
La política nunca me llamó la atención porque desde que tuve mi primer trabajo como empleado de una multinacional a los 23 años hasta desarrollar mi propia pequeña empresa, a través del tiempo no me importaba si ganaba un presidente de derecha, izquierda o centro, si lo botaban o no…yo siempre tenía que trabajar, abrir mi local con paros o sin ellos, con o sin cierres de carreteras porque no era ni es solo mi sustento, sino de las personas que tienen y han tenido relación de dependencia laboral conmigo.
No soy nadie para juzgar políticas de estado en mi país ni lo hago, peor aún de Chile, pero debo y creo que es ilustrativo dar mi opinión de forma imparcial sin tener ni familia ni vínculos de ningún tipo con el pueblo chileno.
El ex presidente Salvador Allende cometió el gran error de dejarse manipular de las mafias sindicalistas mal llamadas marxistas y se desvirtuó el verdadero ideal que promulgó en su campaña electoral (Socialismo comunitario), reduciéndose a un abusivo y descarado robo y apropiamiento por parte de los sindicatos de empleados a las mismas empresas que años antes les dieron de comer.
El cómo, por qué y ayudado por quiénes se tomó (léase usurpó) Pinochet el Palacio de la Moneda no viene ya al caso, quedará grabado en los libros de historia al igual que la dignidad de Allende de no dejarse amilanar por sobrevuelos rasantes y bombardeos al Palacio presidencial.
Todo esto es historia, pesa pero ya es inmutable. Lo realmente lamentable es que cierto grupúsculo de ciudadanos festeje su muerte como si hubiera clasificado Chile a un mundial de fútbol, igual como es condenable que en Miami cada vez que se enferma Fidel hay carnaval y murga cubana.
La memoria es frágil y es fácil acusar ahora o antes en senilidad al General Pinochet, tengo muy pero muy buenos amigos chilenos que aunque víctimas de la depuración política y sindicarial que se hizo, reconocen que su largo país no gozaría del milagro económico que celebra las 2 últimas décadas.
En la vida todo tiene un precio, todo cambio y aún mas si es para bien tiene un costo, lastimosamente en Chile el costo fue social, humano, y muy lamentable por cierto; pero personalmente creo que esa sangre no corrió en vano; se cortó de raíz a grupos subversivos, bajaron a casi cero los índices delincuenciales y se detuvo la hiperinflación que se disparaba en la economía por el caos que no supo manejar el ex presidente Salvador Allende. Chile se abrió el libre mercado y no hubo Congresos ni Parlamentos entorpecedores durante 18 años. Febres Cordero no es santo de mi devoción, pero en la década de los 80’s cuando volvían a soplar vientos subversivos en Latinoamérica, tuvo la entereza y valentía de enfrentar en Ecuador a A.V.C. (Alfaro Vive Carajo, grupo terrorista de extrema izquierda), mientras en vecinos países florecieron y dejaron una triste estela de sangre a su paso grupos como Sendero Luminoso y M-19. A uno de ellos hasta se lo reconoció como agrupación política armada!!...el colmo!
Es mi muy personal punto de vista, no soy de derecha, izquierda ni centro, soy un ciudadano que con cualquier gobierno trabajo y pago mis impuestos, que cree en la libre empresa y que los Sindicatos, frentes y agrupaciones de trabajadores en mi país están liderados y mal encaminados por seudo políticos que entorpecen y limitan al empresario, obligándolo a dos cosas, a tener miedo a crecer o a enviar su dinero al exterior.
De igual forma soy un gran admirador de Fidel Castro, un estratega en todo el sentido de la palabra, que supo rodearse de la gente correcta y deshacerse a tiempo de ella también.
Mil disculpas si parece que defiendo a un genocida, no lo hago, defiendo el orgullo de los hermanos chilenos de contar con una economía muy bien apuntalada hacia el primer mundo cuyo proceso se inició a mediados de los 70’s.
Cuando se poda debidamente la vid, la cosecha es buena, y esta cosecha actual sabe mejor que cualquier vino.
Ojo, soy un ecuatoriano que mira de fuera y puedo estar equivocado, pero eso, nadie lo podrá saber, la historia se encargará del veredicto y creo que ya hay resultados a la vista.
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