
Mis amigos y quienes me conocen saben que tengo arranques de lobo estepario, si, de ese predador que vaga por deshabitados parajes. Aunque estas criaturas se reúnen en jaurías, dice el mito que el lobo solo se reúne con sus afines para causas tan inevitables como comer y procrear. Luego se aleja en busca de la inmensidad.
El estepario es un solitario convencido, le gusta ir donde nadie más va para disfrutar de lo que nadie aprecia. Ha visto bellezas de las que nadie se percata y desde esa lejanía suele regresar la vista atrás para convencerse de que conoce el camino de regreso. Así soy yo, que se le va a hacer…El Lobo hoy no puede dormir. Ha decidido hacerse una introspección así que póngasen cómodos porque esto será largo. Hagámos un poco de memoria…
El Lobo es el mayor de una camada de tres hermanos, al menos hasta ahora no se ha sabido de otro. Fue un niño muy inquieto, empezó a caminar a los 8 meses pero dicen que lo hacía cuando quería y no para acercarse a los demás. Fue educado entre curas Maristas, colegio militar y monjas suizas. Debe ser que de ahí nació su manía por la puntualidad y fastidio por reglas y cánones establecidos. Desde que era muy joven El Lobo se dio cuenta que era diferente a los demás, razonaba distinto y más rápido. A veces sus mismos familiares y amigos le resultaban extraños, desconocidos.
Las amistades juegan un papel importante en la formación de su carácter. El Lobo y sus colegas frecuentan las iluminadas calles del barrio La Mariscal de Quito. Sus escapadas les llevan a ser infaltables en los bares y discotecas de moda de la ciudad. Las inocentes bromas y trastadas de juventud se convierten en verdaderas leyendas urbanas de esa época, algunas de ellas se comentan hasta ahora. La noche le brinda al Lobo la oportunidad de descubrirse a sí mismo y comunicarse con lo desconocido del sistema, lo cual le atrajo siempre. La vida nocturna siempre fue su aliada, su hábitat. El Lobo se desenvolvía en su elemento, los ritmos de la ciudad se absorvían y diluían en su sangre.
Corría el año 93, se jugaba Copa América en Ecuador, a sus 22 años se casa con una modelo que años más tarde recordaría lo detallista y tierno que era su ex esposo desde el primer Big Brother ecuatoriano. Año 97, año de emociones extremas…muere su padre, se divorcia y empieza época de juerga mas intensa. Durante 4 años se dedica a recorrer el mundo, siempre por placer y descubrirse libre, ama sentir el frío viento en su cara mientras va en motocicleta, autos, trenes, cruceros y sueños reales. Vive el amor muy a su manera y al ritmo de su Yamaha SR 125. Años 2002, 2003 y 2004 intrascendentales y glamorosos. Intensos y de bambalinas, tiempos nuevos, tiempos salvajes y de bussines. Tres años poco claros en la vida del Lobo. Junto a sus dos mejores amigos funda el Club de los Divorciados.
Su ciudad ya no es la misma de hace 10 años, es una jungla de fauna variada donde el Lobo se siente desplazado por nuevas generaciones paulatinamente. Ya no es popular como antes, ya casi nadie recuerda su nombre. Rescatable su vertiginosa subida empresarial…preocupante su caida espiritual. El 1º enero de 2005, un suceso cambiará radicalmente su vida…
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