Lo primero en lo que piensas al llegar a Venecia es en como puede darse abasto para albergar tanto turista. Desembarcas en la escalinata que te deja el ferry y ves una marea humana multicolor, multiétnica con una sincronización que aturde.
Fue una buena decisión venir temprano porque sin guía de turismo tendremos que caminar bastante para descubrir solos este fascinante sitio.
Avanzamos hacía la Plaza de San Marcos, ahí están sus imponentes columnas, la Basílica y el Palacio Ducal…aquí vemos flamear tres banderas, la de San Marcos, de Venecia y la de Italia, si…los isleños nativos, el gondolero que heredó el puesto de trabajo de su padre, todos ellos saben y sienten que viven en un reino dentro de otro país. No son italianos, son venecianos…
El sol meridiano moviliza a las palomas de las cornizas hacia el centro de la plaza tras el maíz de los turistas y a nosotros tras unas cervezas en un parasol del Café Florian donde me doy tiempo para divagar y tomar unos cuantos apuntes.

Es obligatorio entrar al Palacio Ducal y en su interior gótico abstraerse con los cuadros de Carpaccio y Tiziano. Pasamos por el Puente Rialto y el famoso Ponte del Sospiri hasta llegar a la pequeña Isla de Murano. Teníamos que cumplir una promesa…enviar desde ahí mismo por correo certificado una pieza de cristal soplado artesanalmente a nuestra madre.
Volvimos al Café Florian y al charlar con unos turistas irlandeses nuestra idea de pasar una noche en Venecia se devanece…nos enteramos de los precios promedio!
Pues nos resignamos a disfrutar del ocaso vespertino con esa brisa salina y mucha cerveza grabando cada imagen en nuestra retina...es una experiencia que difícilmente podremos reeditar.
20:45 tomamos el último vaporetto hacia Mestre, nos recibe Franco, el recepcionista del hostal, creyó que volveríamos el domingo, nosotros también...
Hubo 2 llamadas desde Ecuador y una de Padua. Acaricio la bufanda.
Volver a Padua? Avanzar hacia el sur?…lo siento, eso se decide mañana. Una ducha y a recorrer el boulevar del puerto…es viernes.
Dejo la bufanda en el hostal, no quiero perderla.
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