Antes del boom de la onda disco, la mayoría de la gente prefería salir a los bares. Las discotecas eran lugares reducidos donde la comunidad gay se reunía para poder bailar a sus anchas lejos del control policial. También eran frecuentadas en menor medida por afro americanos y latinos. Para 1976 la Música Disco ya era un estilo dominante y comenzaron los años dorados de las discotecas, y así mismo la decadencia de grupos de rock y emisoras radiales de este género.
En 1977, la película “Saturday Night Fever” con John Travolta, hizo que el género explotara en todo el mundo como la gripe porcina. La banda sonora vendió 30 millones de unidades (hoy ya supera los 40 millones), constituyéndose así en el álbum más vendido de todos los tiempos, después de Thriller de Michael Jackson.
Las compañías discográficas, las productoras de Hollywood y las agencias de publicidad se subieron al tren del éxito de moda que transformaba en oro todo lo que tocaba. Los ex baladistas Bee Gees resucitaron una carrera que se venía a pique. Los Rolling Stones incursionaron en el nuevo estilo con “I Miss You”, seguidos por Rod Stewart con “Da Ya Think I’m Sexy?” y el grupo Kiss con “I Was Made for Loving You”, todo en el mismo año, 1978.
Así como iban las cosas, muchas radios especializadas en rock'n roll cerraron, mientras las otras se sumaron a la corriente. Parecía que ya no había lugar para otra cosa que no sea la música disco, hasta que apareció un loco…

Se atrevió a promocionar un evento, en el cual, a todo aquel que concurriera al partido entre los Detroit Tigers y los Chicago White Sox, el martes 12 de julio de 1979, podría entrar por sólo $ 0,98 centavos (en alusión a su dial, 97.9 FM). La única condición para entrar por ese valor, era "llevar un álbum de música disco para ser destruído" en una ceremonia durante el entretiempo. La idea recibió el nombre de “Disco Demolition Night”.
Steve Dahl pensaba que si lograba convocar a cinco mil personas, el evento habría sido un éxito, pero concurrieron 90 mil espectadores con un disco bajo el brazo. El estadio estuvo a reventar, y miles de rockers tuvieron que quedarse afuera. Cuando Dahl hizo su aparición en la cancha, fue ovacionado por una multitud que gritaba: Disco sucks! Disco sucks!

Cuando la policía comenzó la cacería de los vándalos, los espectadores de la segunda bandeja empezaron a lanzar sus álbumes a los uniformados a manera de frisbee. Los jugadores y árbitros huían aterrorizados ya que nadie quería ser guillotinado por los Village People o las Pointer Sisters. Toda la cancha quedó cubierta de pedazos de vinilo y el referí dio por suspendido el partido.

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De las 100 mil discotecas que se calcula hubo en el mayor auge del disco en los Estados Unidos, quedaron menos del 10%, entre las que se destacó siempre, claro, el mítico Studio 54.
Hoy, Steve Dahl continúa trabajando en radios de Chicago y tiene su propio talk show. En su país siempre será recordado como el hombre que en una noche, acabó con la moda de la música disco.
Personalmente me gusta mucho la música de esa época. Soy un hombre tolerante de los gustos ajenos, pero debo confesar que investigando esta historia me puse a fantasear en que ojalá y hubiese alguien que hiciera lo mismo con el reggaeton. A mis lectores seguidores del mismo, sepan disculpar, son sólo ideas mías...
Fuentes:
Swindle, Criticadigital, Outernet, Wikipedia
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