Inventó sus propias dietas para adelgazar a base de carne de venado, pollo, ternera, y perdiz; tortas, helado y leche, evitando las frutas y verduras, excepto las naranjas. Practicaba deportes, necesitaba estar en movimiento constante, cabalgaba por largas horas, caminaba hasta 50 km diarios, aumentó su rechazo a la sexualidad. Era extraño que demostrara su apetito, nunca se la vio sentada a una mesa, solo sus hermanos y algún miembro de la familia de Baviera, tuvieron ese privilegio.
Quien conoce estos síntomas, no duda un minuto en relacionarlos con esas dos enfermedades modernas y devastadoras, de la que tristemente muchos de nosotros tenemos algún conocido padeciéndolas, la bulimia y la anorexia, se dice que Sissi padecía bulimaréxia, que es una mezcla de estas dos enfermedades nutricionales.
Los cánones de belleza femenina han ido cambiando con el transcurso de las épocas. En otros tiempos, la mujer ideal debía ser robusta y de piel muy pálida, mientras que hoy ser espigada, esbelta pero con curvas (que si no es a fuerza de dietas y alguna cirugía, cuesta lograrlo) es una obsesión.
Hay una cierta edad en la mujer en la cual su objetivo es gustar y ser deseada.
Los medios de comunicación, las modelos, actrices y la misma moda, te va llevando a creer que la mujer ideal es aquella extremadamente delgada, los negocios venden ropas de talles chicos, nos bombardean con aparatos de gimnasia, cremas reductoras, anticelulíticas, etc… todo te lleva a pensar que si no sos flaquísima, no encajás dentro de los cánones de mujer perfecta.
Ahora bien, qué pasaría si el ideal de mujer hoy fuera, la inteligente, culta, la que sabe hablar de fútbol y tiene conocimientos claros de política, la que conquista a un hombre con rica comida, sabe ceder el control remoto, controla los celos cuando a ellos se les van los ojos detrás de una linda cola, todo eso sin perder su coquetería y femineidad?
¿Cómo la prefiere un hombre? ¿Qué nos cuesta menos a nosotras?




















