lunes, noviembre 23, 2009

El Samurái solitario

Como ustedes lo habrán notado, soy un fanático de las historias ocultas de la Segunda Guerra Mundial, por eso ahora les traigo una de las mejores que he podido leer últimamente.
Generalmente sabemos que los Estados Unidos sólo ha sufrido dos ataques dentro de su territorio. El primero fue el bombardeo a Pearl Harbor y el otro fue el ataque terrorista del 11 de septiembre del 2001 sobre las Torres Gemelas y el Pentágono.
Pues bien, la historia nos cuenta que hubo otro ataque sobre suelo continental norteamericano que pasó desapercibido, o al menos no tuvo tanta repercusión en la prensa.

Nobuo Fujita

La mañana del 9 de septiembre de 1942 el sargento Nobuo Fujita de la armada imperial japonesa tomó su espada de samurái y con ella subió a su aeroplano. Lo extraordinario de este suceso, es que estaba listo para despegar frente a la costa oeste de los Estados Unidos desde un submarino portaaviones que se encontraba en mar territorial norteamericano sin ser detectado. Este fue el único bombardeo aéreo que se ha llevado a cabo en los Estados Unidos continental.

En la Segunda Guerra Mundial, la empresa japonesa Mitsubishi construyó para su ejército 9 submarinos portaaviones I-25 que llevaban a bordo el hidroavión Yokosuka E14Y -que se armaba y desmontaba en una hora- para misiones de reconocimiento y espionaje. En éste conflicto fueron utilizados principalmente para monitorear el Canal de Panamá y Australia, pero luego de varias misiones exitosas, decidieron enviar uno de estos submarinos hasta la costa oeste de norteamérica. Ahora querían dar un claro mensaje a los Estados Unidos, y ese mensaje era que podían llegar hasta su país.

Despegue del hidroavión E14Y desde el submarino japonés

El 9 de septiembre de 1942 el submarino emergió a unos 80 kms de las costas de Oregón y los japoneses armaron la aeronave. La misión era arriesgada, ya que se trataba de volar un hidroavión que iba cargado con dos bombas incendiarias de 340 libras, soltarlas en las costas norteamericanas y volver a aterrizar sobre la pista del submarino.


El submarino japonés I-25 en la Segunda Guerra Mundial

El piloto Fujita despegó en la aeronave y logró adentrarse casi 100 km en el continente hasta los bosques de Oregón, donde dejó caer las bombas.
La noche anterior había llovido por lo cual el efecto incendiario fue mínimo y pudo ser fácilmente contrarrestado por el servicio forestal de Estados Unidos.
En cuanto regresó el piloto Fujita al submarino, éste se sumergió enseguida en el océano para no ser detectado. El I-25 permaneció escondido en el lecho del mar durante tres semanas y volvió a la superficie la noche del 29 de septiembre para que el piloto atacara de nuevo.
En la oscuridad de la noche, Fujita utilizó el faro de Cabo Blanco de la costa de Oregón para guiarse. Este segundo bombardeo tampoco dejó víctimas mortales porque fue realizado sobre el parque nacional Emily.
Cuando el piloto estuvo de vuelta, el submarino empezó su retirada antes de ser detectado por la armada americana, pero en su trayecto de regreso, aprovechó para atacar al carguero SS Camden y al buque cisterna SS Larry Doheny. En estos dos ataques murieron siete soldados norteamericanos.
El 11 de octubre, antes de llegar a su país, el submarino japonés también se dio el lujo de disparar y hundir a un submarino soviético L-16. Es decir, cumplieron una campaña perfecta y obviamente, en Japón los recibieron como héroes y la tripulación fue condecorada.

Sitio de los bombardeos y de los buques americanos hundidos

Pero a pesar de ser una historia de guerra, este relato tiene su lado anecdótico y final feliz, ya que en 1964, casi 20 años después, Nobuo Fujita fue invitado por el alcalde de Brookings, Oregón, a una visita de buena voluntad a la ciudad que años antes había bombardeado.
Muchos allegados le dijeron que no fuera, que seguramente sería una trampa para apresarle y juzgarlo por crímenes de guerra.
A pesar de todas las advertencias, Nobuo Fujita decidió viajar no sin antes guardar en su equipaje la espada de samurái que lo había acompañado años antes, para practicarse el harakiri en caso de ser recibido de manera hostil.
Fujita se quedó asombrado del recibimiento tan cálido del que fue objeto, ya que lo declararon huésped ilustre y fue invitado de honor a muchos actos conmemorativos.
La única forma de agradecimiento que se le ocurrió a Nobuo Fujita, fue entregar su espada de samurái de 400 años de antigüedad y que había pertenecido a sus ancestros, a la Biblioteca de Brookings, donde se la conserva hasta ahora.

Nobuo Fujita donando su espada de Samurai

Fujita regresó tres veces más a Brookings en 1990, 1992 y 1995. En uno de estos viajes plantó un árbol, un retoño de secuoya, en señal de paz y amistad justo en el lugar donde cayó una de sus bombas y fue nombrado ciudadano honorario.
Nobio Fujita vivió hasta el último de sus días profundamente avergonzado de sus ataques a los Estados Unidos; murió en 1997 al edad de 85 años.
Sus hijos cumplieron el deseo del padre de dividir sus cenizas entre esta ciudad americana que lo acogió como ciudadano y su Japón natal.
Aquí podemos darnos cuenta que después de una guerra, si pueden aflorar la nobleza y valores de los pueblos, extendiendo la mano al soldado enemigo y demostrar que el perdón si existe.
Fujita también demostró que existe el arrepentimiento.

Fuentes y fotografías:
Port Orford, Belt.es, NY Times, Exordio y agradecimientos a Alí Reyes por tan buena historia.

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viernes, noviembre 20, 2009

El Palacio de los Soviets


Esta imagen que vemos en la foto no es un pastel de bodas con un solo muñeco, ni se trata de John Travolta en uno de sus famosos pasos de baile.
Es "apenas" uno de los proyectos megalómanos de Stalin que no se llegó a concretar, porque coincidencialmente se lo impidió la Segunda Guerra Mundial.
Esto es sólo una muestra de lo que puede hacer un dictador vanidoso, de hecho Stalin lo era, mucho, y en la década de los 30, decidió construir el Palacio de los Soviets.

Este palacio fue concebido para ser el edificio que simbolice el triunfo del comunismo soviético sobre el capitalismo, y estaba diseñado para albergar, museos, oficinas y salas de reuniones para los miembros del Partido. Su tamaño superaba al del Empire State de Nueva York y en su parte superior iba a estar coronado por una estatua de Lenin tan colosal que, a su lado, la Estatua de la Libertad se vería insignificante.
El concurso de modelos arquitectónicos para el Palacio de los Soviets de Moscú, fue uno de los más importantes del siglo XX en Rusia. Se presentaron 160 proyectos para la primera etapa del concurso, entre los que se incluían 24 diseños de arquitectos extranjeros, tales como Le Corbusier, Gropius y Mendelssohn. Sin embargo, la arquitectura rusa ya tenía buenos exponentes que intentaban recuperar las raíces de su cultura en sus diseños, por lo cual, el diseño escogido -de la imagen- fue el del arquitecto soviético Boris Iofan.

Para empezar a construir este colosal complejo, tuvo que ser demolida la Catedral de Cristo Salvador. Lastimosamente esta basílica, orgullo del zarismo, fue despojada de todo el oro y el mármol que contenía y nunca se supo donde fue a parar. Nadie protestó; y claro, tampoco nadie podía hacerlo.

La Catedral antes de la demolición

Escombros de la iglesia en 1931

Después de retirar los escombros de la iglesia, comenzó la excavación de una gran fosa para levantar los cimientos. Stalin acostumbraba a parar su coche en el lugar para inspeccionar personalmente los avances de la obra.
La construcción avanzó a buen ritmo los tres primeros años, pero luego, el arquitecto Iofan que se adjudicó el concurso, nunca supo cómo solucionar los problemas de drenaje que continuamente socavaban los cimientos. Fue un golpe de suerte para este arquitecto que justamente empezara la Segunda Guerra Mundial.

Finalmente la construcción fue abandonada y en su lugar, años después, ya en época de Nikita Kruschov, se construyó una gran piscina al aire libre.
La Catedral de Cristo Salvador fue reconstruida en el mismo sitio en la década de 1990 y volvió a ser consagrada en el año 2000, recuperando el honor de ser la iglesia ortodoxa más alta del mundo.
Actualmente la iglesia presenta esta imagen.

Nueva Catedral de Cristo Salvador

Algún artista gráfico contemporáneo, ha recreado el Palacio que nunca fue construído y nos muestra cómo se vería actualmente en una mañana invernal o en una noche veraniega.



Impresionante, ¿verdad?
Y bueno, bien sabemos que un dictador hace lo que le viene en gana con los recursos de un país, pero aquí la infamia ironía, era la de mostrar al mundo esa ostentación arquitectónica mientras que al mismo tiempo mataba de hambre a más de diez millones de ucranianos o enviaba a miles de presos políticos a morir en los tristemente célebres gulags.

Fuentes:
Urbalis , 20Minutos, Mezvan,Wikimapia

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martes, noviembre 17, 2009

Codex Gigas o La Biblia del diablo

Bajo este curioso nombre se esconde una hermosa obra de arte que tiene una simpática historia.
Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo en un pequeño convento benedictino, en el pueblo de Podlazice, en Bohemia Oriental, un monje cometió un grave delito. La comunidad de frailes lo juzgó y como castigo, el monje fue condenado a ser enterrado vivo en el interior de un muro.
El desesperado monje ofreció que para la expiación de su culpa y para gloria del convento benedictino escribiría en una sola noche el mayor libro jamás visto por el hombre.
Nadie se lo creía, pero al final le trajeron una pluma, gran cantidad de pergamino y un tintero, entonces el monje se puso a copiar textualmente la Biblia. Escribía lo más rápidamente que podía, consciente de que estaba en juego su vida, pero a media noche se dio cuenta de que no acabaría la obra a tiempo. Llamó entonces al diablo para que le echara una mano, quien apareció ese mismo instante y el monje le vendió el alma a cambio de su ayuda. El libro fue terminado al amanecer.
Por su tamaño, este es el mayor manuscrito medieval del mundo.



Como siempre, los mitos y leyendas son maravillosos, pero a apartándonos de la fantasía, es bastante probable que esta reliquia que data de al menos 800 años, si haya sido escrito por monjes porque contiene un compendio de conocimientos de la orden benedictina de aquel tiempo, incluyendo una transcripción completa del Antiguo y del Nuevo Testamento, La Guerra de los judíos de Flavio Josefo, la obra Etimología de San Isidoro de Sevilla, una lista de Santos del siglo primero, Tratados sobre el cuerpo humano de Galeno y una guía para determinar la fecha del día de Pascua.
Contiene también una copia de la "Crónica" de Cosmas que relata la historia checa y una lista de los hermanos de la comunidad religiosa de Podlazice, con un necrólogo y nombres de 1635 difuntos.


Se estima que el/los autores tardaron de 10 a 12 años para escribirlo. El libro mide 90x50 cm, pesa 75 kilos y originalmente tenía 640 páginas de las que sobreviven 624 en una condición relativamente buena. Se calcula que para confeccionar sus hojas de pergamino deben haberse sacrificado al menos unos 150 burros.


Hoy es considerada la 8va Maravilla del mundo antiguo y pertenece a la Bibliotea Real de Suecia, pero antes de llegar ahí, ya tuvo su recorrido.
En el siglo XIII, los benedictinos del monasterio de Podlazice -donde fue confeccionado-, se endeudaron y tuvieron que empeñar el valioso documento. Fue recuperado nuevamente en 1295 por el abad del monasterio benedictino de Brevnov, en Praga. Durante las guerras husitas del siglo XV el libro estuvo guardado en el inexpugnable monasterio de Broumov, en Bohemia Oriental.
En 1594, el emperador Rodolfo II rescató el manuscrito gigante su celda en Broumov, incorporándolo a sus espléndidas colecciones de objetos raros.
Cuando las tropas protestantes suecas se tomaron el Castillo de Praga en 1648 en la Guerra de los 30 años, saquearon y se apoderaron de las colecciones del rey Rodolfo. Desde ese año el Codex Gigas se encuentra en Estocolmo.



Desde el siglo XVII esta reliquia ha salido sólo tres veces de Suecia: En 1970 fue exhibido en el Museo Metropolitano de NY y en 1997 en Berlín.
El año 2006 fue cedida a Praga para una breve exposición y se cumplió así el sueño de miles de checos de ser exhibido en su país de orígen.

Ahora, a mis lectores que no son ecuatorianos, les cuento que la historia de este manuscrito me recuerda a una tradicional leyenda quiteña acerca de la construcción de la Iglesia de San Francisco en Quito, la cual dice que en tiempos de la colonia los curas franciscanos contrataron al indio Cantuña para construir ese templo, el cual no pudo cumplir con la entrega en el plazo acordado, por lo que corría el riesgo de ir a prisión, ya que los curas le habían pagado la obra por adelantado.
Una noche, se le apareció el diablo y le ofreció terminarla en una sola jornada a cambio de su alma. El apremiado Cantuña aceptó la propuesta y a la noche siguiente, miles de afanosos diablillos trabajaron intensamente y al alba la tenían lista. Pero antes de recibirla, el astuto indígena retiró una piedra y la obra, en la práctica, quedó inclusa. Este detalle le salvó de los horrores eternos del infierno y por supuesto, de ir a parar en la cárcel.

Iglesia de San Francisco en Quito

Según los historiadores, la construcción de la iglesia y del convento de San Francisco se inició 15 años después de la fundación española de Quito, aproximadamente por el año 1550, y se terminó en 1680, 130 años después de haberla empezado.
De todas formas, aunque falsas e inverosímiles, vemos que este tipo de leyendas forman parte del imaginario y el folcklore de los pueblos tanto de América como de Europa.

Fuentes y fotos:
Historia.mforos, National Library Swedwen, Radio Praga

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