miércoles, abril 29, 2009

La fuga más bella

Michel Vaujour nació en Ardennes, Francia en 1951. Cuando apenas era un chiquillo y no quería tomar la sopa, su padre lo amenazaba: «Si no te portas bien, le diré a Vincent que te meta en prisión», invocando a un amigo de la familia que era policía.
Nunca imaginó su progenitor, que su pequeño y temeroso en ese entonces hijo, iba a ser condenado a un total de 95 años de cárcel por diversos robos y atracos, además de seis espectaculares fugas y tentativas de fuga.

Fugarse de la cárcel se dice en francés coloquial, literalmente, «hacer la bella» y de éstas, Michel Vaujour sin duda las ha hecho bellísimas como evadirse de la famosa cárcel de La Santé, en pleno corazón de París en 1986, en un helicóptero piloteado por su primera esposa, o huir en plena corte de una juez penal, lleno de policías, tomando a la magistrada como rehén con una pistola de juguete en 1979.


La carrera delictiva de Michael Vaujour comenzó a los 19 años, cuando tomó la costumbre de robarse coches para dar paseos con sus novias y hacer así más llevadera la rutina de su trabajo en una fábrica de carburadores. Luego descubrió que no era de los que podían esperar pacientemente el final de la condena encarcelado y todo su tiempo entre rejas pasaba imaginando, soñando, inventando como escapar.

Cada vez que volvía a las calles, atracaba un banco o una empresa, para así poder financiar su próxima escapada y llegó hasta el punto de someterse a una operación de cirugía estética en un intento de confundir a la policía.


Durante 20 años -según sus palabras- fue como “un perro loco” que alternaba largas estancias entre los sectores de alta seguridad de las prisiones francesas y breves períodos de libertad.

Hubo también momentos hermosos en su vida como los que pasó en Italia con Nadine, la mujer que le ayudó a escapar de La Santé en helicóptero, pero su foto en todas las comisarías, periódicos y canales de televisión entre los delincuentes más buscados, y el temor a ser capturado de nuevo acababan ensombreciendo todo el romance.

Cuanto más se fugaba, más se alargaban las penas, más se endurecían sus condiciones de reclusión y más deseos tenía de evadirse. Estaba atrapado en este círculo vicioso, fugarse, volver a prisión y fugarse nuevamente.


Curiosamente, la práctica del yoga y otra mujer en su vida le ayudaron a salir adelante.
Jamila, una estudiante de Derecho de origen argelino 18 años más joven que él, se interesó por Vaujour al ver a su primera esposa en televisión en 1993.
Empezó a escribirle a la cárcel, fue a visitarle, se enamoró de él y acabó proponiéndole su ayuda para una nueva fuga, también en helicóptero.

Aunque el plan se llevó a cabo en 1998, esta vez no tuvo suerte y Michel recibió un tiro en la cabeza durante la detención, lo que le dejó hemipléjico y Jamila fue condenada a siete años de prisión.
Ella consiguió liberar a su amado de otra forma. El dolor de saberla en prisión por culpa suya, le condujo a renunciar a fugarse nuevamente.
Luego Vaujour se lamentaría:

“He vuelto a enviar a una mujer que amo, a una inocente, a sacrificarse por mí en una misión demasiado difícil para ella”

La pareja se casó en 1999, mientras ambos estaban todavía en prisión.

El ex Rey de las fugas obtuvo la libertad condicional cuatro años más tarde, en el 2003. Hoy viven juntos cerca de París y en la actualidad se dedica a escribir guiones para el cine y la televisión.


Recientemente escribió su autobiografía titulada “Mi más bella evasión” donde confiesa:
“Pensar, reflexionar, involucrarse enteramente en una fuga con la firme voluntad de llevarla a cabo, ya te hace sentir libre”
Su libro figura ya entre los más vendidos en Francia y promete convertirse en un Best Seller.

“Somos felices y lo sabemos”, “El amor me ha hecho nacer a la vida, virgen de todo. Es esa la más bella de todas mis evasiones”, escribió en el epílogo de su libro.

Se imaginan lo que un balazo en la cabeza y el amor de una mujer pueden hacer en un hombre?
Transformarlo de presidiario y fugitivo incorregible en escritor, cineasta, guionista y hasta un poquito filósofo eh!
Siempre detrás de un tipazzo habrá una gran dama…

Fuente: Belt.es

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sábado, abril 25, 2009

Caída libre

Recuerdo que cuando era un niño, mientras jugaba con mis vecinos me caí en un hueco de los cimientos de una casa en construcción, no recuerdo el resto, pero me dijeron que eran como 3 metros de profundidad.
Tengo un gran amigo quiteño que en una noche de fiesta en el departamento de una amiga, por sentarse en la ventana de la cocina cayó 4 pisos al patio interno del edificio.
Unos domos de plástico y los cables del tendido de ropa amortiguaron su caída aunque esa noche se rompió la clavícula. Lo llevamos al hospital con algunos rasguños que eran insignificantes tomando en cuenta la altura de la caída.
Sin ir demasiado lejos, hace unos pocos años me caí de una camioneta y tuve serias secuelas. En fin, esto de las caídas, no importa de que altura sean, siempre es una lotería.
Por eso ahora, quiero contarles ahora acerca de los sobrevivientes de las caídas más impresionantes que pude recientemente investigar.

Nicholas Alkemade
Durante la Segunda Guerra Mundial, el sargento Nicholas Alkemade de la Royal Air Force, se encontraba piloteando su bombardero Lancaster en pleno combate contra los cazas alemanes cuando sufrió un golpe de artillería anti-aérea, y se vio ante la encrucijada de saltar sin paracaídas desde 5500 metros de altura y quedar hecho papilla, o morir consumido por las llamas que envolvían a su nave.

Avión de combate derribado en la 2da Guerra Mundial

Se decidió por el menor de ambos males. Después de todo es preferible morir al instante golpeando el suelo que pasar varios segundos ardiendo. Nick saltó al vacío.
Mientras caía veía impotente como los temibles Junkers Ju 88 nazis destrozaban con luminiscentes ráfagas a la flotilla inglesa de la cual él era parte.
Ya resignado y cayendo con los ojos cerrados, aún no se imaginaba el increíble suceso que estaría a punto de vivir.
Alkemade tuvo la suerte de caer sobre un bosque de pinos, y fueron las elásticas ramas de estos árboles los que aminoraron la velocidad de su caída a tal punto que el colchón de nieve que cubría el suelo lo salvó de sufrir graves heridas -más allá de un tobillo torcido-.
Al darse cuenta del increíble suceso, respiró hondo y se sentó respaldándose en un pino a fumar un cigarro. No sabía aún que había caído en territorio nazi.
Si bien fue capturado por la Gestapo, posteriormente fue liberado al terminar la guerra.

Nicholas Alkemade luego de la guerra

Durante su tiempo como prisionero, debieron aislarlo en una celda aparte ya que muchos soldados alemanes incrédulos de lo ocurrido abandonaban sus puestos de guardia para ir a conocerlo ya que se convirtió en una leyenda.
Después de la guerra, Nicholas Alkemade volvió a su antiguo trabajo en un laboratorio químico inglés hasta que murió en 1987


Vesna Vulovic
Vesna Vulovic es una yugoslava que posee un Récord Guinness por haber sido la persona en haber sobrevivido a la mayor caída sin paracaídas de la historia.
A la edad de 22 años, cayó de nada menos que de 10.160 metros de altura, mientras servía como azafata para la aerolínea Jugoslovenski Aero Transport durante el fatídico vuelo 364.
El destino quiso que Vesna ocupara dicho vuelo por error, ya que otra azafata del mismo nombre era quien debía trabajar ese día en esa ruta. No obstante, un traspapeleo la puso en su lugar. Ante el error ella no se quejó, ya que el vuelo iría a Dinamarca y la tripulación se hospedaría en el lujoso Hotel Sheraton, y como ella misma dijo posteriormente, "este era todo un sueño para una joven chica que vivía en la miseria de un país comunista"

Portada de una revista de la época

El 26 de enero de 1972, mientras la nave se encontraba surcando el espacio aéreo Checo, detonó un explosivo del grupo terrorista croata Ustashe fragmentando al avión en varias partes. Todos los pasajeros perderían la vida, menos Vesna, quien por esas cosas del destino se encontraba en la sección media del avión, la cual tras tres minutos de caída impactó en una zona montañosa.
Los restos serían encontrados por un alemán que en esos momentos acampaba en la región. Sorprendido ante el dantesco paisaje, el hombre no esperaba encontrar a nadie con vida. Pero afortunadamente de inmediato divisó a Vesna, la única sobreviviente.

Vesna Vulovic en la actualidad

Su caída fue menos amistosa que la de Alkemade, ya que se rompió ambas piernas, fracturó el cráneo y tres vértebras. El samaritano alemán había sido un médico jubilado y enseguida utilizó sus conocimientos para acomodarla, entablillarla y detener el intenso sangrado.
Nadie esperaba que se recupere, de hecho los médicos les dijeron a sus padres que no había esperanzas de que saliera de su estado de coma. Sin embargo, a los tres días ella despertó y pidió un cigarrillo.
Paralizada de la cintura para abajo, en su silla de ruedas Vesna volvió a trabajar para la aerolínea como oficinista, y tras varias operaciones pudo volver a caminar. Poco tiempo después fue declarada heroína nacional en la ex Yugoslavia.
Vesna, en la actualidad es activista política en su nuevo país, Serbia.


Alan Magee
Alan Eugene Magee es otro sobreviviente de una gran caída producto de la infinidad de aviones derribados durante la Segunda Guerra Mundial.
Fue un piloto norteamericano que se enroló al ejército luego del ataque a Pearl Harbor.
Como cañonero de un avión B-17 FF de la fuerza aérea estadounidense, obtuvo varios premios y reconocimientos gracias a la espectacular caída en la que se vio envuelto.

Servía como piloto en 1943, mientras volaba en una misión sobre Saint Nazaire –Francia-, su aeronave se vio derribada por los temibles cazas alemanes.

Bombardero B-17 FF como el que piloteaba Alan Magee

El daño al avión fue crítico, sin un ala comenzó a girar descontroladamente cayendo a tierra a manera de espiral. Alan logra escapar de la línea de fuego y saltar del avión a unos 6700 metros de altura. Sin embargo, mientras caía le esperaba lo peor: el paracaídas estaba prácticamente destruido.
La altitud –y el susto, supongo- lo llevaron a perder el conocimiento, con el curioso resultado de caer sobre un techo de vidrio que formaba la terraza de la estación de ferrocarril de Saint Nazaire.
La estructura de aluminio y vidrio se flexionó y ejerció resistencia al mismo tiempo, aguantando la velocidad de caída libre de Magee lo suficiente como para que este pudiera sobrevivir al golpe.

Capturado por los alemanes, se le ofreció atención y tratamiento médico suficiente para salvarle la vida. Padeció múltiples heridas, no solo de la caída sino que además tenía varios fragmentos del fuselaje de la nave incrustados en su cuerpo y múltiples quemaduras. Las heridas iban desde sus ojos hasta un brazo que estaba prácticamente desmembrado. Sin embargo, Alan fue liberado tras terminar la guerra y al retirarse con honores vivió apaciblemente en su rancho de Texas hasta el 20 de diciembre del 2003 en que falleció a la edad de 84 años.

Y es que la vida es así. Hace tiempo supe de un hombre que al salir de su casa se resbaló en una cáscara de banana, se golpeó la cabeza y falleció de inmediato, mientras como vemos hay gente que ha sobrevivido a caídas espectaculares e inverosímiles.
Creo que aquí si aplica aquel famoso dicho de que "nadie se muere en la víspera..."

Fuente: Anfrix.com

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lunes, abril 20, 2009

El Equilibrista

El 7 de agosto de 1974 un francés llamado Philippe Petit caminó sobre un alambre tendido a 409 metros de altura entre las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York. Esta constituye la mayor hazaña de equilibrio sobre cable conocida hasta el día de hoy.


El intrépido hombre que cometió tal locura tenía entonces 24 años, y su proyecto se remonta al invierno de 1968, cuando, aún viviendo en París, acudió al dentista para sacarse una muela que lo atormentaba. Entre las revistas de la sala de espera encontró por casualidad un artículo sobre el entonces proyecto arquitectónico de las Torres Gemelas.
Petit se sintió automáticamente fascinado, arrancó la hoja y se volvió a casa con el mismo dolor de muelas, pero con una idea que le obsesionaría los próximos seis años: tender un cable entre esas torres y demostrar al mundo entero su destreza en las alturas.


Mientras las enormes Torres Gemelas estaban en construcción, nuestro amigo entrenó duro, reunió todo el dinero que pudo con sus actuaciones callejeras, y estudió todos los detalles de la estructura de los edificios, almacenando toda la información que podía conseguir.

El invierno de 1974 tomó un vuelo a Nueva York y durante meses realizó mediciones, tomó innumerables notas, se hizo con el material necesario, y entró ilegalmente en los edificios –aún desocupados- para anotar horarios, rutas de los vigilantes y códigos de acceso.
Nadie reparó en él. Nadie lo detuvo. Su actitud sería hoy considerada prácticamente como la de un terrorista, pero la única vida que Philippe Petit quería arriesgar era la suya propia.
Su proyecto no tenía marcha atrás y haría lo imposible por conseguirlo.


Finalmente, tras pasar toda una noche colocando el cable -que fue lanzado de una a otra azotea con un arco, y anclado y atirantado con precisión con la ayuda de varios amigos- Philippe se lanzó al alambre mientras amanecía. Llevaba consigo únicamente una pértiga desmontable, y eran poco más de las siete de la mañana.


Una mujer afroamericana que salía del metro fue la primera boquiabierta al mirar al cielo. Manhattan apenas despertaba en su actividad.
Ante la mirada atónita de las autoridades policiales, de los vigilantes del edificio, y de cientos y luego miles de neoyorkinos, Philippe Petit fue feliz sobre la cima del mundo, acariciando las nubes.


Durante aproximadamente tres cuartos de hora el joven se paseó sobre el alambre. Primero lentamente, luego más rápido, bailando, dando saltos. No había forma humana de detenerle: le amenazaron con destensar el alambre, con atraparlo desde un helicóptero, pero nadie tuvo valor porque su presencia, el vértigo, la alegría y la indiscutible belleza de lo que estaba realizando dejó anonadado a todo NY a través de los medios de comunicación.


Cuando por fin accedió a bajar fue esposado y detenido, pero a la vez ovacionado por cientos de ciudadanos testigos de su hazaña que lo empezaron a aplaudir cual héroe anónimo.
Esta reacción de los neoyorquinos y la simpatía que generó en los medios de comunicación, fueron decisivos para que todos los cargos que acumuló le fueran retirados. Fue solamente sentenciado a realizar otra exhibición de equilibrio, esta vez a menor altura, en el Central Park, donde lo esperaba un público literalmente rendido a sus pies.


Desde entonces Philippe Petit ha repetido sus paseos sobre el alambre en numerosos lugares por todo el mundo.
Su trabajo no es fácil, y nunca le ha resultado rentable. Ha publicado varias obras, entre ellas un Tratado sobre Funambulismo, y el libro "To Reach the Clouds" en el que explica cómo gestó y realizó su paseo entre las Torres Gemelas.


Philippe nunca quiso lucrar de su talento, no amasó bienes materiales ni fortuna, apenas acumula básicas pertenencias -entre ellas varias botellas de buen vino francés-, y entre sus amistades se cuentan artistas, escritores e intelectuales como Paul Auster o Werner Herzog.

Hoy, a sus 59 años, está considerado un artista y un poeta, y sigue acariciando su proyecto más difícil y largamente postergado: realizar un paseo sobre el Gran Cañón del Colorado para lo cual se encuentra realizando los trámites respectivos.

Petit nos deja en claro, que cualquier objetivo o sueño que tengamos, por imposible que parezca, si ponemos determinación y un poco de audacia, es perfectamente realizable.

Fuente: Maquinariadelanube

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jueves, abril 16, 2009

Lecciones de amor III

Una de mis películas favoritas es 50 First Dates donde la protagonista Lucy Whitmore –Drew Barrymore-, después de un golpe en la cabeza empieza a sufrir de amnesia diaria, y su galán debe reconquistarla cada día por el resto de su vida porque cada mañana al despertar ella no recuerda a su amado.

Como les he mostrado muchas veces, hay casos en que la realidad supera a la ficción, y la historia que viene a continuación es un ejemplo de ello.

Tres años atrás, la inglesa Emma Ray dio a luz a su segundo hijo Alexander por medio de una cesárea. Dos días después sufrió un ataque cardíaco que le privó de oxígeno al cerebro dejándola en estado de coma.
Los médicos advirtieron a su esposo Andrew que no podían hacer más por ella y que tenía las mismas posibilidades de recuperar la conciencia en algún momento, como de quedar en estado de coma de por vida.

Andrew no se dejó abatir. La acompañaba todo el tiempo posible y empezó a llevarle grabaciones con el llanto del bebé recién nacido y con la voz de su hija mayor diciéndole: "despierta mami".

"Le ponía las canciones que bailamos en nuestro matrimonio, le hablaba con mucha suavidad, tomaba su mano, le pellizcaba los deditos. Todo el tiempo le decía que la amaba y le rogaba que despertara"


Andrew y Emma Ray el día de su boda

Emma permanecía inmóvil y silente. Pero dos semanas después ocurrió lo que ellos llaman "un milagro". Andrew, muy tiernamente como siempre, se inclinó hacia su esposa y le hizo un amoroso pedido:
"Emma, si me puedes escuchar, por favor solo dame un beso".

Y sucedió lo inesperado, la mujer volteó ligeramente la cabeza y lo besó. Andrew sintió que su corazón se le iba a salir del pecho al igual que a los dos médicos que contemplaron la escena sin salir de su asombro. Este episodio hizo que la empezaran a llamar la 'Bella Durmiente' de Shropshire –su ciudad natal-.


Desde ese día, Emma comenzó a recuperar y perder la conciencia con frecuencia.
Su cerebro sufrió daños por la falta de oxígeno. Junto a su esposo comenzó un intenso camino de rehabilitación y la pareja se ha convertido en un modelo para los habitantes de su pequeña localidad.

A tres años del suceso, Emma aún padece de pérdida de memoria a corto plazo, necesita de ayuda permanente porque casi no puede caminar y su esposo debe asistirla en todo momento. Su recuperación exige de constancia y muchos sacrificios.
Sin embargo, para su familia no hay mayor dicha que tenerla con ellos.

"He aprendido a enamorarme de mi esposa una y otra vez. Pero esto es lo que cualquier esposo o esposa haría. Ella es la madre de mis hijos, es mi esposa y eso es lo único que me importa", afirma Andrew.



A esta historia real también la titulé Lecciones de amor, porque ahora cualquier trivialidad es motivo para abandonar a la pareja. Hace poco todos vimos a un hombre en U.S.A. que pidió desconectaran a su esposa - Terry Schiavo- que permanecía en estado de coma, lo que provocó una batalla legal con la familia de ella.

Personalmente admiro la capacidad de Andrew Ray de reinventar su amor a diario por su esposa, ese amor que atravesó todas las barreras y que sigue vigente. Porque no siempre es fácil seguir amando a alguien que padece un problema físico, por eso también esta historia es una maravillosa lección de amor…

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domingo, abril 12, 2009

El verdadero Shrek

Todos quienes me leen, supongo, han visto la película Shrek, aquella simpática historia del ogro verde que rescata a la Princesa Fiona y se enamora de ella, pero no es muy conocida la historia del verdadero personaje en el cual se inspiró la empresa de animación DreamWorks para darle su apariencia física al gracioso ogro.

Maurice Tillet, nació en Francia el 4 de marzo de 1903. Fue un chico estudioso y muy normal hasta sus 20 años en que su vida se convertiría en un calvario al desarrollar Acromegalia, una rara enfermedad endocrinológica que altera en exceso la producción de la hormona del crecimiento, formando desproporcionadamente las extremidades y la cabeza.


Aparte de las deformidades físicas, esta terrible enfermedad suele causar una muerte prematura luego de una vida de dolores físicos intensos, antes de terminar en artritis, hipertensión, diabetes, problemas cardíacos y renales. No obstante, a pesar de sus problemas de salud, Tillet continuó su vida normal estudiando durante sus primeros 25 años de vida y llegó a hablar 14 idiomas, dominó el escenario en actuación e incluso incursionó en la poesía.
Su apariencia, sin embargo, le impidió concretar su anhelado sueño de ser actor, y ante la hostilidad y burlas recibidas en su país natal escapó a los Estados Unidos buscando una nueva y mejor vida.


Ya en América no encontraría otro trabajo más que el de luchador profesional, siendo conocido por su nombre de combate, primero como “El Ogro del cuadrilátero” y luego como “El Ángel Francés”, ganando una gran reputación y cantidad de seguidores.
Su momento de gloria llegaría el 1º de agosto de 1944 al ganar en estelar combate al gran Steven ‘Crushed’ Casey, adjudicándose así la corona de Campeón Mundial de la Asociación Americana de lucha libre.


Si bien era famoso entre sus fans, su vida continuaría siendo solitaria, solo siendo acompañado por unos pocos amigos.

En abril de 1954, en su lecho de muerte y acosado por los problemas cardíacos propios de su enfermedad, se hicieron tres moldes de la cara de Tillet, uno para el médico que siguió su caso y dos para venderlas y recaudar fondos entre sus fans. Una de ellas se encuentra ahora en el Museo Internacional de Lucha Libre en Iowa.


Irónicamente, aunque DreamWorks nunca lo reconoció oficialmente, es sabido en la industria cinematográfica que cuando fue aceptado el cuento de William Steig como base del argumento para la película “Shrek”, solo faltaba darle forma al ogro. Este debía ser “como un hombre común y corriente, solo que sobreproporcionado, de mirada cálida y sonrisa amigable”.

DreamWorks encontraría estás características en las fotos que quedaron de este hombre, cuyo sueño en el pasado había sido ser actor pero que por su aspecto físico se le cerraron las puertas.


La vida tiene esas ironías ¿verdad?
Mientras su sueño de ser actor en vida fue frustrado, casi medio siglo después fue idolatrado por millones de niños y adultos que lo recordaremos siempre como aquel ogro simpático.

Mientras los ejecutivos del cine de su época le negaron por su particular aspecto cumplir su sueño, y no tuvo otra alternativa que ganarse la vida a golpes y porrazos, murió prácticamente en la miseria, pero ahora los nuevos ejecutivos de Hollywood recaudan millones gracias a su “fealdad”.
La vida está llena de incongruencias que nunca acaban de sorprenderme.

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lunes, abril 06, 2009

La Octava Maravilla del mundo

¿Recuerdan la historia de los siameses promiscuos Eng y Chang que les conté hace un tiempo? Pues bien, siguiendo esta temática de casos excepcionales que tanto me gusta publicar, hoy les presento la historia de las hermanas Millie y Christine que también fueron muy reconocidas en su época.


Millie y Christine McCoy eran dos gemelas siamesas que vinieron al mundo unidas por un segmento de la columna lumbar hasta la pelvis.
Nacieron en Carolina del Norte el 11 de julio de 1851 mientas sus padres eran esclavos de Alexander McCoy, quien posteriormente las vendería por $ 100 USD a un empresario circense.

El nuevo dueño de las niñas junto a su esposa se esmeró en darles la mejor educación, y en ésta se incluía la danza, música y canto.


Durante su infancia fueron instruidas especialmente en música y vocalización para luego cantar a dúo las melodías de la época.
Su especial configuración física y la caja de resonancia toráxica que tenían, hicieron que fueran consideradas como excelentes contralto (Millie) y soprano (Christine), de gran matización vocal y con delicados pianissimos.
Fueron educadas exquisítamente -obvio- para lucrar después de ellas presentándolas en sociedad. Llegaron también a hablar fluídamente 5 idiomas, realmente eran un portento.
En aquella época fueron apodadas ‘La Octava Maravilla del mundo’.


Su fama llegó a tal nivel que se vendían autobiografías de ellas durante sus presentaciones en los mejores circos que había en ese entonces.

En 1870, Millie y Christine estaban en la cúspide del estrellato. Por todo lo que ganó su dueño, en pocos años les otorgó su carta de libertad, ya no eran esclavas.
Tanta era su popularidad que la mismísima Reina Victoria de Inglaterra las recibió en audiencia privada con concierto incluído en una gira que realizaron por Europa.


Nunca llegaron a casarse pero con el dinero que ahorraron de su época de bonanza se dedicaron a apoyar a las iglesias negras de Charlotte -donde se radicaron- y a mantener y dar clases de vocalización a sus coros cristianos.

En octubre de 1912 Millie sufre una tuberculosis que la lleva a la muerte y en un acto de bondad -para mí-, los médicos decidieron suministrar morfina a su hermana Christine para ayudar a terminar con su vida de una manera rápida y sin dolor. Sin embargo, Christine sobrevivió a su hermana durante 17 horas. Murieron a los 61 años de edad.

Me pongo a pensar en la desesperante situación de Christine. Ver fallecer a su hermana -con quien compartía su colummna- y pensar inmediatamente en su futuro, en que estaba también condenada a morir junto a ella.

Según mi punto de vista, los médicos de la época hicieron lo adecuado. Christine no tenía otra alternativa.

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miércoles, abril 01, 2009

Duro de matar

Michael Malloy era un vagabundo de origen irlandés que vivía en New York en la década de los años 30’s.
En sus buenas épocas había sido un bombero que se retiró a los 45 años de edad, pero desafortunadamente transcurrían los años de la Gran Depresión y al no poder conseguir otro empleo, se dedicó al alcohol y la vida bohemia. Por esos tiempos era un cliente habitual de todos los bares de baja categoría del Bronx, hasta que se le negó más crédito y se le prohibió la entrada.
Muchas veces aparecía por los bares con hombres de negocios quienes le invitaban tragos debido a su encanto irlandés y porque era un buen contador de anécdotas.

Michael Malloy

En ese ambiente se rodearía de personas nocivas que, aprovechando el auge de los nacientes seguros de vida y su afición al alcohol, intentaron sacar rédito de su muerte.
Un grupo de “amigos” lo pusieron bajo tres seguros de vida a sabiendas que sería fácil que muriese de una intoxicación alcohólica. Estos “amigos” eran cuatro tipos apellidados Murphy, Marino, Pasqua y Kriesberg, quienes esperaban cobrar un seguro casi equivalente a 60 mil dólares actuales.

El asesinato debía parecer una muerte natural, por lo que pensaron que una muerte por envenenamiento con alcohol, uno de los grandes vicios de Malloy, sería oportuna para así engañar a las aseguradoras. Marino, que tenía una tienda de licores y otros aperitivos, tendría la “buena voluntad” de darle crédito infinito a nuestro duro héroe, pensando que así, ante la posibilidad de tomar todo lo que quisiera, este moriría rápidamente.

Pero no fue así, y Malloy demostró ser el dios Baco del mundo moderno. Tras tomar reiteradas veces cantidades de alcohol que intoxicarían a un hombre promedio durante varias semanas, el único efecto secundario que padecía Malloy era el de irse a dormir el guayabo por varias horas, para enseguida levantarse y volver a seguir bebiendo. Un verdadero tipazzo!
Esto comenzó a quebrar económicamente a Marino, por lo que convenció a su grupo de rufianes de mezclar la bebida de Malloy con anticongelante, intentando así asegurar una muerte que, muy a pesar de los malhechores, tampoco llegó.
Tras este fallido intento, procedieron a mezclar el vino de su víctima con veneno para ratas, e incluso le ofrecieron mariscos con alcohol -algo que en esa época creían venenoso-.


Nada funcionaba, ni el linimento para caballos ni el disolvente mezclado con el vino lograban descomponer al Baco neoyorquino. Ni siquiera un sandwich hecho a partir de sardinas podridas con fragmentos de hojas de afeitar.
Tal fracaso los llevó a buscar otra solución y una noche de invierno en la que la temperatura logró descender a un promedio de -26ºC, después de emborracharlo lo mojaron con grandes cantidades de agua y lo dejaron durmiendo en uno de los tantos parques de NY –Claremont Park-, pero ni el desgarrador frío pudo vencer a Malloy, quien al otro día volvió solo con un leve resfrío a seguir bebiendo.

Por último intentaron atropellarlo con un taxi, sobornando a un taxista a quien le pagarían $150 dólares si lograba matarlo.
Tras emborracharlo como de costumbre e inconsciente, Malloy fue llevado hacia un camino solitario, en el cual el taxista, tras tomar dos cuadras de aceleración, le erraría al cuerpo de Malloy. Asustados, lo llevaron a otro camino y allí sí lograron atropellarlo.
Creyéndolo muerto, lo abandonaron en ese lugar, pero Malloy estaba vivo, y el “accidente” solo le costó tres semanas de hospitalización con apenas cuatro costillas rotas, su hombro izquierdo y el cráneo fracturados.

El final de Malloy desafortunadamente llegaría tras salir del hospital, cuando tras embriagarse nuevamente uno de los criminales ya cansado de tanto intento fallido le tapó la boca con una manguera de la tubería de gas de calefacción logrando matarlo por fin.
Cuando una ambulancia se lo llevó de urgencia al hospital, los conspiradores estaban eufóricos. ¡Lo habían conseguido!

Por suerte, y gracias a una particular justicia poética, el matar a Malloy fue tan difícil que los criminales no dejaron de hablar y comentar de sus peripecias para liquidarlo, haciendo que la noticia llegue a oídos de la policía y fueran así apresados.
Uno de ellos fue condenado a cadena perpetua y el resto fueron ejecutados en la silla eléctrica en la prisión de Sing Sing.


Hay un libro dedicado a esta historia completa y sus detalles. Para quienes se quedaron con ganas de conocer más de ella, pueden adquirirlo aquí.

Fue muy curioso investigar y recopilar los datos para esta tragicómica historia, y supongo este caso debe constar como el inicio de las estafas a las aseguradoras.

Fuente: Anfrix.com

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