Mostrando entradas con la etiqueta Hiroshima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hiroshima. Mostrar todas las entradas

domingo, agosto 09, 2009

Las grullas de papel

Sadako Sasaki era una niña que vivía cerca del Puente Misasa en la ciudad de Hiroshima, Japón. Fue la primera hija de una familia de clase media, su padre tenía una peluquería. Cuando ella nació, el país se encontraba en plena guerra y su padre fue reclutado en el ejército, por lo cual su madre tuvo que hacerse cargo del negocio para sostener a la familia.

Apenas había cumplido dos años cuando se lanzó la bomba atómica sobre su ciudad el 6 de agosto de 1945. En el momento de la explosión se encontraba en casa con su madre, aproximadamente a 1.7 km de la zona cero. Su progenitora la tomó en sus brazos y juntas pudieron escapar sin lesiones y se refugiaron bajo el cercano puente, donde pudieron guarecerse de la pertinaz lluvia ácida que siguió a la detonación.

Distancia desde la zona cero hasta la casa de Sadako, 1,7 Km aproximadamente

Al poco tiempo se dieron cuenta de que tuvieron mucha suerte, ya que inexplicablemente pudieron salir ilesas puesto que su casa quedó en ruinas. Debido a esto se mudaron durante algún tiempo a la casa de un familiar en la localidad de Miyoshi, cercana a Hiroshima.

Sadako creció y se convirtió en una chica sana y con mucha energía. En su escuela pertenecía al equipo de gimnasia y atletismo, de hecho en sus participaciones llegó a imponer un récord de velocidad para los 50 metros planos en su categoría. Su sueño era convertirse en profesora de Educación Física.
En 1954, a la edad de 11 años, mientras se entrenaba en una pista, empezó a sentirse mal y se desmayó.

Sadako antes de ser internada en el hospital

Le fue diagnosticado leucemia, conocida en ese entonces como "enfermedad de la bomba atómica", ya que se la asocia directamente con la radiación.
Al ingresarla al hospital, los médicos hablaron con su padre, sin titubeos le dijeron:
“La situación de Sadako es grave, debe ser hospitalizada inmediatamente. Con fortuna, puede ser que le quede un año más de vida”
Pasaron los meses, y Sadako no sabía cómo ocupar su tiempo en el hospital, se aburría a pesar que su enfermedad le permitía hacer una vida más o menos normal. Se dedicaba a caminar por los pasillos y jardines del centro médico donde era ya una paciente conocida.
Un día de agosto mientras recibía la visita de su mejor amiga, Chizuko Hamamoto, esta le preguntó a Sasaki:
“¿Recuerdas aquella historia que dice que si logras hacer 1000 grullas de papel con el arte del origami, los dioses te concederán un deseo que se hará realidad?”
Entonces Hamamoto plegó una pieza de papel dorado una y otra vez formando una hermosa ave. Se la entregó a Sadako y le dijo: “Aquí está tu primera grulla”

Doblar grullas en origami no es tarea fácil como parecería, pero en los días siguientes, después de que su amiga le enseño la forma correcta de plegar el papel, empezó a hacer tantas como podía.
Como eran una gran cantidad de pajaritos los que tenía que hacer no había suficiente material debido a que todo el país se encontraba en recesión y tuvo que ingeniárselas para encontrar otras fuentes de papel, y de esa forma empezó a utilizar todo lo que tenía a su alcance en el hospital: cajas de pastillas, etiquetas, recetas, envolturas de golosinas, cartas, sobres etc...

Grulla de origami en una pintura japonesa

Sadako tenía la esperanza de que los dioses le concedieran el deseo de volver a correr de nuevo. Sin embargo, pensó que no sería justo pedir la curación sólo para ella, y pidió que el esfuerzo que iba a hacer sirviera también para traer la paz y la curación a todas las víctimas del mundo.


Pasó el tiempo y el número de grullas iba aumentando, pero el estado de Sadako empeoraba, su piel empezó a amoratarse, perdió el apetito y físicamente se debilitaba cada vez más. Ya había pasado ocho meses en el hospital y su familia la visitaba asiduamente al igual que sus compañeros de clase.

El 25 de octubre Sadako hizo un enorme esfuerzo para comer y apenas probó el arroz. Su madre le preguntó tras un par de bocados si el arroz estaba bueno y Sadako respondió: "está rico mami". Esas fueron sus últimas palabras, pues la niña murió poco después de que su familia dejase el hospital tras la visita. Sadako había conseguido hacer solo 644 Grullas de papel.

Tras su muerte, sus compañeros del colegio impactados por la pérdida hicieron pública la historia de Sadako para honrar su memoria. Esta tuvo un impacto social muy fuerte, miles de niños en todo Japón sintieron la necesidad de completar la labor de Sadako, y el día del sepelio fue enterrada con sus 644 Grullas de papel, pero más de diez mil grullas de colores de miles de niños de todo el país adornaron su lápida.

Sadako yace con sus 644 grullas
La sociedad entera decidió dedicarle un monumento donde se representaría a Sadako sosteniendo una grulla dorada en su mano, la que también sería dedicada a todos los niños que murieron a causa de las bombas atómicas.


Su estatua se encuentra en el Memorial de la Paz de Hiroshima desde 1958, y en la base está inscrito: "Éste es nuestro grito, ésta es nuestra plegaria; paz en el mundo"

Hace 64 años ya, se liberó por primera vez la energía del átomo sobre población civil. Ojalá que esta plegaria siempre esté latente y sea un triste recordatorio de algo que no debe suceder nunca más...

Fuentes:
City.hiroshima
Wikipedia

Leia Mais…

martes, diciembre 09, 2008

Mala suerte

¿Les ha pasado que hay momentos de tanta mala racha en sus vidas que parecería una coincidencia que nos sucedan tantas cosas a propósito?

Hay épocas especiales en que se me han acumulado todos los problemas posibles, familiares, sentimentales, financieros y de toda índole, en que he acabado maldiciendo a mi mala suerte. Bueno, he aprendido que todo es pasajero, que siempre hay una solución, y ahora trato de tomármelo todo con calma.

Siempre nos quejamos de nuestra mala suerte, pero sintámonos afortunados de no estar en los zapatos de personas a las que si les fue muy mal. Voy a contarles la historia de uno de ellos, de Enemon Kawaguki.


Enemon tenía 40 años, una bonita familia, practicaba deportes y era unalto ejecutivo de la Mitsubishi en Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial. La mañana del 6 de Agosto de 1945, alrededor de las 8 a.m. estaba en su despacho. Se aproximaba un avión B-29, pero las sirenas de la ciudad no dieron la alarma porque parecía ser un avión de reconocimiento como tantos aviones aliados que sobrevolaron la ciudad desde la semana pasada. Los obreros de la fábrica, por si acaso, se dirigieron a los refugios y él, ocupado en su trabajo, se demoró un instante antes de seguirles.

Lo primero que sintió fue un intenso resplandor y después quedó inconsciente. El infernal calor, de 3.000 C°, convirtió instantáneamente en carbón a miles de seres humanos. Miles más les sobrevivieron unos pocos segundos, para luego ser golpeados por escombros o sepultados por edificios caídos. Muchos se lanzaron a ríos que habían hervido. Murieron unas 200.000 personas, la mitad de la población de la ciudad y desaparecieron aproximadamente 60.000 edificaciones.

Hiroshima después de la bomba atómica

Al despertar, estaba desnudo -su ropa había ardido- y con quemaduras en todo el cuerpo. Tenía dos heridas, una en la cabeza, debida a un golpe con un hierro, y otra en la espalda. La fábrica estaba desierta y en llamas ya que estaba a 5 km de la zona cero. Sordo y aturdido, Enemon se alejó de la fábrica y del centro de Hiroshima desde el cual soplaba un desagradable aire caliente que dificultaba la respiración. Corrió hacia el mar y luego hacia el río que rodeaba la fábrica. Estuvo bastante tiempo en el agua y subió a una colina desde donde pudo ver la desolación causada por la bomba atómica. Exhausto, se quedó dormido.


Despertó tipo cinco de la tarde. Las heridas y las quemaduras le dolían, pero el aire fresco parecía calmarlas. Caminó semi desnudo por las afueras de la ciudad y siguiendo las vías del tren encontró un vagón. Ya había anochecido y tenía frío, así que entró en el vagón, se acurrucó en el interior y volvió a dormirse. Despertó dos días después. Estaba a bordo de un tren con médicos y enfermeras que habían atendido sus heridas. El tren avanzaba y avanzaba y parecía no detenerse nunca. Al final, la mañana del 9 de Agosto, el tren se detuvo y Enemon Kawaguki bajó del vagón junto a otros compañeros de viaje convalecientes y empezó a caminar hacia el centro de la ciudad.

Parecían estar en una hermosa ciudad alejada de la guerra y sus horrores. Sin embargo, a los pocos minutos oyeron el sonido de un solitario B-29 acercándose desde el mar. Kawaguki ya lo presentía, se lanzó a una cuneta y se quedó acostado boca abajo. Los otros caminantes que pasaban por su lado le miraban sorprendidos creyendo que se había vuelto loco. Estaban a unos 4 kilómetros del centro de la explosión, en Nagasaki. Vio el resplandor, la oleada de calor y la destrucción. Esta vez no perdió el conocimiento y pudo ver el hongo nuclear y cómo los que estaban a su alrededor estallaban literalmente en llamas.


Kawaguki nunca se recuperó psicológicamente de su doble experiencia atómica. Tras recuperarse de las heridas sufridas por las dos explosiones se jubiló y se dedicó a vagar sin rumbo por el país. Incapaz de concentrarse, vigilaba temeroso y constantemente el cielo por si volvía a ver aparecer un solitario B-29. Llegó a delirar que los bombarderos lo perseguían a el.

Después de 12 años, en 1957, Kawaguki moría en un hospital de Nagasaki. Finalmente, su cuerpo no fue capaz de soportar la radiación recibida. Quedó archivado como el caso clínico 163.641, el hombre que sobrevivió a dos bombas atómicas.

Por eso, de ahora en adelante, si alguna vez creemos que la suerte nos ha abandonado, sería bueno que pensemos en Enemon Kawaguki. Hay archivos del Museo de la Paz en Hiroshima que incluyen a este señor, como uno de los ocho afortunados japoneses en haber sobrevivido a las dos bombas atómicas. Yo me pregunto...¿afortunados?

Leia Mais…
 
Ir Arriba