaginal era una manifestación madura y adulta. No se cansaba de repetir la antipática frase: “cuando una mujer llega a la edad adulta y entra en la madurez sexual, el clítoris debe ceder su sensibilidad e importancia, parcial o completamente, a la vagina”.

Sigmund Freud

Parece ser que Freud convenció a Marie Bonaparte, quien en poco tiempo se convirtió en su discípula y patrocinadora, y más tarde en psicoanalista por derecho propio.

Las teorías de Freud sobre la preponderancia de la vagina sobre el clítoris llevaron a Marie a estudiar mujeres cuyo clítoris había sido extirpado, fuera por motivos médicos o por ablación ritual como en algunos países de África. En teoría debería haberlas encontrado más 'vaginalizadas' al haber sido eliminado ese elemento de distracción, pero lo que vio es que muchas se masturbaban clitoralmente, aunque con dificultad, sobre las cicatrices (recordemos, la mayor parte del clítoris es 'subterránea').

De todas formas Freud se convirtió en su amigo, confesor y consejero, y logró frenarla cuando iba a someterse, desesperada, por tercera vez al quirófano para reubicarse el clítoris. Pero él también confió en ella, la autorizó para que lo representara (y lo tradujera) en Francia, y se puso en sus manos para que lo sacara de Austria cuando Hitler quería gobernar el mundo.

Fue la traductora oficial del trabajo de Freud e introdujo el Psicoanálisis en Francia

La generosa Princesa también utilizó su dinero para ayudar a crear una escuela de formación de psicoanalistas en París. Su fortuna contribuyó a la popularidad del psicoanálisis en Francia, lo que la convirtió en una figura central en la Sociedad Psicoanalítica Francesa.

Como terapeuta también rompía esquemas: cuando partía –huyendo del frío- a su casa de Saint Tropez, recibía allí a sus pacientes, les daba alojamiento y los mandaba de vuelta a París con su chofer. En Mónaco los atendía en el jardín, bajo un castaño: una chaise longue para el paciente, y ella detrás en un sillón de mimbre, tejiendo crochet.


Durante la Segunda Guerra Mundial salvó a más de doscientas personas antes de irse ella misma a Egipto. En su vejez confesó que el psicoanálisis le había procurado resignación, paz mental y la posibilidad de trabajar, pero que su vida estaba marcada por el fracaso y la añoranza de la tan esquiva volupté.

Lo más alucinante es que Marie no estaba equivocada. Aquel excéntrico trabajo de campo con 243 mujeres resultó asombrosamente preciso: los cirujanos plásticos de la actualidad que se especializan en reconstrucción vaginal fijan en exactamente dos centímetros y medio “la distancia armoniosa que debe haber entre el clítoris y la vagina”.

Princesa Marie Bonaparte

Hay una anécdota bastante curiosa de la Princesa Marie Bonaparte que habla muy bien de su buen carácter y desenfado. En 1953, cuando ella y su esposo, el Príncipe Jorge de Grecia asistieron a la coronación de la reina Isabel II de Inglaterra, Marie, para no aburrirse y matar el tiempo, se puso a charlar y psicoanalizar al caballero que estaba sentado junto a ella. El caballero, anónimo en ese entonces, resultó ser Francois Mitterand, el futuro presidente de Francia.

Marie Bonaparte murió de leucemia en 1962 a la edad de 80 años. Está enterrado junto a su esposo en el cementerio real de Tatoi en Grecia.

Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7

¿Fue útil o de tu agrado el artículo?
* Ahora también puedes seguirme en Twitter:


Leia Mais…

jueves, junio 14, 2012

El Caballero más tonto del Medievo

Ulrich von Lichtenstein, caballero del siglo XIII, está considerado como uno de los más destacados minnesänger (juglares, trovadores) de su época, a pesar de que nunca supo leer ni escribir. El analfabetismo nunca fue un obstáculo para él, ya que al ser un caballero condal de buena posición económica, podía darse el lujo de dictar sus poemas y canciones a su escribano personal que siempre lo acompañaba.

Su obra más importante se llama Frauendienst oder Geschichte und Liebe des Ritters und Sänger Ulrich von Lichtenstein von ihm selbst beschrieben, que en español vendría a ser: Culto de las mujeres o historia del caballero y cantor Ulrich von Lichtenstein, pero es más conocida simplemente como "Frauendienst", el cual, es un auténtico tratado sobre cómo se debe conquistar a una dama. No como cualquier mortal, no. Ya van a ver ustedes, con mucho sacrificio, a base de sangre, sudor y lágrimas, algo que es estrictamente necesario.


La historia oficial como que ha menospreciado las memorias del noble Ulrich, y ha prestado poca atención a su contenido, pero no es difícil comprender la razón de esa actitud. Von Lichtenstein fue quizás el peor de todos los tontos que se enamoraron de las mujeres y las sirvieron. Los historiadores serios se sienten un tanto incómodos ante las aventuras amorosas de este estúpido héroe, pero hay que tratar de entender el contexto y la época, ya que si el apasionado caballero llegó a los peores extremos, lo hizo simplemente impulsado por el amor y las costumbres de su tiempo.

El manuscrito original se halla en la Biblioteca Estatal de Baviera

Ulrich era todavía un jovenzuelo cuando se enamoró de una dama de alcurnia, cuya compañía buscaba constantemente. En su condición de noble, desde que era apenas un paje tuvo acceso a la corte y a las habitaciones de las damas, donde su primera "prueba de amor" (primer papelón), fue beberse el agua en que su adorada dama se había lavado las manos. En sus memorias es bastante discreto y evita dar a conocer el nombre de la dueña de su corazón, pero de acuerdo a sus biógrafos no es difícil establecer quién era la afortunada dama. Era ni más ni menos que la esposa del Duque Leopoldo de Austria, la bella Teodora Angelina.

Leopoldo IV de Austria, esposo de Teodora Angelina

Durante su etapa de caballero en Viena, consideró que por fin había llegado el momento de ofrecerle formalmente sus servicios a la bella duquesa. Como caballero, ya había perdido aquel fácil acceso a su amada, ya no era un paje, por lo que debió buscar un intermediario. Delegó entonces tan delicada tarea a una de sus tías (de Ulrich), íntima amiga de la duquesa, y así fue que empezó una larga relación de mensajería. Ulrich enviaba sus poemas a la prohibida dama; ella los aceptaba, y aún más, los elogiaba y los guardaba, pero siempre le contestaba por medio de su tía, diciéndole que no necesitaba de un caballero, y que más bien fuera despertando de ese absurdo sueño. Con esta actitud la noble dama estaba ya poniéndole las normas del galanteo medieval: primero palabras de aliento y luego actitud de rechazo, manteniendo así al desgraciado amante en constante tormento de duda.

Una de las pocas imágenes que quedan, de la duquesa Teodora Angelina

Cierta ocasión, la bella dama le hizo una confidencia a la tía del galante caballero: “Aunque vuestro sobrino fuera de mi mismo rango no lo aceptaría, pues su labio superior tiene una fea protuberancia”. Según parece, el joven enamorado tenía el característico labio de los Habsburgo (el labio inferior salido, muy prominente), sólo que en su caso se trataba del labio superior y no del inferior. Apenas la tía le entregó el mensaje, UIrich se dirigió a la ciudad de Graz, mandó a llamar al más hábil cirujano, y le ofreció una gran suma de dinero para que le operara el labio. El cirujano, manos a la obra realizó con éxito su destaje, siendo ésta muy seguramente la primera cirugía plástica registrada de la historia. Como en esa época no se conocían anestésicos ni drogas calmantes, el cirujano sugirió maniatar al caballero antes de la intervención. Con justa razón temía el galeno, que el dolor lo impulsara a realizar algún movimiento brusco y que el cuchillo se deslizase, con alguna funesta consecuencia. Obviamente el buen doctor no sabía mucho de las virtudes caballerescas ni de la esencia del Frauendienst o "servir a una dama". Un auténtico caballero no podía perderse la oportunidad de soportar la tortura sin un solo quejido en homenaje a su amada. Ulrich Von Lichtenstein rehusó dejarse maniatar; se sentó en un banco y no hizo un solo gesto ni se quejó mientras el cirujano reducía el labio a proporciones más normales.

La operación tuvo éxito, pero el infeliz paciente debió pasar seis meses inactivo y en cama, hasta que la herida curase completamente. No podía comer ni beber, tenía los labios cubiertos por un horrible ungüento, y no lograba retener nada en el estómago. Perdió muchísimo peso, y prácticamente se convirtió en hueso y pellejo. “Mi cuerpo sufría”, escribe el incorregible enamorado, “pero mi corazón estaba feliz”.

La dama se enteró de la intervención quirúrgica, y poco después escribió una carta a la tía de Ulrich, informándole que salía de vacaciones y que viajaría a cierta ciudad, donde con mucho gusto podría recibirla. “Y puede traer a su sobrino... pero sólo porque deseo ver su labio corregido; por ninguna otra razón”.

Al fin llegaba el momento en que el noble caballero podía expresar sus sentimientos, cara a cara, a su adorada belleza, a la Pura, la Dulce, la Bondadosa, como la llamaba en sus poemas y cartas. Llegó el día y apareció la duquesa; a caballo y sola, había ordenado a sus escoltas que se mantuvieran alejados. UIrich espoleó su caballo y se puso a la par de la dama; pero ella, dando un giro se apartó rápidamente, como si el encuentro le desagradara. El inexperto caballero no sabía que esta actitud se ajustaba a las normas del juego amoroso medieval. Estaba tan terriblemente abochornado y confundido, que sintió que la lengua se le pegaba al paladar. Se quedó mudo y no fue capaz de decirle cuánto a amaba. Profundamente avergonzado se retrasó, y luego trató nuevamente de aproximarse, pero continuaba en silencio, sin saber que decir.


Cinco veces repitió la maniobra y siempre con los mismos resultados. Acabó la cabalgata y se perdió la valiosa oportunidad. Ya de regreso, Ulrich sólo se atrevió a aproximarse a la dama para ayudarla a desmontar. Sólo entonces ocurrió algo inesperado: La Dulce, la Pura, la Bondadosa aceptó la ayuda del caballero y desmontó, mientras Ulrich sostenía el estribo; pero antes de poner el pie en el suelo arrancó un mechón de cabellos de la cabeza de Ulrich y le murmuró al oído: “¡Esto, por vuestra cobardía!”
Mientras se frotaba el cuero cabelludo, el inexperto enamorado reflexionó sobre la misteriosa observación, y como ya no confiaba en la palabra hablada, nuevamente apeló a su escribano. En otro extenso poema explicó sus sentimientos, y la buena tía se encargó otra vez de llevárselo a la duquesa. Pero aquí surgió otra situación inesperada, parecía que la mala suerte se ensañaba sólo con él: Ulrich recibió una respuesta por escrito, y como ya lo dijimos, él no sabía leer, y su escribano de confianza se hallaba ausente. Durante diez días guardó contra su pecho la carta que no podía leer, durante diez días enteros padeció en el umbral de la bienaventuranza, hasta que el escribiente (la única persona en quien confiaba) regresó y le leyó la carta. Ulrich sufrió otra terrible desilusión. La carta contenía un poema muy breve, en el que cada sílaba era una gota de veneno. Pero todo lo que provenía de la Dulce, la Pura, la Bondadosa, aún la maldad, debía ser aceptada humildemente.

Su amor no flaqueó, pero como las palabras no daban ningún resultado, intentó demostrar con hechos que merecía el favor de la dama: Ulrich comenzó a aparecer en todos los torneos de justas del país, y a luchar valerosamente, dedicándole cada victoria a su amada. Rompió más de cien lanzas contra sus adversarios, y siempre triunfó. Su fama empezó a crecer y pronto fue reconocido como uno de los más bravos y eficaces caballeros.

Torneo de justas medieval

Cierto día, en medio de un torneo, recibió un fuerte golpe en la mano derecha, que por poco le saca el dedo meñique. Salió del torneo, se dirigió a la ciudad, y ya en casa del cirujano descubrió que el dedo seguía adherido a la mano por apenas dos pulgadas de piel. Tenía muy pocas posibilidades de salvarlo. Se necesitaron varios meses de tratamiento, pero al fin el dedo quedó en la mano, aunque definitivamente inútil y deformado. Pero aquí comienza otro malentendido.

Para esto, Ulrich había cambiado de mensajero porque su tía había resultado muy poco eficaz. Otro caballero, muy buen amigo suyo, y que tenía acceso a la corte, aceptó desempeñar el papel de mensajero. El nuevo celestino mantenía al tanto a la duquesa, de cuán heroicas eran las hazañas que Ulrich ejecutaba para demostrarle su amor. -“De heho, hace poco tiempo -agregó el alcahuete- su dedo meñique sufrió las consecuencias de tan hondo sentimiento”.
-“No es verdad, son todas mentiras”, replicó la dama. -“He oído de personas que merecen mi total confianza, que todavía conserva dicho dedo”.

Cuando Ulrich se enteró de esa inesperada observación, montó en su caballo, pero esta vez no se dirigió a la casa del cirujano, sino a la de un íntimo amigo. Invocó su amistad y le pidió que le cortara el dedo. Obviamente su amigo se negó, quiso hacerle razonar, y en medio de la conversación vio a Ulrich sollozante, tomar un cuchillo y ponérselo sobre el dedo de la discordia. El otro, que no queria ver sufrir más a su amigo, tomó un martillo y le asestó tal golpe al cuchillo, que el dedo salió volando por los aires. La herida fue vendada y, de acuerdo con el relato, el desgraciado comenzó a componer (dictar) un extenso poema. Cuando concluyó su obra maestra, la hizo transcribir con el mejor caligrafista, la encuadernó en terciopelo verde, y luego, encargó a un orfebre que le fabricara un cierre para el libro, el cual debía tener la forma de un dedo de oro. Y dentro de esa original joya de oro guardó el meñique que se había cortado.

Cuando la duquesa recibió el horrible regalo, exclamó: “¡Dios mío, jamás creí que un hombre sensato pudiese cometer semejante tontería!” Pero aún así, el original detalle la motivó a enviar a Ulrich otro mensaje: “Decid al noble caballero que guardaré el libro en mi cajón, y que diariamente contemplaré su dedo meñique; pero que no crea que se ha acercado a su meta ni siquiera el grosor de un cabello; ¡pues aunque me sirviera durante mil años sería tiempo perdido!”

A pesar de tan duras palabras, el obstinado caballero se sintió en la gloria, pues consideraba que su dedo meñique estaba mucho mejor en el gabinete de la dama que en su propia mano. Y es así que, poseído de aquel entusiasmo, concibió una empresa que sería la cúspide de sus hazañas en honor de la dama. De todas las locuras registradas y documentadas en la época medieval, para algunos historiadores esta fue la más absurda, y aún hoy, ochocientos años después, con una mentalidad más abierta, nos resulta casi imposible comprender tan pervertida y deformada interpretación de los deberes y derechos de un caballero. Lo interesante es entender, que Ulrich von Lichtenstein no estaba loco ni era masoquista; de hecho, la mayor parte de su vida fungió como consejero real y diplomático.

Cierto día abandonó su castillo en Austria, con el propósito de acudir a Roma en peregrinación. El invierno lo sorprendió en Venecia, donde se quedó de incógnito, ocupado en visitar a los sastres locales y encargargando ropas. No ropas masculinas, sino femeninas. Compró un guardarropa entero: doce vestidos, treinta corpiños, tres capas de terciopelo blanco, e innumerables accesorios y prendas de diverso tipo. Lo sorprendente es que nada de esto era para su amada duquesa, sino para él mismo. Finalmente, ordenó dos largas trenzas doradas adornadas con perlas, para usarlas como peluca.

Al fin llegó la primavera y Ulrich preparó un detallado plan de viaje. Se propuso atravesar el norte de Italia, Carintia y Estiria hasta llegar a Viena, y desde Viena avanzar hasta Bohemia. El viaje debía llevarle veintinueve días, de acuerdo con su itinerario cuidadosamente detallado. En el tenía previsto de antemano la hora de llegada a cada ciudad, y las posadas donde se hospedaría con su séquito. Envió antes a un mensajero suyo, que llevara este plan de viaje a cada uno de los puntos de la ruta, y que en cada sitio leyese un comunicado, en el que se informaba que un noble que viajaba de incógnito, quería sostener un torneo en las diferentes etapas del trayecto. Viajaba de anónimo, pero vestido con ropas de mujer, como la diosa Venus personificada. La proclama decía algo así:

“La Reina Venus, diosa del amor, saluda a todos los caballeros, y les informa que se propone visitarlos personalmente para instruirles en el arte de servir y conquistar el amor de una dama. Se propone partir de la ciudad de Mestre con destino a Bohemia, y lo hará el día de San Jorge. El caballero que rompa lanzas (combata) con ella durante su travesía, será recompensado con un anillo de oro si gana. Pero si la diosa Venus venciera al caballero, será obligación de éste inclinarse hacia los cuatro rincones de la tierra, en honor a "cierta dama".
El rostro de Venus permanecerá oculto durante todo el torneo. El caballero que, a sabiendas de la llegada de la diosa, se negara a enfrentársele, será considerado por Ella, ajeno al ámbito del amor, y entregado al desprecio de todas las damas nobles del lugar”.

En vez de tomarlo por loco o llevarlo directamente a un manicomio, esta nueva aventura de Ulrich fue recibida en pueblos y ciudades con gran entusiasmo y expectativa. Los libros medievales hablan maravillas de la famosa “Gira de Venus”. La diosa fue recibida solemnemente a lo largo de la ruta, y ningún caballero esquivó tan noble enfrentamiento. El resultado final fue impresionante: Ulrich, disfrazado de mujer, se enfrentó a 577 caballeros, derrotó a 307 de ellos y fue vencido por 270 valientes que recibieron su respectivo anillo. Durante estos encuentros no sufrió el menor daño, y en cierta ocasión hasta se dio el lujo de desmontar a cuatro caballeros en una sola jornada.

Esta gran caravana fue tomada muy en serio en los poblados y ciudades por donde pasó, y como inesperado efecto, convirtió a Ulrich en el caballero germano más respetado y conocido de su siglo. Las hazañas de Ulrich fueron destacadas por Hartmann von Aue y Wolfram Eschenbach, los más destacados poetas del medievo. También son reconocidas sus gestas en el Codex Manesse, la más antigua colección de juglares alemanes, que data de fines del siglo XIII. Esto también, de alguna forma nos dice, que el comportamiento de Ulrich, no era tan ridículo para la época.

Ulrich disfrazado de La diosa Venus

Hacía su arribo a cada población, ni más ni menos que un circo. Era precedido por unas cuarenta personas, todos bajo su servicio, entre los que destacaban cinco escuderos, dos portaestandartes, dos trompeteros. Luego venían tres caballos con armadura y tres sin ella. Más atrás venían los pajes que llevaban el casco plateado y el escudo del caballero. Después, más trompeteros seguidos por cuatro escuderos que portaban sus lanzas, luego dos muchachas vestidas de blanco, a caballo, y dos violinistas también a caballo. Finalmente, la diosa Venus (Ulrich) llegaba, cubierta con la capa de terciopelo blanco que le llegaba hasta los ojos; y bajo la capa dejaba ver un precioso vestido de de seda. Sobre las trenzas de la peluca llevaba una corona enquistada con piedras preciosas. Debe haber sido un espectáculo como pocos.

Toda comarca y ciudad la esperaba con ilusión. Los caballeros incritos hacían largas colas sólo por el honor de competir, de romper lanzas con “ella”. Llegado el momento de la justa, Venus se ponía la armadura bajo el vestido, se sacaba la corona y se ponía el yelmo. No nos vamos a poner a detallar los torneos, a pesar de que las crónicas relatan escrupulosamente cada uno de ellos. Sólo les contaré que en cierta ocasión, se topó con un tonto de su mismo calibre: un rey vestido de mujer en honor de su dama, con peluca y trenzas. Y los dos idiotas disfrazados se arrojaron el uno sobre el otro, y al brutal choque los escudos volaron en pedazos.


Ulrich no podía quejarse. A lo largo de la ruta había conquistado muchos corazones, y de damas más bellas que su amada. Las mujeres recibían al campeón con expresiones de coquetería y entusiasmo. En la ciudad de Tarvisio por ejemplo, doscientas mujeres se reunieron por la mañana frente a la casa donde se hospedaba, para acompañarlo a la iglesia. Estas misas y procesiones fueron quizás el aspecto más característico de toda la gira venusiana. Hoy sería considerado una blasfemia; pero en esa época a nadie le importaba que un hombre vestido de mujer, entrara en la iglesia acompañado por una procesión, que se sentara en el sector reservado a las mujeres, y aún más, tomara la comunión con el mismo grupo.

Nuestro valiente aventurero, aunque impresionó a muchos corazones femeninos, siempre guardó fidelidad a la Dulce, la Pura, la Bondadosa, aunque debió sufrir grandes tentaciones. Cierta ocasión, los sirvientes de una dama desconocida invadieron el dormitorio de Ulrich, cubrieron de rosas el lecho del caballero, y le entregaron un precioso anillo de rubí, regalo de una noble que deseaba permanecer en el anonimato. Pero el más extraño episodio de este extraño viaje es tan peculiar, que lo mejor es citar al propio Ulrich von Lichtenstein. Ya culminando la gira, en una aldea austriaca, antes de llegar a su propio castillo, luego del torneo se encerró en una habitación y escapó por otra puerta. Se había quitado el disfraz de Venus y estaba vestido de caballero. Aquí el relato de UIrich:
“Entonces, en compañía de un servidor de confianza, salí al campo y visité a mi muy querida esposa (?), que me recibió muy amablemente y se sintió muy complacida de mi visita. Allí pasé dos días magníficos, fui a misa el tercero, y rogué a Dios que preservara mi honor, como lo había hecho siempre. Me despedí afectuosamente de mi esposa, y con el corazón fortalecido regresé a reunirme con mis compañeros.”

Estas pocas líneas revelan que Ulrich von Lichtenstein era un hombre casado; su autobiografía nos comenta que para esa época, también era padre de cuatro hijos. Ni esta magnífica familia ni su amante esposa impedían, que este conquistador empedernido cabalgue hacia otros corazones. De tiempo en tiempo, sobre todo durante el invierno, regresaba a su castillo y reanudaba su vida conyugal; pero con la llegada de la primavera, abandonaba otra vez el cálido nido para perseguir sus románticas conquistas. Aparentemente, la esposa no veía nada objetable en las actividades de su esposo, y hasta es posible que se sintiera halagada por la fama del caballero. También es posible, dadas las circunstancias, que ella a su vez, también tuviera su propio serviteur. Todo era posible en el medievo.

Naturalmente, lo de “incógnito” en la Gira de Venus era sólo una formalidad. Todos sabían que bajo ese corpiño de seda, latía el viril corazón de Ulrich von Lichtenstein. También lo sabía la Dulce, la Pura, la Bondadosa. Cierto día, el mensajero confidencial llegó al castillo de Ulrich, con un inesperado correo. Traía un anillo de su bella amada, por quien lo había intentado todo. “Ella comparte la alegría de vuestra gloria”, decía el mensaje, “y ahora acepta vuestros servicios, y como voto os envía este anillo”. El pobre Ulrich casi se desmaya, pero aguantó el mareo y pudo arrodillarse para recibir el presente.

Lo que sucede es que Ulrich era muy ingenuo. Nunca entendió las normas del juego de amor medieval, porque de ser así, se hubiese espabilado antes, y anticipado la siguiente jugada de la duquesa. Pasaron algunos días y apareció nuevamente el intermediario, pero ahora su expresión era sombría y desalentadora: - “Vuestra dama ha descubierto que os entretenéis con otras mujeres; esta fuera de sí de cólera, y reclama la devolución del anillo, pues os considera indigno de llevarlo”. Cuando oyó estos reproches, Ulrich von Lichtenstein, caballero sin miedo y sin reproche, rompió amargamente en llanto. Lloró como un niño, se frotó nerviosamente las manos y quiso morir. El mayordomo de su castillo, un caballero barbudo y anciano, oyó los sollozos y los gritos y acudió presuroso; y al ver el estado en que se hallaba UIrich, “mezcló sus lágrimas con las del noble caballero”. Los dos afligidos hombronazos medievales hicieron tal escena de gemidos y de llantos, que despertaron al cuñado de Ulrich, quien en pijama les reprochó su afeminada conducta y logró hacerlos callar.

Ulrich pasó días amargos. En su dolor, se volcó hacia la poesía y envió sus versos a la “cruel belleza”. Y luego, dice en su relato: “Me separé dolorido de mi mensajero; y visité a mi querida esposa, a quien amo más que a nadie en el mundo, a pesar de que elegí por señora a otra dama. Y con ella pasé diez días felices, antes de continuar mi viaje bajo mi aflicción”.
Quizás sea difícil, a ocho siglos de distancia, comprender este “sistema rotativo de amadas”, pero lo cierto es que formaba parte de la época de la caballería.

Pero todo tiene su final, y el romance de Ulrich tuvo el suyo. Los poemas ablandaron una vez más el corazón de la duquesa; y a los pocos días recibió un mensaje en el que la dama perdonaba al caballero, y le concedía una entrevista personal. Pero para evitar toda publicidad indeseable, invitaba a Ulrich a disfrazarse de mendigo y a mezclarse con los leprosos e indigentes que pedían limosna en la entrada del castillo. Allí se le daría la señal secreta para la cita.

El noble Ulrich se vistió con los harapos de un mendigo, y pasó varios días malviviendo entre los leprosos y los mendigos. Su cuerpo hedía, se llenó de piojos y pasaba la mayor parte del tiempo vomitando. Enfermó de asco y de náuseas, pero su amor por la duquesa era más fuerte. Varias veces la lluvia empapó sus ropas, y el frío de la noche lo hacía abrazarse con los indigentes para poder dormir. Finalmente, llegó una doncella con el anhelado mensaje: "A tal hora de la noche debía esperar al pie de la ventana, con una luz en la mano."

UIrich se despojó de las ropas de mendigo y esperó, cubierto solamente por una camisa, bajo la ventana. A la hora señalada descendió una especie de plataforma de sábanas, el caballero subió en ella y se sintió elevado hasta la ventana por unas tiernas pero firmes manos femeninas. Apenas entró en la cámara le echaron sobre los hombros una capa de seda, y lo llevaron ante la duquesa.


Después de tantos años de sacrificios, estaba al fin en el umbral de la bienaventuranza. La dama lo recibió amablemente, elogió su lealtad, y le dijo muchas frases halagadoras. Pero las emociones reprimidas derribaron todas las barreras y Ulrich comenzó a exigir pruebas tangibles del amor de la duquesa. Naturalmente, eso era imposible de satisfacer, pues alrededor de la duquesa había ocho servidores; pero UIrich por primera vez se puso necio e intransigente, se negó a escuchar razones, y se mostró cada vez más atrevido. Finalmente, juró que no se movería de allí hasta no recibir la recompensa del "beilegen". El beilegen era otra rara costumbre medieval. Consistía en lo siguiente: se permitía al caballero acostarse junto a su dama durante una noche entera, pero sólo “dentro de los límites de la virtud y del honor”. Debía jurar que no intentaría lesionar la castidad de la dama, y generalmente se cumplía el juramento. Era quizá la forma más retorcida de galanteo.

El único modo de calmar a Ulrich fue prometerle su beilegen, pero con una condición. La duquesa dijo que accedería al pedido, si éste demostraba primero su lealtad: Para ello debía subir otra vez a la plataforma de sábanas, y ésta descendería un poco. Una vez que UIrich hubiera demostrado su constancia, se le permitiría entrar en la recámara de su amada. ¡Patrañas!
Esta vez Ulrich decidió proceder sobre seguro; aceptó la prueba, pero únicamente si, mientras lo descendían, podía sostener la mano de la duquesa. Se aceptó la condición, el caballero subió a la plataforma y, mientras ésta descendía lentamente, la Dulce, la Pura, la Bondadosa señora dijo a UIrich: “Veo que merecéis mi favor... besadme ahora...” Casi desvanecido de felicidad, UIrich elevó sus labios sedientos, pero cometió el error de soltar la blanca mano. En ese mismo instante fue arrojado con plataforma y todo, al patio del castillo. Cuando sus doloridas piernas le permitieron incorporarse, la plataforma de sábanas ya había desaparecido.

Nada lo desanimaba. Nuevamente la dama le inventaba una explicación, y Ulrich continuaba escribiendo versos, hasta que llegó el desastre final. El diario no explica qué hizo la dama, pero sin duda fue algo terrible, pues el propio UIrich afirma que le fue imposible perdonarla. Y así acabó su Frauendienst, pues (según propias palabras), sólo un loco podía servir indefinidamente sin ninguna esperanza de recompensa”. Lo cual, en todo caso, demuestra que Ulrich se creía un hombre discreto.

Me puse a buscar en Internert, en su biografía, que cosa tan abominable pudo haber heho Teodora Angelina, para que Ulrich no la perdonara, y pasara de un amor enfermizo a no querer volver a saber de ella, de un día para otro. Es probable que la razón sea esta: la bella duquesa enviudó cuando aún las crónicas la describen como joven y bella, alrededor de los 30 años, pero decidió entrar a un claustro, para convertirse en monja por el resto de su vida. Ulrich von Liechtenstein, un caballero cristiano a carta cabal, podía desear y conquistar a cualquier mujer, menos a una de las de Nuestro Señor de la Cruz.

Fuentes y Referencias:
1, 2, 3
Les recomiendo el libro: Historia de la estupidez humana. Paul Tabori, su autor, le dedica un capítulo completo a nuestro personaje y a otros caballeros germanos que hicieron del masoquismo un estilo de vida.

¿Fue útil o de tu agrado el artículo?

* Ahora también puedes seguirme en Twitter:

Leia Mais…

martes, octubre 11, 2011

Damiens, el loco que intentó asesinar al Rey

Robert-François Damiens fue un francés que alcanzó notoriedad en su época, porque intentó asesinar al rey Luis XV, y de paso por ser la última persona ejecutada en Francia bajo la inhumana pena de muerte con la que se condenaba a los regicidas.

Damiens, nació en 1715 en La Thieuloye, una aldea cercana a Calais, y debido a la pobreza y pocas oportunidades, desde los 16 años se alistó en el ejército. Tras licenciarse se empleó como sirviente doméstico en el Colegio de los Jesuitas de París, donde le quedaba tiempo para revisar mucha literatura católica de la orden, de la cual se hizo un ferviente seguidor, pero con el tiempo fue despedido por los jesuítas por su inestable carácter y extraña conducta. En posteriores y ocasionales trabajos también fue despedido, lo que le valió el calificativo de "Robert le Diable" (Roberto el Diablo). Los historiadores ahora suponen que era un individuo mentalmente inestable, esquizofrénico quizá.

Robert François Damiens

Durante el tiempo que trabajó con los jesuítas, Robert Damiens se enamoró de una simpática parisina, la cual se dejó cortejar por aquel tipo fornido, moreno, de nariz aguileña. Juntos formaron un hogar y tuvieron una hija.

Se supone que la psiquis de Damiens se alteró durante las disputas del Papa Clemente XI con el Parlamento francés, el cual se negaba a registrar una controversial bula del pontífice. También se se dice se sintió afectado por la negativa del clero a conceder los sacramentos a los jansenistas y reformistas católicos. Parece ser que en medio de su trastorno pensó que la paz se restablecería con la muerte del rey, porque la verdad, hasta ahora sólo se especulan teorías.

El 5 de enero de 1757, cuando el Rey estaba pasando en su coche, Damiens logró burlar el cerco de seguridad y lo apuñaló con un cuchillo, causándole sólo una herida leve. No hizo ningún intento por escapar y fue detenido de inmediato. En sus bolsillos aún estaba el arma con la que perpetró el delito.

El intento de asesinato a Luis XV

El rey resultó con una muy pequeña herida en el lado derecho, entre la cuarta y quinta costillas. Ahora, tomemos en cuenta que debido a las condiciones del severo invierno, Luis XV se encontraba protegido con algunas capas de vestimenta, que sin duda amortiguaron el impacto. Y aunque Germain Martinière, cirujano real y consejero, enseguida revisó la herida y comunicó que apenas era un raspón que no traspasó la piel, el monarca dramáticamente pedía que le den la extremaunción. (Bueno, también se temía que la hoja hubiera estado envenenada).

Damiens, naturalmente, fue llevado a La Bastilla donde fue torturado para obligarlo a revelar la identidad de sus cómplices o de quienes lo habían enviado. Primero fue acusado "de británico", luego de jesuíta por sus amplios conocimientos teológicos. El asunto es que a la final fue condenado por el delito de regicidio por el Parlement de París, y sentenciado a ser descuartizado con caballos en la Plaza de Grève frente a todo el público. Aquí conviene aclarar que desde que fue apresado hasta su ejecución, Damiens afirmó que su intención nada más era asustar al rey sin herirlo gravemente.

Damiens torturado y juzgado

Damiens llegó a convertirse en un tipo legendario por su sangre fría, ya que testigos y verdugos pronto se dieron cuenta de que no se inmutaba ni mostraba signos de dolor ante el castigo. De hecho una frase suya se volvió legendaria: «La journée sera rude» (La jornada será difícil), que la pronunció ante los guardias el el 28 de marzo de 1757, el día de su tortura pública y ejecución.

Ya en la plaza, primero le pellizcaron con tenazas al rojo vivo sobre el pecho, brazos, pantorrillas, en el tendón de Aquiles; luego continuaron con su mano, con la que sostuvo el cuchillo en el intento de asesinato, sobre la cual primero dejaron caer azufre ardiendo y luego plomo fundido, y por último, vertieron aceite hirviendo sobre sus heridas.

Ejecutando la pena de muerte

Los verdugos, sin la práctica necesaria en este tipo de tortura, ataron a sus extremidades cuatro caballos rebeldes montados por jinetes ebrios - probablemente para infundirse valor- y olvidaron cortar los tendones de los miembros para facilitar la extracción o arranque de los mismos. La tortura duró más de dos horas, y para colmo Damiens era de tan buena constitución física que seguía entero, y lo peor, vivo y consciente. Desde el palco de autoridades se pidió aumentar dos caballos más.

Los ligamentos no se separaban fácilmente, así que “apiadándose” del infeliz, los Representantes del Parlamento ordenaron al verdugo y a sus ayudantes que cortaran las articulaciones.


De esta forma, Damiens fue desmembrado mientras la multitud rugía de placer al ver a los verdugos horrorizados, incapaces de continuar. El último miembro desmembrado, el brazo derecho, debe haber sido una imagen que persiguió durante toda su vida al verdugo Charles Henri Sanson, en aquel entonces de sólo 18 años de edad. Luego su torso, según testigos, aún con vida, fue quemado en la hoguera y por último las cenizas fueron esparcidas en el viento.

La monarquía quiso sentar un precedente para el delito de regicidio, pero a todas luces se les fue la mano. Después de la muerte de Damiens se emprendió una verdadera cacería de brujas; la aldea donde nació fue arrasada con la orden expresa de que nunca más volviera a ser reconstruida ni poblada. Su esposa e hija, sus padres y hermanos, fueron desterrados de Francia bajo pena de muerte instantánea si regresaban. El resto de su familia se vio obligada a cambiar de apellido por temor a las represalias.

Este cruel asesinato y la posterior persecución a su familia, remecieron varios cimientos de la sociedad, empezando por la mentalidad del mismo pueblo que solía disfrutar de estos espectáculos. Por primera vez empezaron a tener conciencia de la injusticia, sobre la desproporcionalidad con la que fácilmente se juzgaba el delito de un plebeyo. Este evento, ampliamente difundido entonces, marcó un punto de inflexión en los espíritus libres. Hubo un antes y un después de la muerte de Damiens.



Robert Damiens es comparado por mucha gente con el inglés Guy Fawkes, quien siglo y medio antes también fue acusado de conspiración y ejecutado brutalmente en Westminster, a pesar de haber pedido perdón al rey de Inglaterra, Jacobo I.

Como anécdota curiosa, la ejecución fue presenciada por el famoso aventurero Giacomo Casanova, quién desde un balcón con vista privilegiada a la plaza, participaba de una pequeña fiesta privada. El relato de Casanova, que consta en sus memorias, nos muestra cual era el comportamiento de la aristocracia del siglo XVIII:

"Hemos tenido el coraje de ver el horrible espectáculo de cuatro horas (...) Damien era un fanático, que, con la idea de hacer un buen trabajo y obtener una recompensa celestial, había intentado asesinar a Luis XV, y aunque fracasó en el intento, y sólo le ocasionó el rey una herida leve, fue hecho pedazos, como si su delito hubiera sido consumado .(...) varias veces me vi obligado a voltear la cara pero no pude evitar que mis oídos escuchen esos penetrantes chillidos, la mitad de su cuerpo debe haber sido arrancada de él, pero mi amigo Lambertini y la señora XXX no se movieron ni un centímetro, no se inmutaban…¿Acaso no tenían corazón ni compasión?"

Thomas Paine, uno de los famosos Padres Fundadores de los Estados Unidos, aborda en su libro "Derechos del hombre" la cruel ejecución Damiens como un ejemplo de la crueldad de los monarcas franceses (o cualquier otro gobierno totalitario) en aquella época. Paine sostiene que estos salvajes métodos que utilizaba la monarquía, fueron la razón principal para que las masas no tuvieran compasión de ellos durante la Revolución Francesa.

Y como siempre la vida caprichosa da sus vueltas, quien diría que Henri Sanson, aquel joven verdugo de 18 años, 36 años más tarde y experimentado, en 1793 decapitaría al mismísimo Luis XVI, nieto de Luis XV.


Fuentes y referencias:
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8
¿Fue útil o de tu agrado el artículo?

* Ahora también puedes seguirme en Twitter:

Leia Mais…

jueves, agosto 13, 2009

Vidas extremas

La semana pasada recibí en casa a dos personas que quiero mucho. Y es que esto de tener un blog y escribir sobre historias curiosas o poco difundidas tiene esa magia. Ana Cristina y Gandhi me trajeron un libro increíble que contiene una infinidad de información al respecto. Se llama “Libro de los hechos insólitos” y su autor es el periodista español Gregorio Doval. Se los recomiendo. Entonces, como deduzco que ustedes son tan curiosos como yo, aquí les dejo los entretelones de algunas vidas -por decir algo- un tanto, extremas.

John Stuart Mill
La infancia del escritor, filósofo y economista inglés John Stuart Mill (1806-1873), fue dura, muy dura, ya que transcurrió sometida a la férrea disciplina que le fue impuesta por su padre, el erudito James Mill.

John Stuart Mill
A los tres años su progenitor le enseñó griego antiguo; a los 4 le introdujo en la historia; y a los 8 años ya le estaba embutiendo con latín, geometría y álgebra. A cumplir doce años el pobre John ya conocía a fondo las obras de Virgilio, Horacio, Ovidio, Terencio, Cicerón, Homero, Sófocles y demás figuras de la cultura grecolatina, leídas todas ellas en su lengua original. Además era obligado por su padre a escribir composiciones y poemas en inglés victoriano.

Con estos antecedentes, no fue nada extraño que John sufriese a los 20 años una grave depresión existencial, de la cual, según sus propias palabras, logró salir gracias a que aprendió a canalizar su basta cultura general tempranamente adquirida. Supongo que esto afectó en algo su madurez sentimental ya que contrajo matrimonio recién a los 48 años, y con una líder feminista tras ocultarle su amor durante 23 años de amistad.

Isabel Flores de Oliva
La religiosa peruana Isabel Flores (1586-1618), más conocida con el nombre eclesiástico de Rosa de Lima, fue la primera santa sudamericana y es un ejemplo extremo de la mortificación voluntaria. 

Se cuenta que un día, cuando un joven le lanzó un piropo alabando su belleza, se rasgó el rostro y luego marcó sus cicatrices con sal. Tiempo después, cuando otro pretencioso le hizo notar que tenía unas lindas manos, las sumergió en lejía para deformarlas. Durante toda su vida comió alimentos poco apetecibles, principalmente hierbas y raíces cocidas y cada vez en menor cantidad.

Isabel Flores, más conocida como Santa Rosa de Lima
Vivió siempre en una pequeña choza que sus padres construyeron para ella en el jardín de la casa familiar, dedicando doce horas al día a la oración, diez horas al trabajo y dos al descanso. Además siempre vistió una blusa de un tejido extremadamente áspero que le ocasionaba un constante escozor mortificante en la espalda y brazos. Alrededor de la cintura se anudaba fuertemente una cadena que, a cada movimiento laceraba su piel, y por si esto no fuera poco, se colocaba una corona de espinas de plata en la cabeza. Cada vez que su confesor trataba de que aliviase estos suplicios, esta mujer arremetía con más ímpetu en ellos.


Kang Ping
Hay gestos de desprendimiento que enaltecen y dicen mucho de una persona. Comparto la idea de que tratar de agradar a tus superiores es válido y necesario en un mundo competitivo como el de ahora, pero no pude menos que reírme de la siguiente historia:

Yung-Lo (1360-1424), fue el tercer emperador de la Dinastía Ming en China durante el siglo XV. Aunque era conocido por ser bastante irascible y muy celoso, cierto día tuvo que hacer un largo viaje y decidió dejar a su consejero, un general llamado Kang Ping, al cuidado de su harem.

Yung Lo, emperador chino del siglo XV
Conociendo el "mal carácter" que se manejaba su emperador, y con la idea de prevenir la sospecha -que obviamente pesaría sobre él- de que hubiera seducido a alguna de sus concubinas, al general Kang Ping no se le ocurrió otra cosa mejor que castrarse. Antes de que el emperador parta de viaje, puso el pene mutilado en un bolsillo secreto de las alforjas de su caballo.

Y claro, tal como se esperaba, al regreso de su viaje el colérico emperador acusó al pobre consejero de haberse acostado con sus mujeres. Kang Ping, con una pasmosa tranquilidad se dirigió al equipaje y recuperó su pene, demostrándole así que tal acusación no era cierta. El emperador, conmovido por el gesto de su general, le nombró inmediatamente jefe de sus eunucos e incluso luego de su muerte levantó en su honor un templo nombrándole protector eterno de todos los castrados. 

Bueno, yo creo que después leer estas tres historias, ninguno de nosotros puede volver a quejarse de que la vida es dura, ¿verdad?

Fuente:
Libro de los hechos insólitos, Gregorio Doval

Leia Mais…

lunes, noviembre 10, 2008

La Eterna Juventud

Este fin de semana mientras me hacía una limpieza de cutis me miraba la piel y por suerte volví a constatar que mis líneas de expresión todavía no son tan marcadas ;)

Me sonreí sola, porque siempre charlamos con mis amigas y bromeamos que nos gustaría poder develar el secreto del Conde de Saint Germain y su eterna juventud para no envejecer jamás y quedarnos estancadas en la tercera década.

Mi abuela me hablaba de él y me contaba que era un ser muy particular que siempre vestía de negro con cuellos y puños blancos y adornaba sus dedos con anillos de diamantes.

La característica más notoria que tenía era que se encontraba en un estado de permanente juventud, tenía siempre la piel lozana y rozagante, parecía que el tiempo no transcurría para él, siempre tenía el aspecto de un joven de treinta años, aunque se decía que en el momento de su aparición tenía sesenta, por eso se hablaba de que escondía el secreto de la juventud eterna.


Pero esa fue tan solo una faceta de su enigmática vida. Me metí en su historia y descubrí un hombre extraordinario y múltifacético, quien decía muy suelto de cuerpo que tenía 300 años.

Se desconocía el origen de su fortuna y su estado civil. Se presentó en la Corte francesa en 1758, diciéndose procedente de misiones diplomáticas en Holanda, Inglaterra y Alemania. Dominaba el francés, ingles, chino, árabe, sánscrito e italiano, así como el conocimiento en política, historia, artes, poesía, medicina, química, pintura, música y ciencias diversas, lo que le llevó a ganarse la admiración de buena parte de la nobleza y la envidia de muchos, claro.

Desde su llegada a París fue acogido por Luís XV y Madame de Pompadour. Asimismo, su estilo refinado y elegante fue motivo de burlas y reproches constantes de personajes tan célebres como el mismísimo Casanova, supongo que celoso.

Tenía un mágico dominio del violín y rivalizaba con el maestro Paganini, además de componer música y tocar el piano como un concertista. Parece mucho para una sola persona. ¿No?

Aunque a muchos de nosotros puedan resultarnos inverosímiles todos esos hechos, justamente fue eso lo que lo llevó a ganarse la admiración de la nobleza mundial de aquellos tiempos.

Es tal la confianza que logra despertar en Luis XV, que lo envía a la Haya en su representación para negociar un préstamo con Austria y así finalizar la guerra de los siete años con Inglaterra.

No quiso ser menos en Rusia, se lo vió junto a la Reina Catalina II en 1768 y logró que lo nombren consejero de las Fuerzas Imperiales y oficial del ejército ruso, ahí lo conocieron como el General Welldone.

Su suerte comenzó a cambiar cuando en Nuremberg quiso obtener fondos de Carlos Alejandro con la intención de instalar un laboratorio haciéndose pasar por el Principe Rakoczy, porque descubrieron su identidad como Saint Germain y debió desaparecer.

En Holanda se lo conoció como el Conde de Surmont, donde construyó un laboratorio para elaborar colorantes y pinturas. Desapareció llevándose 100.000 florines.

Y así el conde siguió trasladándose permanentemente de un sitio a otro por el mundo y presentándose con una identidad diferente y épocas distantes.

Unos dicen que este Conde fue el hijo menor de un Rey de Transilvania, Ferenz II del que no hay registro en Internet, que nació el 26 de mayo de 1696 en un castillo de los Montes Cárpatos.

Me ha dejado con la boca abierta! Se le atribuyen una serie de historias inverosímiles por lo dispares de las fechas, pero la que más me sorprendió, fue la que dice que le cedió ciertos mapas secretos a Cistóbal Colón que lo guiaron en el descubrimiento de América en 1492. También se le atribuye participación en la fundación de Estados Unidos el 4 de julio de 1776 cuando se firmó la declaración de la independencia.

Si no fuera por los personajes importantes con quienes estableció contacto y porque varios historiadores recogieron información suya sobre su actuación en la Haya, la corte de Versalles, Alemania, Rusia, Holanda, me costaría creer que existió.

¿Saben? No sé si pensar que fue un hombre extraordinario o un -o varios- embustero. Cabe recordar que fue un miembro destacado de las logias masónicas y siempre está presente en su literatura. Al introducirse en la Masonería francesa anunció que era el más antiguo de todos los masones. Algunos de sus Iniciados dicen que cuando muere, su espíritu pasa a distintos miembros...

Documentos de París muestran que el conde de Saint-Germain murió el 27 de febrero de 1784 en la residencia del príncipe Carlos, en Eckenförde. Fue enterrado allí, y se puede leer en su epitafio:

«Aquel que se hacía llamar Conde de Saint-Germain y Welldone, y del que no hay más información, ha sido enterrado en esta iglesia».

¿Estaba muerto de verdad? Hay pruebas de que se apareció a cierto número de personas entre 1784 y 1820; algunos masones creen que todavía está vivo.

La fuente de la eterna juventud siempre será un mito asociado a Saint Germán.
¿Debe ser aburrido vivir tanto tiempo, verdad?

Leia Mais…

domingo, octubre 28, 2007

Consejero


Pues sucede que vino a visitarme un muy buen amigo que tiene mi edad y ya ostenta tres divorcios en su currículum y piensa cometer matricidio por cuarta ocasión.
Si, no se rían, vino a pedirme consejo a mi.
Pues yo con mi escasa experiencia en divorcios (solo uno), le dije que ya no sea tan obstinado, y ojo, no es que yo no crea en el matrimonio, pero creo que habemos personas a las cuales nos cuesta más que a otros la convivencia armoniosa, pacífica y duradera en pareja.
Razones? No deseo ahondar, pero pueden ir desde estilo de vida, costumbres, carácter, actividades, hijos de anteriores compromisos, etc.
Una cosa es que tu novia, amiga, vecina o whatever pase contigo en tu departamento un fin de semana, una semana, o hasta de pronto te animas y le das una beca de un par de meses, pero casarte??
Habemos personas a las cuales las palabras "para siempre" nos dan escalofrío, se nos hace un nudo en la garganta y nos hacen temblar las piernas…es por eso que yo no volví a hacerlo.
Realmente envidio sanamente a algunos amigos míos que siguen casados (muy pocos por cierto) y espero sigan así por siempre, pero me puse a revisar mi entorno de conocidos y ahora es una constante esto de los divorcios.
Creo en el amor, creo en la sana y cordial convivencia con tu pareja sin presiones ni pretensiones de ningún tipo. Pero tampoco creo que sea necesaria una firma para seguir amando a alguien por el resto de tu vida.
Ese fue mi consejo.
*Mi compadre que está al otro lado del Atlántico debe imaginarse de quien estoy hablando.

Leia Mais…
 
Ir Arriba