martes, septiembre 29, 2009

El día que murió la música Disco

La Música Disco fue una evolución del Soul de los años 60 fusionada con el Folk de los 70. En sus inicios fue conocida como el Sonido Filadelfia, y uno de sus primeros exponentes fue el famoso Barry White.

Antes del boom de la onda disco, la mayoría de la gente prefería salir a los bares. Las discotecas eran lugares reducidos donde la comunidad gay se reunía para poder bailar a sus anchas lejos del control policial. También eran frecuentadas en menor medida por afro americanos y latinos. Para 1976 la Música Disco ya era un estilo dominante y comenzaron los años dorados de las discotecas, y así mismo la decadencia de grupos de rock y emisoras radiales de este género.

En 1977, la película “Saturday Night Fever” con John Travolta, hizo que el género explotara en todo el mundo como la gripe porcina. La banda sonora vendió 30 millones de unidades (hoy ya supera los 40 millones), constituyéndose así en el álbum más vendido de todos los tiempos, después de Thriller de Michael Jackson.

Las compañías discográficas, las productoras de Hollywood y las agencias de publicidad se subieron al tren del éxito de moda que transformaba en oro todo lo que tocaba. Los ex baladistas Bee Gees resucitaron una carrera que se venía a pique. Los Rolling Stones incursionaron en el nuevo estilo con “I Miss You”, seguidos por Rod Stewart con “Da Ya Think I’m Sexy?” y el grupo Kiss con “I Was Made for Loving You”, todo en el mismo año, 1978.

Así como iban las cosas, muchas radios especializadas en rock'n roll cerraron, mientras las otras se sumaron a la corriente. Parecía que ya no había lugar para otra cosa que no sea la música disco, hasta que apareció un loco…


Steve Dahl era un DJ de la ciudad de Chicago que fue despedido de la WDAI Radio, ex emisora rocker, que se cambió al formato disco. Dahl fue contratado por una radio rival y desde allí planeó un contraataque que comenzó como un simple juego, satirizando a la música de moda. La buena acogida le mostró que había un fuerte sentimiento anti-disco en buena parte de la población y decidió explotarlo, literalmente.
Se atrevió a promocionar un evento, en el cual, a todo aquel que concurriera al partido entre los Detroit Tigers y los Chicago White Sox, el martes 12 de julio de 1979, podría entrar por sólo $ 0,98 centavos (en alusión a su dial, 97.9 FM). La única condición para entrar por ese valor, era "llevar un álbum de música disco para ser destruído" en una ceremonia durante el entretiempo. La idea recibió el nombre de “Disco Demolition Night”.

Steve Dahl pensaba que si lograba convocar a cinco mil personas, el evento habría sido un éxito, pero concurrieron 90 mil espectadores con un disco bajo el brazo. El estadio estuvo a reventar, y miles de rockers tuvieron que quedarse afuera. Cuando Dahl hizo su aparición en la cancha, fue ovacionado por una multitud que gritaba: Disco sucks! Disco sucks!


Todos los vinilos recolectados fueron apilados en un enorme conteiner y Dahl procedió a dinamitarlo. La explosión se quedó corta -ni siquiera la mitad de los discos fue destruida-, entonces el público decidió invadir la cancha para ayudar a destrozar los acetatos con sus manos o con lo que tuvieran a su alcance.

Público invadiendo la cancha

El asunto se salió de control, la turba rompió en cordón de seguridad, y los enardecidos rockeros empezaron a prender fuego no solo a los discos, sino también al campo de juego.
Cuando la policía comenzó la cacería de los vándalos, los espectadores de la segunda bandeja empezaron a lanzar sus álbumes a los uniformados a manera de frisbee. Los jugadores y árbitros huían aterrorizados ya que nadie quería ser guillotinado por los Village People o las Pointer Sisters. Toda la cancha quedó cubierta de pedazos de vinilo y el referí dio por suspendido el partido.


Más fotos aquí.
La noticia tuvo repercusión internacional y sus efectos fueron demoledores para la Música Disco, porque la campaña hizo que mucha más gente se manifestara ya harta de ella. Era evidente que el estilo había saturado al público. De hecho, las radios que pasaban música disco cayeron estrepitosamente en menos de seis meses.
De las 100 mil discotecas que se calcula hubo en el mayor auge del disco en los Estados Unidos, quedaron menos del 10%, entre las que se destacó siempre, claro, el mítico Studio 54.

Hoy, Steve Dahl continúa trabajando en radios de Chicago y tiene su propio talk show. En su país siempre será recordado como el hombre que en una noche, acabó con la moda de la música disco.

Personalmente me gusta mucho la música de esa época. Soy un hombre tolerante de los gustos ajenos, pero debo confesar que investigando esta historia me puse a fantasear en que ojalá y hubiese alguien que hiciera lo mismo con el reggaeton. A mis lectores seguidores del mismo, sepan disculpar, son sólo ideas mías...

Fuentes:
Swindle, Criticadigital, Outernet, Wikipedia


¿Fue útil o de tu agrado el artículo?

* Ahora también puedes seguirme en Twitter:

Leia Mais…

sábado, septiembre 26, 2009

L'enfant terrible

Dentro de la historia de la humanidad hemos encontrado personajes que sin duda han llamado nuestra atención por sus extravagancias o por su curioso estilo de vida. Bueno, yo siempre digo que nunca debemos perder la capacidad de asombro, pero la verdad es que a veces resulta muy difícil.
Hoy les quiero presentar a un emperador romano que supera todos los niveles de excentricidad que conozco. Calígula y Nerón parecen inocentes corderitos a su lado. Les hablo de Vario Avito Basiano (año 205 a 222 d.C.), quien fue coronado a los 14 años con el nombre de Marco Aurelio Antonino, aunque fue más conocido como Heliogábalo.


Heliogábalo

Desde que fue investido como Emperador en Roma no dejó de asombrar a sus súbditos. En su primer día como autoridad, entró en la ciudad montado en un lujoso carruaje tirado por mujeres desnudas, aunque luego, ya en otras ocasiones, sólo utilizaba perros o esclavos para el mismo fin. Y aunque también se casó cinco veces con mujeres, siempre fue notoria su ambigüedad sexual. Solía vestirse con atuendos femeninos y simulaba que se casaba con sus gladiadores preferidos.

Según varios relatos - la mayoría de los cuales nos han llegado gracias a que él mismo dispuso que un cronista tomara nota para la posteridad los detalles de sus andanzas-, sus banquetes no solo eran monumentales, sino que cada uno que ofrecía, era más extravagante que otro.
A uno de ellos por ejemplo invitó a ocho jorobados, ocho cojos, ocho gordos, ocho esqueléticos, ocho sordos, ocho negros y ocho albinos. Ya cuando tuvo a sus comensales juntos, se divirtió cruelmente gastándoles bromas de gusto bastante bizarro. Por ejemplo a la hora del postre, después de embriagarlos a placer, ordenó cerrar todas las salidas del comedor e hizo soltar una manada de fieras salvajes, a las que previamente había hecho arrancar dientes y garras. Claro que ese detalle lo desconocían sus aterrados invitados y comensales.

Se cuenta que en cierta ocasión concibió la idea aparentemente placentera, de derramar pétalos de rosas sobre los invitados en una de sus cenas, pero parece que se le fue la mano en la cantidad y que se asfixiaron algunos de los comensales. Aunque esta última anécdota raya en el mito, hay un lienzo muy famoso que intenta recrear esta escena.


Las rosas de Heliogábalos, lienzo de Lawrence Alma-Tadema 1888

En cuanto al lujo y derroche de su vida, se jactaba de no haber bebido nunca dos veces en la misma copa. Se entiende, claro, que las copas eran de oro y plata.
Sus despilfarros vaciaron las arcas del estado. En ocasiones se hacía construir un baño suntuoso, lo utilizaba una sola vez y luego lo mandaba destruir. Se dice que fue el primero de los romanos que usó vestidos confeccionados totalmente en seda, y que llamaba mendigos a quienes usaban la misma vestimenta por segunda vez. Jamás emprendió un viaje con menos de sesenta carruajes. Disponía de carros cubiertos de piedras preciosas y oro y despreciaba los que estaban hechos de plata, marfil o bronce.

Según narra el cronista romano Elio Lampridio en la Historia Augusta, los excesos de Heliogábalo no tuvieron fin. Durante su mandato ignoró las tradiciones religiosas y alteró los tabúes sexuales de Roma. Aunque estuvo varias veces casado, su relación más estable parece haber sido la que mantuvo con un esclavo muy bien dotado llamado Hierocles, a quien incluso se refería como "su marido". La Historia Augusta sostiene que también se casó con un hombre llamado Zotico -un atleta de la ciudad de Esmirna-, con ceremonia pública en Roma. Otros historiadores narran que Heliogábalo se pintaba los ojos, que se depilaba y lucía pelucas antes de prostituirse en tabernas y prostíbulos, e incluso en el palacio imperial.
Deberíamos darle el crédito de haber sido el primer Drag Queen de la historia, ¿verdad?

La Guardia Pretoriana era un cuerpo militar de élite que servía de escolta y protección a los emperadores. Las excentricidades de Heliogábalo y especialmente su comportamiento y desfachatez sexual, irritaban cada vez más a este recio cuerpo de soldados.


Guardias Pretotianos

Se desencadenó un motín, y la misma guardia pretoriana lo asesinó a los 18 años de edad. Su madre, que estaba a su lado -y que tenía otro largo expediente pecaminoso-, también fue asesinada. Cortaron sus cabezas y sus cuerpos fueron arrastrados desnudos por toda la ciudad; luego el cuerpo de la madre fue dejado en algún lugar, mientras que el de él fue arrojado al río para que su cuerpo no recibiese sepultura.

Aunque sin duda corto, Heliogábalo llevó un estilo vida muy sui generis y pagó con su vida. En aquella época, el poder de los césares era tan grande y absoluto que frecuentemente se volvían locos, literalmente.

Fuentes:
Hechos insólitos, Gregorio Doval
Victormacías, Wikipedia

¿Fue útil o de tu agrado el artículo?

* Ahora también puedes seguirme en Twitter:

Leia Mais…

martes, septiembre 22, 2009

Sin perder el glam

En nuestra sociedad el suicidio es visto como un tabú. Y de hecho que lo es. No podemos jactarnos como los nipones para quienes es un acto de honor, o como los musulmanes para quienes es la manera de abrazar sus creencias religiosas auto inmolándose.
En el mundo occidental es un hecho condenable, usualmente clandestino y si a mí me preguntan acerca de que si es un acto de valentía o cobardía, realmente no sabría que responder. Una decisión así no puede juzgarse sólo desde un punto de vista.
Bueno, y como tampoco estoy aquí para vetar ni defender nada, solo quería mostrarles la foto más bella de un suicidio jamás captada.

Evelyn McHale (click para ampliar)

En mayo de 1947, Evelyn McHale de 23 años, se lanzó al vacío desde el mirador situado en la planta 86 del Empire State de Nueva York, después de una pelea con su novio.
Cayó sobre el techo de una limosina que por suerte, en ese momento estaba vacía. Evelyn dejó una nota de suicidio en la que escribió: “Él está mucho mejor sin mi…yo nunca seré una buena esposa para nadie...”
La mano izquierda de la chica, ya sin vida, parece acariciar su collar.
Un estudiante de fotografía llamado Robert C. Wiles escuchó el estruendo, salió a la calle y captó la imagen que vemos.
La foto fue publicada el 12 de mayo de 1947 en la portada de la revista Life.
Mirando esta foto recordaba un soneto de Shakespeare que dice:

"Pero eterno será el verano tuyo.
No perderás la gracia, ni la Muerte
se jactará de ensombrecer tus pasos
cuando crezcas en versos inmortales"

Ciertamente el mundo está lleno de belleza, y aquí podemos ver que hay belleza también en el horror.

Fuentes:
Inner, Kottker

Leia Mais…

domingo, septiembre 20, 2009

El secuestro de D.B. Cooper

El 24 de noviembre de 1971 un hombre que se hacía llamar Dan Cooper abordó en Portland el vuelo 305 de la Northwest Airlines con destino a Seattle. Ya en el avión llamó a la azafata y pidió un bourbon con soda. Al cancelar, le pasó un papelito con una nota. La azafata le sonrió y no leyó el papel porque creyó que Cooper la estaba coqueteando. Enseguida el hombre se puso de pie, se acercó a la azafata y le susurró al oído que por favor leyera la nota, luego le sonrió y volvió a su asiento. La azafata leyó la nota que decía:
"Tengo una bomba en el maletín. La usaré si es necesario. Siéntese a mi lado. Esto es un secuestro."
Cuando ella se sentó a su lado, él abrió ligeramente su maletín y después de un guiño de ojo le mostró a la azafata su contenido, unos cilindros gruesos con cables de color rojo.

La azafata enseguida informó al piloto, que pidió instrucciones al control aéreo de Seattle, desde donde le recomendaron que cooperara con el secuestrador. El pasajero les comunicó entonces sus exigencias: quería $ 200.000 sólo en billetes de $ 20, cuatro paracaídas y que recarguen de combustible al avión, a cambio de la liberación de los pasajeros. Cooper había dado también instrucciones previas a la azafata de no descender hasta que le confirmaran que el dinero y los paracaídas estuviesen listos. Durante el resto del vuelo, Dan siguió saboreando tranquilamente su bourbon mientras esperaba el aterrizaje como todo un gentleman.

El avión llegó a Seattle donde se hizo la entrega del dinero, los paracaídas y combustible, sólo entonces desembarcaron los pasajeros sin el menor rasguño y ajenos totalmente al secuestro del que fueron víctimas. Pidió se quedaran sólo el piloto, el copiloto y una azafata. Curiosamente Cooper ofreció una propina de $ 2.000 a dos azafatas que bajaron, las cuales obviamente no aceptaron. Enseguida ordenó a la tripulación dirigirse hacia Reno (Nevada), y que volaran bajo los 10.000 pies de altura –unos tres mil metros-, la tercera parte de lo habitual, y con el tren de aterrizaje bajado. Dos aviones cazas militares los seguían de cerca. Después de pedir otro bourbon, ordenó a la azafata que se encierre en la cabina de mando.

En la parte posterior de los Boeing 727 hay una escalerilla que se abre desde adentro, y en cierto momento de la noche, mientras el avión sobrevolaba aún el estado Washington -se supone-, Cooper consiguió abrirla y a partir de entonces no se ha vuelto a saber de su vida. Desapareció de la faz de la tierra.

Escalera posterior Boeing 727

Los aviones que les seguían nunca vieron nada y no se sabe dónde aterrizó, pero se cree que fue en las inmediaciones de un poblado llamado Ariel, unas 30 millas al norte de Portland, y aunque el FBI le siguió la pista durante años, jamás obtuvo resultados. Hoy se cree que pidió los cuatro paracaídas, haciéndoles creer que eran uno para cada persona, y así evitar que le dieran uno que no funcionara.

Retrato de Dan Cooper proporcionado por el FBI

Un agente de policía escribió incorrectamente “D.B.” para identificar a Dan Cooper, y nunca se corrigió ese error, por eso, aún se le conoce como el caso D.B. Cooper.

El éxito de este delito fue tan rotundo, que en 1972 varios avezados quisieron emularlo en casos similares, pero enseguida el FBI atrapó a los delincuentes. De hecho hoy en día todos los Boeing 727 llevan unos dispositivos llamados “Cooper Switches”, que impiden que se abran las compuertas mientras el avión se encuentra en pleno vuelo.

El mito del secuestro se reavivó en febrero de 1980, cuando una familia que realizaba un picnic al noroeste de Vancouver, Washington, encontró junto al río Columbia $ 5.800 en un fajo de billetes deteriorado de $ 20 que al parecer pertenecían al botín. A partir de este hallazgo la zona se volvió un mito para los cazadores de recompensas que buscaron fervientemente su cadáver y el botín. Llegaron al extremo de rastrearlo en un lago local con ayuda de un submarino.

Billetes encontrados en 1980

De los cientos de sospechosos que tuvo en su momento el FBI, quien más cerca está de encarnar el mito es Kenneth Christiansen. Amante del Jack Daniel’s con coca cola, ex militar, ex paracaidista, ex auxiliar de vuelo y residente del Estado de Washington. Kenneth se compró una casa apenas un año después del secuestro, la cual pagó en efectivo. Trabajó años antes del incidente como mecánico y jefe de cabina para la misma aerolínea, pero lo más importante, fue también paracaidista de alto riesgo en el Ejército. Lastimosamente, esta confesión fue hecha por su hermano después de que Kenneth muriese en 1994.

Kenneth Christiansen

Aunque el FBI no ha cerrado el caso, algunos agentes presumen que Cooper no sobrevivió al salto por haberse dado el mismo en medio de una tormenta, y por lo agreste de la zona. De todas formas, siempre es más agradable mantener el mito vivo, creer que hubo un tipo que sobrevivió después de hacer un robo tan ingeniosamente preparado, sin necesidad de ser un político. Este es el único secuestro aviatorio que no ha sido resuelto en los Estados Unidos.

Fuentes:
NY Magazine, El País
Enzodavid

Leia Mais…

jueves, septiembre 17, 2009

Sabiduría...


El beso es un truco fantástico ideado por la naturaleza para que dejemos de hablar cuando las palabras están de más.
Ingrid Bergman

Leia Mais…

domingo, septiembre 13, 2009

Los suicidios de Okinawa

Soy un hombre convencido de que jamás hay que olvidar los hechos dolorosos para evitar que se vuelvan a repetir.
Shigeaki Kinjo es un octogenario japonés que guarda fatídicos recuerdos del final de la Segunda Guerra Mundial, cuando con lágrimas en los ojos y pidiendo perdón al cielo tuvo que matar a golpes a su madre y a sus dos hermanos menores. El aún no había cumplido 20 años.
Estos horrores se vivieron en Okinawa en 1945, y el causante directo fue el mismo ejército imperial japonés.

Shigeaki Kinjo

Okinawa no siempre fue parte del Japón. Era un reino pacifista llamado Ryukyu, próspero e independiente hasta el siglo XVII en que su isla fue invadida y finalmente Japón la anexó en 1879 a su imperio. Los okinawenses tenían su propia cultura, costumbres e idioma, que de a poco fueron borrados tras siglos de conquista. Debido a eso, estos ciudadanos siempre se han sentido los “menos japoneses” de los nipones, y eso también lo sabía su ejército durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, el ejército japonés desconfió tanto de ellos en este conflicto, que militarizó toda la isla porque temían que los okinawenses hicieran espionaje a favor de los Estados Unidos

El desembarco americano en Okinawa en abril de 1945, fue el más grande asalto anfibio en la campaña del Pacífico, y aquí se libró quizás la más cruenta batalla de la Segunda Guerra Mundial, con un saldo de más de 150.000 japoneses –entre soldados y civiles- muertos, y aproximadamente 50.000 aliados caídos.

Desembarco norteamericano en Okinawa

Este espeluznante número de bajas japonesas se debe en parte, a que los mismos soldados nipones obligaron a salir a los okinawenses de los refugios para usarlos como escudos humanos, y también porque coercionaron a la población a suicidarse.
Abundan los relatos sobre las brutalidades que cometió el ejército japonés, durante lo que ahí se conoce como “la tempestad de hierro”.

En marzo de 1945, ante la inminente llegada de los aliados a la isla, los soldados japoneses distribuyeron granadas a todos los habitantes, pero no para defenderse de la invasión, sino para que las detonaran y murieran con sus familias como una muestra de lealtad a su Emperador, y así evitar ser capturados por el enemigo, pues en el imaginario de la guerra esto significaba rendirse.
Los suicidios masivos se llevaron a cabo el 26 de marzo, unos días antes que las tropas enemigas llegaran.

Soldados norteamericanos asistiendo a la población

Shigeaki Kinjo recuerda que a él y a su hermano, los soldados les dieron granadas para que mataran a sus familias. Les dijeron que cuando llegaran los americanos, los iban a torturar, violar a sus mujeres y pasarles los tanques por encima. Toda la población entró en pánico.
La mayoría de las granadas eran defectuosas y no explotaban, entonces vieron a un vecino desesperado, arrancar la rama de un árbol y matar a palos a su esposa e hijos y siguieron el ejemplo con su propia madre y hermanos.

“Mi hermano mayor y yo matamos a nuestra madre, a quien nos dio la vida, porque nos atemorizaron y nos mintieron” “Si los soldados japoneses no hubieran estado allí, nunca se hubiesen dado los suicidios masivos”
Shigeaki Kinjo

Miyazato Ikue tiene 82 años, él trabajaba en una base de la armada japonesa y declara: "un soldado me dijo que cuando lleguen los americanos, debía matarme quitando el alfiler de la granada y me enseñó cómo hacerlo". Miyazato y un grupo de amigos lo intentaron pero la granada felizmente falló, días después se enteró que con su madre y hermana la granada si funcionó.

Soldados ingresando una aldea llena de suicidas

Uezu Sachiko, actualmente de 88 años, huyó junto con su madre y un grupo de vecinos a la montaña después de que el ejército les dijera que los aliados ya llegaban para torturarlos. Asegura que un soldado les pidió que se mataran por cualquier medio,"incluso arrancándose la lengua a mordidas si las tropas americanas los encontraban."
En tropeles y a empellones la población temerosa y trastornada, huyó hacia los acantilados, y del miedo infundado, miles optaron por empujar a sus seres queridos y luego lanzarse tras ellos.
Desde los buques en el océano, los soldados americanos miraban absortos cómo la gente se arrojaba al vacío.

En esa época, la orden de morir dictada por el ejército japonés, equivalía a una orden del Emperador y estaba en línea con el código de honor del ejército -senjinkun-, que decía: “No sobrevivas a la humillación de convertirte en prisionero”.

Prisioneros que prefirieron entregarse

Desde hace unos años, algunos académicos y ciertos políticos nacionalistas han tratado de esconder éste capítulo vergonzoso de su historia, presionando para que se omitan estos hechos en los nuevos textos educativos de su país.
Realmente sería una pena que los japoneses borren de la memoria colectiva un hecho tan doloroso, pues ya lo dijo el filósofo George Santayana: "Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo".

Fuentes:
NYTimes
MagazineDigital
LaNacion

Leia Mais…

jueves, septiembre 10, 2009

La fábrica de lluvias

Para quienes no conocen Quito, les cuento que mi ciudad fue fundada bajo las faldas del volcán Pichincha. Esta montaña encierra mucha historia para nosotros los ecuatorianos, porque ahí fue donde nuestro país libró la última batalla por su independencia en 1822.
Su vegetación es ahora uno de los principales pulmones de Quito, y fue desgarrador ver que anteanoche, ese bosque se consumía víctima de un incendio provocado por vándalos.

Quito, 8 de septiembre 2009, Foto: Esteban Mendieta

Hasta ayer se habían quemado 180 hectáreas de ese pulmón y el cuerpo de bomberos se sentía impotente porque el acceso era muy difícil para las motobombas. Miles de quiteños rogábamos que el cielo se apiade y lloviera.
Esta situación me hizo recordar la historia de Charles Hatfield, un singular personaje que fue conocido a inicios del siglo pasado como “El hombre que hacía llover”.

Este buen hombre nació en Kansas en 1875, pero por esas cosas del destino, cuando apenas era un niño sus padres se mudaron para California. Ahí abandonó la escuela para convertirse en vendedor, oficio que se le daba muy bien, y sus tiempos libres siempre los aprovechaba leyendo. Llegó especialmente a interesarse en ciertos textos que explicaban cómo se forman las lluvias o pluviometría y comenzó a desarrollar sus propios métodos para producirla.

Se convirtió en un alquimista moderno, y para 1903 ya había creado una mezcla de 23 sustancias químicas (Oxígeno y Zinc entre otras), la cual guardaba en grandes tanques galvanizados. Según él, había creado la forma de hacer llover artificialmente. Llamó a su invento “El acelerador de humedad”.

Como les dije, este hombre era un excelente vendedor y empezó a publicitarse entre hacendados y ganaderos de la zona, obviamente en épocas de sequía.
Sus primeros clientes fueron un grupo de rancheros californianos, quienes ofrecieron a Hatfield 50 dólares de la época si lograba hacer llover sobre sus tierras. Charles, muy seguro de su invento, se dirigió a ese lugar y subió a la colina más alta donde construyó una torre metálica desde donde abrió sus tanques y soltó su mezcla al aire.

Charles Hatfield

Suerte, casualidad o ciencia, Hatfield tuvo éxito y los rancheros agradecidos le pagaron el doble de lo acordado. Empezaría desde ese momento a formarse el mito del "Rainmaker".
Pasaron los años y siguió siendo contratado. Muchas veces la suerte y San Pedro lo acompañaban, otras veces no.
Y es que esto de la fama es así, si tuviste suerte la primera vez, la gente te seguirá llamando. Aunque en algunas poblaciones Hatfield quedó como un farsante, en la mayoría –donde la suerte lo acompañó- era considerado un hombre prodigioso.

Tal era su buena reputación, que en 1915 fue llamado por el ayuntamiento de San Diego en California. Esta ciudad había crecido vertiginosamente desde inicios de siglo, por lo que sus necesidades de servicios básicos y agua no la abastecían. La escasez del agua en especial llegó a ser desesperante.
Necesitaban que Hatfield atrajera precipitaciones sobre el Lago Morena, que era el reservorio de agua de la ciudad de San Diego.
Charles accedió, ofreció traer lluvias sobre el lago, pero bajo sus condiciones. Quería cobrar por pulgada de lluvia, cosa que no aceptó el ayuntamiento, más bien le ofrecieron 10.000 dólares por subir la cota del lago. Hatfield aceptó gustoso la contraoferta, de todas formas era el negocio de su vida!

Torre de Hatfield cerca del Lago Morena en 1916

Empezó construyendo una enorme torre cerca del lago, desde donde liberaría al aire su mezcla secreta. Todo quedó listo, y la torre empezó a funcionar a inicios de 1916.
No sé si catalogarlo como karma, pero Charles estaba muy feliz de que empezara a llover el 5 de enero. Lo que él no esperaba es que las lluvias continúen. Desde el 14 de enero la tormenta fue torrencial, y para el día 17 se había convertido en catástrofe. Se desbordó el Río San Diego llevándose consigo más de cien puentes. Las fincas se anegaron, se ahogó el ganado y el agua arrasó con los graneros.

San Diego inundado, foto del 27 de enero de 1916

Irónicamente en la ciudad colapsó el alcantarillado, y con el se fue el servicio de agua potable. Para el 27 de enero colapsaron las represas de Sweetwater y de Otay Valley, desfogando un torrente de agua que inundó el valle de Otay y fue arrasando todo lo que encontró a su paso. En ese trágico recorrido murieron más de 20 personas. La ciudad permaneció aislada e incomunicada durante una semana. Esta fue una de las mayores tormentas que ha azotado a San Diego.

La represa Sweetwater después de colapsar

Enseguida la prensa y la opinión pública se abalanzaron sobre Hatfield exigiéndole respuestas. Él sólo respondió que su parte del contrato había sido cumplida y que la ciudad le debía 10 mil dólares. Obviamente, después de tamaña tragedia nunca le pagaron un centavo y más bien fue demandado por daños y perjuicios, lo que le acarreó años de querellas judiciales.
Luego de este triste episodio, Hatfield se hizo aún más famoso y cotizado. Incluso fue contratado para apagar un enorme incendio forestal en Honduras.

Si bien, se convirtió en una leyenda, hoy se cree que su famosa “fábrica de lluvias” estaba basada en el gran conocimiento meteorológico que Hatfield poseía. De todas formas, Charles defendió hasta el día de su muerte la efectividad de su fórmula secreta.

Fuentes:
Wikipedia, Merodeos
Kurioso, San Diego History

¿Fue útil o de tu agrado el artículo?

* Ahora también puedes seguirme en Twitter:

Leia Mais…

domingo, septiembre 06, 2009

Los Nueve de Little Rock

El pasado viernes se cumplieron 52 años del triste y célebre acontecimiento de Los Nueve estudiantes de Little Rock en Arkansas. Y es que ya les he dado ejemplos en este blog acerca de las barbaridades y humillaciones que tuvieron que pasar miles de afroamericanos en los estados del sur de Norteamérica hasta hace menos de medio siglo. Arkansas y Virginia fueron los estados que más se demoraron en reconocer que todos los hombres somos iguales, y que el color de la piel es solo una bella muestra de la diversidad de humanos que poblamos este planeta.

El 1º de diciembre de 1955, en la ciudad de Montgomery, Rosa Parks se rehusó a levantarse de su asiento en un autobús público para dejárselo a un pasajero blanco. Rosa fue arrestada, enjuiciada y sentenciada por conducta desordenada y por incumplir una ley local. A raíz de este incidente, la comunidad afroamericana organizó el Boicot de Autobuses de Montgomery, que consistía en no volver a tomar un autobús en esa ciudad y prefirieron madrugar y caminar varios kilómetros hasta sus lugares de trabajo o estudio. El boicot duró 382 días, hasta que esa ley local de segregación fue derogada. Este incidente fue el inicio del Movimiento por los Derechos Civiles.

Rosa Parks, fichada y bajo arresto

Ahora bien, dos años después, el 4 de septiembre de 1957, Elizabeth Eckford llegó a ser la primera mujer de color en entrar a una escuela para blancos, al Instituto Central High en Little Rock (Arkansas). Ella fue parte de un grupo de nueve jóvenes de color que lograron, después de muchas trabas legales y humillaciones, su derecho a estudiar en esa escuela. Cuando los alumnos de color hicieron su ingreso al Instituto, la sociedad de Little Rock se escandalizó pensando en la sola posibilidad de que sus hijos tuvieran como compañeros de aula a esos “niggers”. Por orden de Orval Faubus, en ese entonces gobernador de Arkansas, a los nueve estudiantes les fue prohibida la entrada al centro educativo por la Guardia Nacional. Así como lo leen, por una orden del gobernador.

Terrence Roberts, estudiante impedido de entrar

Elementos de la Guardia Nacional cerrando el paso a Elizabeth Eckford

Después de que la policía les impidiera la entrada al Instituto, Elizabeth Eckford se retiraba hacia su casa, pero empezó a seguirla una turba enardecida gritándole ofensas mientras otros la escupían. En medio de esa turba se destacaba una chica blanca que le gritaba como histérica "negra, vete de aquí, regresa al África!". Luego se sabría que esta joven racista se llamaba Hazel Bryant.

Elizabeth Eckford recibiendo agresiones de estudiantes blancos

La muchedumbre la siguió acosando hasta en las afueras del campus. Entonces una mujer blanca llamada Grace Lorch trató de ayudarla. Tomó a Elizabeth de la mano y se dirigió hacia una farmacia cercana para pedir un taxi. Cuando llegaron, el propietario les cerró la puerta en sus narices. Después de 35 minutos de espera finalmente llegó el autobús y ambas se subieron en medio de un aluvión de malos tratos. Elizabeth permanecía callada, sólo escuchó a Grace Lorch decirle a la multitud “algún día se sentirán avergonzados de esto”, lo que caldeó aún más los ánimos y las despidieron lanzándoles improperios y uno que otro envase de refresco. Cuando supo que Elizabeth ya no corría peligro, Grace Lorch se bajó del autobús.

Cuando tienes 15 años, hay momentos en que sólo sabes que necesitas a tu mamá. Llegando a casa, Elizabeth corrió directamente a donde sabía que estaba su madre, la lavandería. Se quedó mirándola, y por su postura, dedujo que su madre estado orando. Cuando ella volteó, pudo ver que había estado llorando. Elizabeth quiso decirle que estaba bien, pero ninguna de las dos podía hablar. Solo se abrazaron. Poco antes, tras escuchar el incidente por la radio, su padre había salido a buscarla al Instituto. Llevaba un revólver calibre 45 con las tres únicas balas que pudo encontrar pero nunca utilizó.

El entonces Presidente de los Estados Unidos, Dwight Eisenhower ordenó que se retire la Guardia Nacional y envío tropas federales para resguardar el orden y proteger el retorno de los nueve estudiantes afroamericanos al Instituto. Enseguida se armó un inmenso revuelo en toda la ciudad, los estudiantes negros fueron agredidos junto a quienes los apoyaban y se produjeron enfrentamientos entre los estudiantes blancos y los soldados.

Ataque racista y disturbios en las afueras del Instituto

Finalmente, para no perder popularidad en la comunidad blanca, el Gobernador de Arkansas decidió cerrar todos los centros educativos en Little Rock durante el resto del ciclo lectivo, medida que sería revocada poco después. Aunque Elizabeth Eckford logró ingresar al Instituto, su vida se convirtió en una pesadilla, porque casi a diario reportaba agresiones verbales y físicas en las aulas, gimnasio y hasta en el comedor estudiantil. Cansada de tanto acoso, se trasladó a San Luis (Missouri), donde acabó su bachillerato y obtuvo un diplomado en Historia.

Elizabeth recibiendo insultos racistas por Hazel Bryant

Esta famosa imagen de Elizabeth Eckford siendo humillada por los alumnos blancos del Central High, logró a sacudir a toda una nación y la enfrentaría consigo misma. EEUU no podía vanagloriarse de querer ser la primera potencia mundial cuando en su propio país muchos de sus ciudadanos eran perseguidos y discriminados simplemente por el color de su piel, lo cual causaba hilaridad entre los soviéticos. Estos nueve alumnos abrieron el estrecho camino hacia las libertades civiles pagando como tributo el acoso y el desprecio de sus compañeros blancos.

Tropas federales resguardando el ingreso de los nueve estudiantes de color

El grotesco espectáculo de Little Rock terminó convirtiéndose en una vergüenza nacional. Incluso el entonces afamado jazzista Louis Armstrong viajó a las protestas, declarando "que su país se podía ir al carajo" y canceló una gira de buena voluntad por la URSS organizada por el Departamento de Estado.

“Cuando veo en la televisión y leo en la prensa que una multitud en Arkansas escupe a una chica de color, también tengo derecho de sentirme agraviado”
Louis Amstrong

Por increíble que parezca, este triste episodio, aparte de hacer cuestionar los valores morales a un pueblo entero y allanar el camino para la igualdad de derechos, también nos deja una maravillosa lección. Que más importante y más digno que el color de la piel o que cualquier apellido es la capacidad de perdonar.

Elizabeth Eckford y Hazent Bryant en 1997

En 1997, el Presidente Bill Clinton fue el artífice de ese estrechón de manos y del perdón que se debían estas dos mujeres le debía pedir una mujer a la otra, cuando las citó como invitadas especiales para rememorar el 40 aniversario de los acontecimientos. Por cierto, el discurso que el señor Clinton pronunció ese día, es muy interesante y emotivo ya que como nativo de Little Rock y a pesar de ser un niño en esa época, se sentía un protagonista indirecto.

Me imagino que hace apenas 50 años en que se cometían este tipo de atrocidades, era impensable, inverosímil, inaudito, imaginar que un afroamericano después de sólo una generación, llegaría a gobernar ese país.

Fuentes:
LibraryThinkquest.org
VanityfairPolitics
Wikipedia
AfroamHistory

Leia Mais…

miércoles, septiembre 02, 2009

El enigma del Mariscal Ney

Esta historia empieza en Carolina del Sur en 1846.
En su lecho de muerte, Peter Stuart Ney, un ex profesor de francés, mientras agonizaba llamó a su enfermera y con voz débil le hacía una rarísima confesión:
- Soy el Mariscal Ney de Francia.
Claro, la mujer pensó que el pobre hombre estaba delirando, pero remontémonos a esa época y revisemos un poco de historia.

El Mariscal Michael Ney fue uno de los generales más talentosos que tuvo la Francia Revolucionaria y era casi una leyenda viva entre sus tropas, quienes lo conocían como "el más valiente de los bravos". Tal era su fama y coraje que desde sus inicios formó parte del círculo íntimo del Emperador, de hecho Ney recibió de manos del mismísimo Napoleón Bonaparte su bastón de Mariscal del ejército.

Mariscal Michael Ney

Después de que el ejército francés fuera derrotado en Waterloo por los ingleses al mando del Duque de Wellington, Napoleón fue desterrado a una remota isla del Atlántico y el Mariscal Ney fue sentenciado a morir frente a un pelotón de fusilamiento junto otros generales franceses.
Los mismos soldados que habían combatido bajo su mando durante la guerra, llevaron a Ney al paredón la mañana del 7 de diciembre de 1815 en París.
El famoso Mariscal fue puesto contra un muro, allí rehusó ponerse una venda sobre los ojos y se le concedió el derecho de dar él mismo la orden de disparar.
Desde allí se dirigió a sus ex soldados en los más emocionantes términos:

«¡Soldados, rechazo el juicio que me condena! He luchado cien veces por Francia y nunca contra ella. Camaradas, cuando ponga la mano sobre mi pecho, disparadme directo al corazón!»

Los soldados levantaron sus fusiles; Ney colocó su mano sobre el pecho y luego se escucharon los disparos que lo matarían. El Mariscal cayó en un solo acto, con su camisa manchada de sangre.
De acuerdo con varios testimonios, el cuerpo fue retirado con una rapidez sospechosa y luego, dejaron el cadáver tendido en la cama de un hospital.
Fue enterrado al día siguiente en el cementerio Père Lachaise de París y ningún familiar, ni su esposa asistieron al funeral; sólo un pariente lejano del mariscal estuvo presente cuando su cuerpo descendía a la fosa.

Representación del fusilamiento del Mariscal Ney

Tres años más tarde, en Florence, Carolina del Sur, ingresa un nuevo profesor de francés al Davidson College; era un hombre de mediana edad y que se hacía llamar Peter Stuart Ney. Fue un tipo oscuro, hasta cierto punto misterioso, y sólo se sabía de él que había llegado desde Francia en un buque que desembarcó en Charleston en 1818.
En cierta ocasión fue invitado a una fiesta y comenzó a beber con sus colegas hasta que pronto se pasaron de copas. En cierto momento de la noche, a Peter Stuart se le empezó a ir la lengua y aseguraba que él era el famoso Mariscal francés.
Contó que un plan organizado y llevado a cabo por sus antiguos subalternos, y con la aprobación de su antiguo enemigo, el duque de Wellington, le había salvado de la ejecución.

"Wellington me tendió su mano -dijo-, porque a pesar de haber sido mi enemigo en el campo de batalla, a ambos nos unían los fraternos lazos de la masonería; y el Duque, no podía permitir la humillante muerte frente al paredón de un hermano de la logia"

El profesor explicó que el pelotón disparó en realidad por encima de su cabeza, mientras él sostenía en su mano un recipiente lleno de sangre y que el líquido se derramó cuando puso la mano sobre su pecho. Después fue enviado clandestinamente a América en un barco.
Obviamente nadie tomó en serio las declaraciones el ebrio profesor hasta luego de un tiempo en que sucedió un hecho muy curioso.
En 1821, seis años después de la presunta ejecución en Paris, uno de los alumnos del profesor Ney llevó a la clase un periódico que informaba de la muerte de Napoleón en la isla de Santa Elena. El profesor se desmayó ante sus alumnos y tuvo que ser trasladado hasta su casa. Poco más tarde, ese mismo día, trató de degollarse pero fue encontrado inconsciente desangrándose y pudo ser salvado.
Ya en el hospital, lo examinó un médico, quien comprobó que las cicatrices visibles en su cuerpo coincidian con las heridas que el mariscal Ney había recibido en combate.

En alguna otra noche de bohemia, el profesor Peter Stuart Ney contó que durante su viaje clandestino hacia América, uno de los pasajeros -un soldado que había sido de sus tropas- lo había reconocido. Tiempo después, buscado e interrogado, el pasajero confirmó los hechos.
Por otra parte, este profesor conocía -y comentaba- hechos y detalles demasiado íntimos de la vida del mariscal, y sabía al dedillo las técnicas militares europeas con las que maravillaba a sus compañeros en las reuniones sociales cuando se pasaba de tragos. Al día siguiente solía decir que no recordaba lo que había dicho bajo los efectos del alcohol. (WTF!!)

Peter Stuart Ney murió en 1846 y hasta el final sostuvo su extraña historia, ya en su lecho, antes de morir dijo:
- "Bessières está muerto; la Grande Armée está muerta; ahora, por favor, dejadme morir a mí también"

Inscripción en la tumba de Peter Stuart en USA

A la memoria de Peter Stuart Ney
Nativo de Francia y
soldado de la Revolución francesa de Napoleón Bonaparte
quien partió de esta vida 15 de noviembre 1846
77 años de edad

Mientras tanto, en París, en el cementerio Père Lachaise, los franceses desde hace dos siglos han rendido honores al gran Mariscal en su fastuoso mausuleo.

Mausuleo del Mariscal Ney en Père Lachaise

El misterio no ha podido ser resuelto, pero los investigadores e historiadores continúan estudiando la relación entre los dos hombres. Dorothy Mackay Quynn, una egresada de la UCLA y de la Universidad de París, realizó una amplia investigación sobre Peter Stuart y el mariscal Ney. Ha escrito numerosos artículos sobre el militar francés, incluyendo "Las dos tumbas del mariscal" y "Ney, tentativa de evasión" (1961 Estudios Históricos de Francia).
El Davidson College tiene archivado todo el informe de Quynn, sus artículos, y una gran colección de correspondencia, manuscritos y fotografías que utilizó en la investigación sobre Peter Stuart Ney.

Carta firmada por Michael Ney, comparada con las de Peter Stuart

Un conocido grafólogo neoyorkino, David Carvalho, examinó cartas escritas por el mariscal Ney y las comparó con las del profesor. No tuvo la menor duda, estableció que estaban escritas por la misma persona.

Ninguna investigación ha sido concluyente todavía, y claro está, aún si lo fueran, Francia jamás aceptaría que un ícono de su historia, que un héroe napoleónico, haya muerto como un incógnito profesor en América y que está enterrado en una pequeña ciudad de los Estados Unidos, ¿verdad?

Fuentes:
DavidsonEncyclopedia.com
Editorialbitácora.com
De reyes, dioses y héroes

Leia Mais…
 
Ir Arriba