Goodbye my lover

Frederic Chopin murió el 17 de octubre de 1849 en París, víctima de la tuberculosis.
Falleció sollozando porque su adorada Aurore Dupin no cumplió la promesa de que él moriría en sus brazos.
Decepcionado del amor pidió que al morir abriesen su cuerpo y enviaran su corazón a Polonia, a su patria, donde se conserva aún en la Iglesia de la Santa Cruz en Varsovia. Su cuerpo permanece en París.
Londres, siglo XIX
Mary Wollstonecraft, autora de la famosa novela Frankenstein, se enamoró perdidamente del poeta Percy Shelley, y se convierte en su amante ya que este era casado.
La esposa de Percy se suicida al saber de los amoríos de su marido, y ya, con el camino libre los amantes se casan en 1816.
Percy Shelley nunca dejó de ser infiel, ni con su nueva esposa.
New York, siglo XX
"Yo busco el amor. El amor de verdad. Ese amor ridículo, inconveniente, arrollador... ese de no poder vivir sin la otra persona. Y no creo que eso esté aquí, en esta carísima suite en este precioso hotel en París".
Esta frase le dice Carrie Bradshaw de Sex and the City a su novio antes de botarlo para ir en busca de otro hombre.
Apenas tres situaciones tomadas al azar donde el protagonista es el amor, pero el amor no correspondido, ese que se escapa, el casual, el amor fugaz, ese amor que nunca se queda ahí.
Ese que se fué en el tren o se quedó en otro país.
¿Por qué será que ese amor no correspondido se nos hace tan interesante y cala tan hondo que a veces lo llevamos hasta la tumba?
No quiero creer que el ser humano sea tan caprichoso como para no abrir los ojos durante tanto tiempo, quizá sea necesario vivirlo para entenderlo. No sé.
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