jueves, octubre 29, 2009

La triste historia de los Castratos

Durante el Papado de Paulo IV (1555-1559) se expidió una bula que prohibió a las mujeres cantar en los templos católicos y surgió la necesidad de tener coros estrictamente varoniles. De esta forma, se recurrió a la castración de varones adolescentes para que conservaran la voz característica de la niñez y pudieran cantar para prescindir de las mujeres en las tonalidades agudas. Esta práctica fue muy común para la interpretación de papeles masculinos con una voz delgada en el barroco y prevaleció hasta el siglo XX con Alessandro Moreschi (1858-1922) a quien se lo conocía como “l’ angelo di Roma”, y de quien se sabe es el último "castrati" de la historia, con fines líricos, claro.

Alessandro Moreschi

Alessandro, que provenía de una familia pobre y numerosa, fue castrado a la edad de 7 años para curarle de una hernia inguinal; al parecer, era común en la Italia de la época curar la hernia con este procedimiento. Luego, durante toda su niñez y juventud estudió canto bajo la dirección de un compositor de música sacra, quien hizo que fuera aceptado en el Coro de la Capilla Sixtina a la edad de 25 años, en una época en que prácticamente habían desaparecido estos cantantes, puesto que la castración infantil con fines artísticos había sido prohibida desde 1870. Moreschi siempre aseguró que su castración tuvo lugar cinco años antes de la promulgación de aquella norma prohibitoria.

Los Castratos

Pero fue en el siglo XVIII donde éstos jóvenes se tomaron los grandes escenarios europeos y enloquecían al público -femenino generalmente- con sus angelicales voces. Se sabe también que estos coquetos jóvenes ejercían a veces la prostitución ofreciéndose a hombres y mujeres por igual, ya que al ser castrados, esa condición los colocaba en terreno neutral y con la ventajosa posibilidad de ofrecer favores a diestra y siniestra.

En este universo del espectáculo clásico, lo peor y lo mejor que le podía suceder a un niño italiano era tener una voz hermosa. Si los padres accedían a que alguno de sus hijos se hiciera corista —generalmente cuando la prole era numerosa—, el infante era llevado al barbero de la esquina, donde la transformación se consumaba. La cirugía tomaba un par de horas. En realidad, el efecto del opio en los sentidos del muchacho era lo que requería mayor tiempo. Una vez que el chico estaba sedado, era colocado en una tina de agua caliente, lo que permitía mantener la dilatación de la zona genital. Sin obstáculos de por medio, el barbero trabajaba a sus anchas, mutilando los conductos principales a los testículos, los cuales con el tiempo se atrofiaban.


Pero como todos sabemos, no siempre las promesas se cumplen. De la gran cantidad de niños que fueron castrados, sólo unos cuantos tuvieron la fortuna de cantar frente a las exigentes audiencias de la ópera europea. Y así, lastimosamente, si no lograban brillar en los escenarios, no solamente era el fracaso profesional a lo que se enfrentaban los castratos. En muchas ocasiones -por no decir casi siempre- lo que estaba en juego era su vida. De acuerdo con las habilidades del cirujano, la tasa de mortandad en las operaciones variaba, además de que el éxito de una mutilación nunca garantizaba una vida consagrada al estrellato, por una sencilla razón: después de la castración, los chicos eran sometidos a un intenso entrenamiento vocal y no todos alcanzaban la calidad que se exigía en el plano profesional. Muy pocos de ellos se convertían en estrellas rutilantes, que veían así compensado el sacrificio de su sexualidad.

Ya para fines del siglo XVIII, la moda de los castratos estaba en decadencia, el mundo de la ópera ya no los consideraba indispensables, por lo que muchos de ellos terminaron engrosando las filas de los coros de la Capilla Sixtina en el Vaticano, donde sus voces se tuteaban con las de los ángeles.


Farinelli, famoso castrati del siglo XVIII

Generalmente, la edad de los niños castrados oscilaba entre los nueve y quince años, lo que cortaba de tajo su madurez. Por eso, no es extraño que aquellos divos fueran individuos antipáticos, egocéntricos, a menudo atacados por rabietas y caprichos infantiles, aunque también hay que apuntar que su condición los convertía en verdaderos predadores sexuales, perseguidos con olfato de sabueso por decenas de damas aristócratas insaciables.

Aquí hay que hacer una diferenciación importante con los eunucos de oriente medio, que eran castrados siendo infantes, lo que les acentuaba características femeninas y una ausencia total del deseo sexual. En cambio los emasculados a partir de los 12 años tenían un desarrollo físico casi normal, y lograban una erección sin problemas. La obvia resistencia adicional que les proporcionaba su condición en el lecho, y su incapacidad para concebir, convirtió a los castrados en verdaderos trofeos para las mujeres de la época.

Fuentes:
PañosM, Weblaopera, Filomúsica

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viernes, octubre 23, 2009

La gran Harriet Tubman

Harriet Tubman nació en 1820 en una plantación de Bucktown, Maryland, hija de esclavos. Sus padres eran Benjamin y Harriet Greene Ross, un matrimonio que tuvo once hijos.
Su nombre real era Araminta por lo que cuando era pequeña la llamaban "Minty", aunque en la vida de los esclavos la niñez no duraba mucho. A los once años dejó de usar el nombre de Araminta y pasaría a usar el mismo que su madre, Harriet.
Desde que "Minty" tenía cinco años comenzó a trabajar en el servicio doméstico, y ya desde esa edad, era castigada físicamente por sus propietarios debido a su carácter rebelde. Siendo adolescente, sufrió una fuerte herida en la cabeza cuando uno de sus amos la alcanzó accidentalmente con un objeto pesado que había lanzado contra otro esclavo. Como consecuencia de este golpe, Harriet sufrió ataques de apoplejía, dolores de cabeza y episodios de hipersomnia a lo largo de toda su vida.
Este episodio la marcó profundamente, y desde ese momento nunca pensó en otra cosa que no sea alcanzar la libertad, y si para ello era necesario huir, pues huiría.


Con apenas diez años empezó a trabajar en las plantaciones de algodón, un trabajo muy duro y con jornadas de trabajo interminables. Un día mientras laboraba oyó hablar por primera vez de algo llamado El Ferrocarril Subterráneo. Era muy habitual que entre los esclavos circularan historias, reales o inventadas, de otros esclavos que habían conseguido huir y alcanzar la libertad.

A la edad de 24 años, Harriet fue obligada por su amo a contraer matrimonio con John Tubman, otro esclavo de la misma plantación con el que tuvo dos hijos.
Cinco años después, en una oscura noche del verano de 1849, decidió escaparse de forma definitiva, pero lo extraordinario es que lo hizo guiándose únicamente por La Estrella Polar. Quiso llevar a su marido e hijos con ella, pero John se opuso. Tuvo miedo y trató de disuadir a Harriet, pero no hubo caso, ella no daría marcha atrás.
Era una decisión muy peligrosa, pues los blancos esclavistas ponían todos los medios para recuperar a los esclavos, desde patrullas armadas a caballo, a perros de presa, letreros que anunciaban recompensas por capturar a los fugitivos, etc.
Siguiendo La Estrella Polar y en ocasiones la ruta del ferrocarril, logró llegar a la llamada línea Mason-Dixon, que dividía a los Estados de Virginia y Pennsylvania, o lo que es lo mismo, el Sur esclavista y el Norte abolicionista.

Harriet logró llegar a Filadelfia, encontró trabajo y pudo rehacer su vida. Sin embargo para ella eso no era suficiente, ya que sabía que su familia y miles de personas de su raza seguían esclavizados. Por eso Harriet entró en contacto con el pujante movimiento abolicionista, y se dedicó desde ese momento, a luchar de forma incansable por la libertad de los esclavos que aún permanecían en el Sur, y en innumerables ocasiones hasta arriesgó su propia vida en sus viajes de regreso.
Lo primero que hizo, fue volver inmediatamente a Maryland para rescatar a su familia. Luego, poco a poco fue sacando del estado a sus diversos parientes, en ocasiones guiando personalmente a docenas de esclavos por distintas rutas. Viajando de noche y en extremo secreto.
El nombre de Harriet Tubman ira siempre ligado al Ferrocarril Subterráneo, que ni era un ferrocarril ni era subterráneo.
El Ferrocarril Subterráneo (Underground Railroad) fue una red clandestina organizada en el siglo XIX en Estados Unidos para ayudar a los esclavos afroamericanos que se escapaban de las plantaciones.
Esta red estaba formada por afroamericanos que habían sido esclavos y por activistas blancos simpatizantes del movimiento abolicionista.
El nombre de Ferrocarril Subterráneo viene por el hecho de que sus miembros utilizaban términos ferroviarios de modo metafórico para referirse a sus actividades y rutas.

Rutas del Underground Railroad

Por ejemplo, los "conductores" o "maquinistas" eran quienes ayudaban a los fugitivos en los propios estados esclavistas de Sur. Les proporcionaban disfraces, mapas, instrucciones sobre sitios para hospedarse y en ocasiones los acompañaban guiándoles durante el trayecto. Eran por lo tanto activistas muy audaces pues en aquella época el ayudar a esclavos fugitivos estaba castigado incluso con la muerte.


Otros activistas establecían "estaciones" del ferrocarril, que no eran más que casas particulares amigas donde los fugitivos llegaban y podían esconderse, comer, descansar, recibir asistencia medica, e información sobre la siguiente etapa del viaje. Por ejemplo el matrimonio de cuáqueros formado por Levi y Catherine Coffin, que vivian en Newport, Indiana, fueron jefes de "estación" por más de veinte años y en este tiempo pasaron por su casa unos 2.000 esclavos fugitivos.

Casa de Levi Coffin actualmente

Los fugitivos eran los "pasajeros". Las rutas de escape se llamaban "carriles". La jefatura era la "Estación Central", y los estados del norte eran el "destino".
Los miembros de Ferrocarril Subterráneo operaban en la clandestinidad y normalmente sólo se conocían entre si por sus seudónimos, para no comprometer su seguridad. También hacían jurar a los "pasajeros" que guardarían el secreto.
Harriet Tubman fue la "conductora" más popular en la historia del Ferrocarril Subterráneo, y en su labor regresó hasta 19 veces al Sur para ayudar a escapar a cientos de esclavos. Los blancos esclavistas llegaron a ofrecer 30.000 dólares por capturarla viva o muerta, una cifra enorme para la época, pese a todo, ella prosiguió con su labor.

Oferta de recompensa por Harriet

Harriet era conocida también por el sobrenombre de Moisés, ya que igual que el profeta bíblico condujo al pueblo judío desde la esclavitud en Egipto hacia la tierra prometida, ella conducía a los esclavos hacía la libertad. Durante el resto de su vida presumió de que "nunca se le perdió ni un sólo pasajero".
Normalmente la libertad definitiva para los esclavos fugitivos solo se encontraba en Canadá, ya que en la llamada "Ley del esclavo fugitivo" aprobada por el gobierno federal, se ordenaba a los ciudadanos blancos y a las autoridades locales, capturar y devolver a los esclavos fugados, aún en los estados del Norte donde se había abolido la esclavitud.
Harriet Tubman era una mujer pequeña, de rostro ancho y llevaba un pañuelo en la cabeza. Había desarrollado una extraordinaria resistencia física así como una gran fortaleza mental. Se calcula que fueron más de 300 fugitivos, incluida su propia familia, a los que logró llevar a la Tierra de Canaan, como se le llamaba en código a Canadá. En 1857 Harriet trasladó a sus padres desde St. Catherines, en Ontario, Canadá, donde los había llevado primero, a Auburn, Nueva York, donde compró una casa y pudieron llevar una vida normal.


En 1859 tuvo lugar otro conocido episodio en la vida de Harriet Tubman, cuando en Nueva York movilizó a miles de negros y blancos abolicionistas delante de la Corte para sacar de allí a Charles Nalle, un esclavo fugitivo al que las autoridades pretendían devolver a sus amos. Durante el altercado con la policía Harriet fue ferozmente golpeada, aunque finalmente lograron su propósito de sacar de allí a Nalle.
Durante la Guerra Civil (1861-1865) Harriet Tubman colaboró con el Ejército de la Unión, haciendo de enfermera, y también guiando a patrullas de soldados en varias incursiones en Carolina del Sur. Durante este tiempo, conoció a un soldado llamado Nelson Davis, se enamoró, y terminó casándose otra vez en 1869.
Durante el tiempo del Ferrocarril Subterráneo hasta la Guerra Civil, fueron miles los esclavos que lograron llegar a los estados norteños y Canadá, pero hubo otros destinos como el norte de México, y de hecho en Coahuila, existe actualmente un pueblo con descendientes de esos antiguos fugitivos.
Ésta excepcional mujer falleció el 10 de marzo de 1913 en su casa de Auburn, Nueva York, con una sonrisa dibujada en el rostro, recordando a los cientos que salvó de la esclavitud, ninguno de los cuales fue atrapado.
El hogar de Harriet Tubman en Auburn, Nueva York, es hoy una casa museo abierta al público.

Fuentes:
Wikipedia, NYHistory, Biografías y gracias a mi amigo Sergio de México.

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miércoles, octubre 21, 2009

Sabiduría...


"Hay numerosos aparatos mecánicos que incrementan el deseo sexual, especialmente entre las mujeres. El más eficaz es el Mercedes-Benz 380SL descapotable..."
Lynn Lavner

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domingo, octubre 18, 2009

Lecciones de amor V - Edith Piaf

Soy un gran admirador de Edith Piaf, y no sólo por su música, sino por los entretelones de su escabrosa vida, por el coraje que tuvo para salir de las situaciones más adversas, y así mismo por tener ese arrojo de escoger y hacer lo que quiso y cuando le vino en gana. Son esos los detalles que diferencian una existencia monótona de una vida gozada a plenitud, sin importar el costo "que muchas veces es caro", pero al menos tienes la satisfacción de que nadie te quita lo que has vivído. No saben cuánto me identifico con ella.


Nació con el nombre de Edith Giovanna Gassion, hija de una cantante ambulante y de un acróbata de circo que la abandonó antes de que ella naciera. Su madre a punto de dar a luz, no alcanzó a llegar a la maternidad y Edith nació en plena calle debajo de una farola frente al número 72 de la rue de Belleville en París, el 19 de diciembre de 1915. La mujer era demasiado pobre para criarla y se la entrega al cuidado de su abuela, quien en vez de tetero la alimentaba con vino, con la excusa de que así se eliminaban los microbios. Una infancia y juventud de película, de peripecias. Sólo puedo recomendarles leer su autobiografía "Au bal du chance", y se darán cuenta de lo que les hablo.

Cuando apenas tenía cuatro años, una meningitis la dejó ciega, pero poco después recobró la vista gracias, según explicó su abuela, al devoto peregrinaje a la iglesia de Santa Teresita del Niño Jesús, en Lisieux, que la mujer hizo con su nieta. Y si los primeros años de la vida de Edith fueron difíciles, los de su adolescencia fueron peores. Cuando apenas tenía diez años su padre enfermó gravemente y la pequeña empezó a cantar por la calle, recogiendo las monedas que los transeúntes le arrojaban. En aquellas primeras actuaciones, Edith sólo cantaba la Marsellesa, el himno nacional francés, porque esa era la única canción que conocía.

Bueno, pero este post se llama Lecciones de amor, así que adentrémonos en su vida sentimental. Edith a pesar de no ser precisamente una mujer guapa, y de medir apenas 1,53 m de estatura, era una de esas femmes fatale que emanan un encanto especial y que hacía que los hombres cayeran rendidos a sus pies.

La gran Edith Piaf

Por su vida pasaron desde sus inicios pequeños rufianes, artistas callejeros y después hasta hombres famosos como Marlon Brando, Yves Montand, Charles Aznavour, o Georges Moustaki. Jugaba a deslumbrar, los conquistaba y los abandonaba. También sucumbieron a sus encantos el famoso campeón de boxeo Mercel Cerdan y actores como John Garfield. Incluso la famosísima Marlene Dietrich que le regaló un gran diamante por una apasionada noche de amor.

Edith y Marlene Dietrich

Edith seguía viviendo La vie en rose a pesar de un terrible accidente automovilístico en el que sufrió varias fracturas. Los médicos le prescribieron morfina, a la que rápidamente se hizo adicta.

“Durante cuatro años viví como un animal salvaje: no existía para mí nada más importante que mi inyección, esperaba con ansias el momento de aplicármela y sentir por fin el efecto de la droga”.

Piaf se inyectaba, a través de su ropa y medias, momentos antes de subir al escenario. La única vez que actuó sin morfina fue un desastre, y salió abucheada por su público. También empezó a beber sin control y sus amigos intentaron que dejara ese hábito, llegando incluso a esconderle las botellas de alcohol, pero tampoco no funcionó. De todas formas su público la adoraba, pues era el ícono de Francia de la postguerra, una diva consagrada.


Sin embargo, esta vida desenfrenada que no la llenaba ni la hacía feliz, era la única que tenía y la disfrutaba, la que asumía como parte de su esencia, por eso es que cada vez que cantaba a viva voz la famosa canción - que la identificaba perfectamente - "Non, Je Ne Regrette Rian" (No, no me arrepiento de nada), se le llenaban los ojos de lágrimas.

Llegó a sus 46 años bien recorridos, y sin saber cómo, encontró de pronto al gran amor de su vida. Se invoucró en una relación que sorprendió al mundo. Se enamoró locamente de Théo Sarapo, un joven griego 20 años menor que ella.

Théo Sarapo

Edith aseguraba que éste era el definitivo y más grande amor de su vida. Se casó con él y todo el mundo pensó que se trataba de un “gigoló” que quería aprovecharse de su fortuna. Para la gente fue difícil creer en el amor de una mujer mayor y famosa con un joven adonis griego, pero Edith gritó a los cuatro vientos que Théo era el único hombre que había amado.

Théo y Edith

Un año después de casarse con el joven griego, en 1963, Edith Piaf murió en su casa del Boulevard Lannes a la edad de 47 años, víctima de una cirrosis avanzada y con sus facciones deterioradas debido a la morfina. El gran amor de su vida sólo le duró un año.

Théo Sarapo fue el único heredero de Edith Piaf. Los derechos discográficos, de autor y cinematográficos fueron a parar a su cuenta bancaria. Eso confirmaba las sospechas de la gente. La imagen de gigoló, inescrupuloso y aprovechador, se extendió por todo el mundo, mientras el silencio del griego confirmaba todas esas sospechas.

Siete años después Théo Sarapo volvió a ser noticia de primera plana en los periódicos. Se había suicidado. Sobrevivió hasta agotar la “fabulosa” herencia recibida de su mujer, es decir, una lista interminable de deudas. La enfermedad y adicción de Edith Piaf la había dejado en bancarrota y con las deudas hasta el cuello. Théo Sarapo, en silencio, las fue pagando como pudo, una tras otra, y así hasta dejar totalmente limpio el sagrado nombre de su amada. Cuando llegó a pagar el último centavo se quitó la vida. ¿Para qué la quería si no podía compartirla con el único amor de su vida? En su mesilla de noche hallaron una tarjeta que decía: "Pour toi Edith, mon amour".


Théo Sarapo le enseñó al mundo y a sus detractores otra hermosa lección de amor. Durante los siete años que demoró pagar las deudas de su amada Edith, jamás se lo vio con otra mujer. Fue enterrado junto a ella. Al fin estarían juntos otra vez, para cantar a dúo desde el más allá:


No! no me arrepiento de nada. Ni del bien que me han hecho, Ni del mal, Todo eso me da igual! No! no me arrepiento de nada. Todo está pagado, barrido, olvidado... Me importa un bledo el pasado! Con mis recuerdos, he encendido el fuego, mis penas, mis placeres… Ya no los necesito! Barrí todos los amores y todos sus temblores, los barrí para siempre, vuelvo a empezar de cero. No! no me arrepiento de nada. Porque mi vida, Porque mis alegrías, Hoy comienzan contigo...

Por eso hoy quise contarles esta historia. Porque la gente siempre juzga con ligereza, porque los prejuicios y la suspicacia empañan muchas veces el verdadero amor y las buenas intenciones. También porque Edith nos demostró que no se necesita toda una vida para amar y disfrutar, porque nos enseñó que un año es suficiente para pasar "el resto de tu vida" con esa persona especial.

Fuentes:

BioPiaf, ChristieLaume, AC relatos, Wikipedia

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miércoles, octubre 14, 2009

El Robinson Crusoe español

"Las aventuras de Robinson Crusoe" debe ser uno de los primeros libros que leí. Hace poco tiempo volví a leerlo pero motivado por el morbo aquel de que Daniel Defoe, su autor, verdaderamente se inspiró en las peripecias de dos náufragosun escocés y un español- de siglos distintos para escribir su conocido libro.


El primero de ellos fue un marino español que se sobrevivió a un naufragio en el Caribe en 1526 y que pasó ocho años aislado del mundo en un islote, hasta que un barco que pasaba por allí lo rescató.
Este señor se llamaba Pedro Serrano, y su historia fue relatada años después por el historiador Garcilaso de la Vega causando gran conmoción en aquella época.
Más que una historia curiosa, es un testimonio crudo de cómo era el carácter de los españoles del siglo XVI y de las peripecias que tuvieron que superar en este continente.

Para 1526 América todavía era una tierra inhóspita y los barcos españoles cruzaban el mar Caribe de un lado a otro. Desde Cuba se enviaban barcos a toda la región, pero los mapas solo tenían registradas algunas costas y unas pocas rutas seguras. Uno de aquellos barcos fue una ligera goleta de exploración, que partió desde La Habana con destino a Santa Marta en Colombia, bajo el mando del capitán Pedro Serrano.

Navegando en medio del mar Caribe, les sorprende una gran tormenta y la pequeña nave zozobra. Los tripulantes luchan con todas sus fuerzas pero el mar se los traga. Sólo tres hombres logran sobrevivir. Entre ellos, Pedro Serrano.


Nadando logran llegar a un banco de arena, un atolón que no figuraba en ningún mapa. El lugar era un infierno desolado de 50 kilómetros de largo por 13 de ancho, sólo tenían arena y sol, casi nada de vegetación y no encontraron ninguna fuente de agua dulce.
Estos tres hombres sobrevivieron, pero quedaron aislados en una cárcel natural donde solo podían esperar morir de hambre o de sed. No tenían idea de dónde estaban. No sabían cómo alimentarse. Tampoco sabían si algún barco volvería a pasar pronto por allí.
De los tres náufragos, uno murió a causa de insolación a los pocos días. Serrano, asustado por la muerte de su amigo, decidió que iba a sobrevivir y se dispuso a aprovechar al máximo los pocos recursos que aquella isla le ofrecía.
El historiador Garcilaso de la Vega, lo relata de esta manera:

“Luego que amaneció volvió a pasear la isla, que es despoblada; halló algún marisco que salía de la mar, como son cangrejos, camarones y otras sabandijas, de las cuales cogió las que pudo y se las comió crudas, porque no había candela donde asarlas o cocerlas. Así se entretuvo hasta que vio salir tortugas; viéndolas lejos de la mar, arremetió con una de ellas y la volvió de espaldas; lo mismo hizo de todas las que pudo, que para volverse a enderezar son torpes; y sacando un cuchillo que de ordinario solía traer en la cinta, la degolló y bebió la sangre en lugar de agua. Lo mismo hizo de las demás; la carne puso al sol para comerla hecha tasajos, y para desembarazar las conchas para coger agua en ellas de la llovediza, porque toda aquella región, como es notorio, es muy lluviosa”

Aprendieron a utilizar lo que les ofrecía la naturaleza. Reunieron caparazones de tortugas para recolectar el agua de las intensas lluvias, y también pudieron recuperar algunos trozos de madera del naufragio que los pusieron a secar. Para protegerse del ardiente sol tropical y de los fuertes vientos, a falta de árboles, recolectaron rocas, conchas y corales, y construyeron una especie de refugio. Pudieron hacer fuego golpeando piedras y a falta de vegetación, utilizaron jirones de su ropa como yesca.

Cierto día, después de varios meses de penurias, divisaron una pequeña embarcación y el corazón les estallaba de alegría. Venían hacia su islote!
Lastimosamente eran dos hombres que también acababan de sobrevivir a otro naufragio. No venían a rescatarlos.
El compañero de Serrano partió en ese bote con uno de ellos, en la esperanza de llegar a las costas de Nicaragua y volver con ayuda. Ambos se perdieron para siempre, nunca se volvió a saber de ellos. Pedro Serrano se quedó con el otro recién llegado.

Supuesto trayecto de la embarcación de Pedro Serrano

Cada día en el islote era es una lucha por la supervivencia. Sólo tenían la madera que llegaba arrastrada por las olas, producto de otros naufragios. Con esa madera, después de secarla mantenían una pequeña fogata, pero la dosifican al máximo, ya que aparte de utilizarla para asar la carne de las tortugas y los moluscos, debía servir para hacer señales de humo en caso de que avistaran algún barco.
Pasaron por muchas decepciones, cuando muy de vez en cuando divisaban algún barco español en el horizonte, pero ninguno los veía a ellos. Y así, entre privaciones y frustraciones, pasaban los días, semanas y meses.
Ya llevaban aislados del mundo ocho años, hasta que cierto día, por fin un barco logró divisar sus señales de humo.

“Durante años vieron pasar algunos navíos y hacían sus ahumadas, mas no les aprovechaba, por lo cual ellos se quedaban tan desconsolados, que no les faltaba sino morir. Pero al cabo de este largo tiempo acertó a pasar un navío tan cerca de ellos que vio la ahumada y les echó el batel para recogerlos. Así los llevaron al navío donde admiraron a cuantos los vieron y oyeron sus trabajos pasados. El compañero murió en la mar viniendo a España”

En efecto, el compañero de Serrano murió a bordo y no pudo llegar a tierra firme. Era 1534 y su historia dio la vuelta a España, que en aquel tiempo era como decir que dio la vuelta al mundo.
Tanto impresionó su hazaña, que las autoridades le dieron audiencia para ir donde el Rey de aquel entonces, para que Serrano se la contara personalmente. El náufrago se presentó en la corte imperial con el pelo y la barba tal como fue rescatado, para dar mayor veracidad a su historia.
Pedro se convirtió en un hombre muy famoso y llegó a codearse con las altas esferas y la nobleza, a quienes deleitaba con sus relatos. Después fue recompensado por la Corona y decidió irse a vivir a Panamá. Allí terminaría sus días. Así lo cuenta el historiador Garcilaso:

“Algunos señores le dieron ayuda de costas para el camino y la majestad imperial, habiéndole visto y oído, le hizo merced de cuatro mil pesos de renta. Yendo a gozarlos murió en Panamá, que no llegó a verlos"


Ubicación del islote

Antes de fallecer, Pedro Serrano también dejó constancia de las penalidades sufridas en la compañía del otro náufrago. Su relato se encuentra en el Archivo General de Indias, en Sevilla.

Hoy en día ese atolón, se llama Isla Serrana, o Serrana Bank, en su honor y se encuentra a unas 220 millas náuticas (360 kms) al este de la costa de Nicaragua.
En 1962 este islote fue utilizado por los norteamericanos para montar una base militar durante la crisis de los misiles con Cuba.

Fuentes:
Mgar.net, El Manifiesto, Libertalia, Wikipedia

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domingo, octubre 11, 2009

El incidente de Checkpoint Charlie

Durante la Guerra Fría, el único paso fronterizo oficial que dividía Berlín Este de Berlín Oeste, se hallaba en la intersección de las calles Friedrichstraße y Mauerstraße, en el barrio Friedrichstradt, por el cual pasaba el muro. Oficialmente se lo conocía como Checkpoint Charlie. Desde ahí sólo se permitía el paso a extranjeros, funcionarios y trabajadores de la delegación permanente de ambas Alemanias.
Este paso se convirtió en un símbolo de la Guerra Fría
y muchos ciudadanos alemanes lo veían como una puerta hacia la libertad. De hecho algunos intrépidos murieron acribillados al tratar de pasar hacia el lado occidental.
El caso más conocido, fue el de Peter Fechter en 1962, quien intentó cruzarlo junto a su compañero Helmut Kulbeik, el cual si lo logró, pero Fechter fue herido de un balazo en la pelvis y a pesar de sus gritos, no recibió ayuda médica de ninguna de las dos partes y se desangró hasta morir una hora más tarde.

Peter Fetcher

Desde Alemania Occidental no se permitió ni siquiera a los transeúntes ayudarlo, inclusive con amenaza de armas. Igualmente, los soldados de la RDA afirmaron haber tenido recelo de intervenir. Esto es para que tengan una idea de la tensión que existía en ese punto fronterizo.

El 22 de octubre de 1961, el subjefe de la Misión de EE.UU. en Berlín, Allan Lightner y su esposa se dirigían a un teatro en Berlín Oriental. Al cruzar la frontera en Checkpoint Charlie, fue interceptado por los guardias de frontera de Alemania Oriental. Este acto violó el acuerdo que prohibía a cualquier autoridad alemana detener a ningún funcionario ni militar aliado, ni aún para verificación de pasaportes.
Lightner se negó a entregar su pasaporte, y pidió ver a un oficial soviético, para mostrarle sus documentos.
Después de no obtener respuesta, Lightner informó al General Lucius D. Clay de la situación. Lucius Clay estaba en Berlín como asesor personal de JFK, y era conocido por ser un militar muy temperamental. El General Clay no vaciló, y envió enseguida ocho policías militares equipados con fusiles M-14, para escoltar el coche de regreso hasta el paso fronterizo. En un intento de demostrar la determinación norteamericana, el General Clay envió también cuatro tanques blindados a Checkpoint Charlie.

Tanque americanos en Checkpoint Charlie

Los soviéticos no reaccionaron ante esta provocación, sin embargo, al día siguiente el gobierno de Alemania Oriental anunció a través de la radio:
"Que todos los miembros de las fuerzas aliadas que no llevaran uniforme dentro de su jurisdicción -incluidos diplomáticos-, deberían identificarse y podrían ser controlados y registrados por las autoridades de Alemania Oriental."
Esta medida atentaba contra el derecho de libre circulación de los aliados occidentales, que ya había sido firmado en un tratado reciente.
Al día siguiente, los autos de funcionarios y militares norteamericanos eran detenidos y registrados por los alemanes del Este.
Esta situación indignó al General Clay, que decidió tomar medidas más severas. Envió diez tanques blindados al borde occidental del paso fronterizo de Checkpoint Charlie.
Ahora si, los soviéticos reaccionaron. La noche del 25 de octubre, 33 tanques soviéticos se movilizaron hasta la Puerta de Brandemburgo, en Berlín. Diez de estos tanques fueron enviados enseguida hasta la calle Friedrichstraße, al lado oriental del Checkpoint Charlie.

Movilización de tropas

Según un comunicado oficial soviético, poner el mismo número de tanques frente a los americanos era una clara señal de que Moscú “no deseaba una escalada belicista ni problemas”.

Desde las 17:00h del 27 de Octubre, hasta las 11:00h del 28 de Octubre, cada una de las tropas estuvieron cara a cara y cargados los tanques de munición a menos de 80 metros una de otra.

Tanques americanos y rusos frente a frente

Los niveles de alerta de las tropas estadounidenses en Berlín Occidental, de la OTAN y del Pentágono fueron muy altos. Los dos grupos de tanques tenían órdenes de responder si se abría fuego. Fueron 18 horas muy tensas.

Tanques rusos apuntando desde el lado oriental

Khrushchev y Kennedy acordaron (por un canal de comunicación secreto, establecido apenas un mes antes) reducir las tensiones retirando los tanques.
El paso fronterizo de la parte soviética estaba a cargo del General Anatoly Gribkov del Estado Mayor soviético, quien a su vez tenía contacto directo con Khrushchev. El Checkpoint norteamericano tenía a cargo a un policía militar en contacto telefónico con el Pentágono, quienes estaban en contacto con la Casa Blanca.
Kennedy ofreció flexibilidad norteamericana en lo relativo a Berlín para el futuro, a cambio de que los soviéticos retirasen primero los tanques.
Pensando que habían ganado una batalla política, los soviéticos aceptaron, y un tanque soviético se retiró unos 5 metros. Entonces un tanque americano hizo lo mismo. Uno a uno, los tanques retrocedieron y se retiraron.


La caseta original de Checkpoint Charlie es ahora parte de un museo en aquel suburbio de Berlín.


Sin duda, ésta fue otra de esas ocasiones en que el mundo estuvo a punto de una tercera guerra mundial. No quiero ni imaginarme que hubiese pasado si a algún soldado nervioso se le escapaba un tiro.

Fuentes:
El Baúl de Josete, Mundo Historia, Wikipedia

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miércoles, octubre 07, 2009

La Latitud de los Caballos

Barlovento es la dirección en la que empuja el viento, es la zona expuesta a él, ya sea de un barco o de una playa. Sotavento es la parte protegida de la fuerza del viento, es el lado opuesto de barlovento por lo que es una zona más o menos en calma. La importancia de encontrarse a barlovento o sotavento no sólo influye a la navegación, sino al clima, fauna y flora de determinadas regiones de la Tierra.
Pues bien, hablando de navegación, existe una zona en el océano Atlántico, a unos 30-35º hacia el Norte y hacia el Sur de la línea ecuatorial, donde se puede decir que no existen ni barlovento ni sotavento. A ésta zona se la conoce desde hace siglos como la “Latitud de los Caballos”.


El origen del nombre se remonta a los tiempos de los primeros viajes desde Europa hacia el Nuevo Continente. Había un momento en que los barcos que cruzaban el Atlántico se hallaban de repente dentro de una zona donde el viento dejaba de soplar súbitamente. De pronto las tripulaciones se quedaban varadas durante días, azotadas por un calor infernal y el consiguiente consumo de provisiones, hasta que éstas comenzaban a escasear.
Cuando la situación ya empeoraba, los marinos se veían obligados a aligerar el peso del barco para aprovechar el más leve viento y lograr salir de aquella zona muerta. Entonces empezaban a arrojar por la borda todo lo que era pesado y no les fuera absolutamente imprescindible. Así botaban mercancías, muebles, hasta cañones y munición. Supongo que el ron lo dejaban para el último.

Como es lógico, después de estar varios días varados, llegaban a escasear peligrosamente sus reservas de agua dulce, las mismas que empezaban a racionar, y obviamente, quienes primero sufrían de este racionamiento eran los animales domésticos que llevaban. Cuando la situación ya llegaba a ser grave, no tenían más remedio que deshacerse de los caballos, arrojándolos por la borda.


Claro que cuando la comida escaseaba, se dice que optaban por comérselos. En cualquier caso, la mayoría de aquellos marinos no dejaría de escuchar los angustiosos relinchos de los caballos durante el resto del viaje y quizá de sus vidas.

Se cuentan historias escalofriantes acerca de la "Latitud de los Caballos" o "Mar de los Sargazos", como lo bautizó Cristóbal Colón. Aseguran que decenas de embarcaciones quedaron atrapadas para no regresar jamás, y que muchas de ellas continúan allí, convertidas en sepulcros flotantes. Por supuesto muchas son leyendas, como la que cuenta que en 1884 el vapor inglés Britannia encontró uno de estos barcos tripulados por cadáveres, pero su casco estaba tan deteriorado que no fue posible identificarlo.

También el grupo The Doors compuso el tema "Horse latitudes" basado en estos hechos, para su disco Strange Days.

"Awkward instant
And the first animal is jettisoned
Legs furiously pumping
Their stiff green gallop
And heads bob up
In mute nostril agony
Carefully refined
And sealed over"

Fuentes y referencias:
Fogonazos, Answers, Wikipedia

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Post de adhesión

Soy un asiduo lector de La Aldea Irreductible, el blog de Javi Peláez, desde el cual ha nacido una iniciativa que se ha gestado, madurado, y se ha puesto en marcha en menos de 10 días. Este es un claro ejemplo del alcance y poder de las redes sociales como Facebook, Twitter, y Blogger, por medio de las cuales se ha regado como pólvora en España.
Bueno, el asunto es el siguiente. En España se pretende recortar el presupuesto asignado al área de Investigación y Ciencia, y por tal motivo, se hizo una invitación para hoy miércoles 07 de Octubre, todo aquel que tenga un blog y crea que la Ciencia en España no está para recortes presupuestarios, deje un post con una razón en contra del tijeretazo a la Ciencia española...


Claro, ustedes se preguntarán que hace un blog latinoamericano metido en este rollo. Pues les voy a contar la razón de unirme a esta gran iniciativa.
Yo, aquí en Quito, Ecuador, en carne propia me siento afectado. ¿La razón?
Porque este recorte retardaría las investigaciones y pruebas que lleva la Doctora española Almudena Ramón en regeneración de lesiones medulares. No quiero ahondar más, pero tengo mis motivos.
Si se necesitaba una razón para unirse a esta iniciativa, yo tengo la mía a pesar de no ser español.
La ciencia es universal y cuando se descubren y encuentran buenas nuevas, nos beneficiamos todos sin importar de donde seamos.
Por eso me adhiero a este movimiento, porque ya es hora de empezar a utilizar las redes sociales para remover conciencias y ser verdaderos actores de la sociedad.
Un fuerte abrazo Javi, y espero que tu iniciativa llegue a conseguir el objetivo propuesto.

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lunes, octubre 05, 2009

Sabiduría...


"Cuando se es niño, los ruidos que asustan surgen de debajo de la cama, y cuando se es adulto, de debajo de la tapa del motor del coche"
James Denton

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viernes, octubre 02, 2009

El Teniente Hiroo Onoda

Hace algunos meses les conté la historia del sargento japonés Soichi Yokoi que permaneció escondido y en guerra, internado en la selva de la Isla de Guam durante 28 años, hasta 1972 en que lo encontraron por casualidad.
Pues él no fue el único soldado japonés que se ocultó de los aliados. También hubo otros soldados sobrevivientes que estuvieron escondidos durante años sin saber que la Segunda Guerra Mundial terminó y esperando el victorioso rescate del ejército japonés.
Otro legendario militar de éstos, es el Teniente Hiroo Onoda que “se mantuvo en guerra” y aislado del mundo durante casi 30 años.

Hiroo Onoda en 1944

Onoda nació el 19 de marzo de 1922. Fue entrenado como oficial de inteligencia y el 17 de septiembre de 1944 fue enviado a la Isla Lubang en Filipinas. Las órdenes de Onoda eran realizar una guerra de guerrillas contra los estadounidenses, que estaban listos para invadir la isla, especialmente atacando las pistas de aterrizaje y los muelles del puerto para evitar que fueran usados por el enemigo.
Antes de empezar la misión, el Mayor Yoshima Tanigushi, les dijo claramente a sus soldados:

"Está terminantemente prohibido suicidarse. Puede tomar tres años, puede que sean cinco, pero pase lo que pase, regresaremos para buscarlos. Hasta entonces, mientras uno de ustedes permanezca vivo, esta guarnición seguirá bajo su mando. Se puede sobrevivir comiendo cocos, y si eso fuera necesario, vivirán comiendo cocos. Pero, bajo ninguna circunstancia se rendirán o se quitarán la vida voluntariamente"

Las fuerzas aliadas fueron superiores militarmente y tomaron el control de la isla en pocos días. La mayor parte de los soldados japoneses murieron o fueron hechos prisioneros. Onoda y tres compañeros más (Yuichi Akatsu, Siochi Shimada y Kinshichi Kozuka) lograron huir y se internaron en la selva de aquella isla, prácticamente se aislaron del mundo. Esto ocurrió casi al final de la guerra, pero Onoda y sus compañeros no lo sabían; para ellos la guerra continuaba y su vida de guerrilleros se prolongó durante años, donde nunca se enteraron de la Orden Imperial de deponer las armas.
Los cuatro hombres sobrevivieron alimentándose con frutas y cazando animales salvajes o robando de los rebaños de los campesinos, tratando siempre de no llamar la atención ni desperdiciar municiones.

Isla Lubang, Filipinas

Un día encontraron cerca a la costa un panfleto que decía: "La guerra terminó el 15 de agosto de 1945. ¡Bajen de las montañas!"
Onoda y sus hombres analizaron el panfleto y pensaron que era una trampa para capturarlos. Decidieron internarse aún más en la jungla. Durante años encontraron otros panfletos, cartas, periódicos, fotografías e indicios para que depongan las armas, pero siempre pensaron que se trataban de trucos yankees para obligarlos a salir y hacerlos prisioneros.
Los cuatro hombres vivieron así durante años, atacando y saqueando comunidades rurales y a soldados filipinos que encontraban en “su territorio”. Durante esos años mataron un considerable número de personas en sus ataques clandestinos.
Si bien estaban entrenados para sobrevivir en la selva, nada fue más aleccionador que pasar tanto tiempo ahí arreglándoselas como podían. Remendaban sus uniformes haciendo hilos con lana silvestre y utilizando alambres en lugar de agujas. Los árboles de palmas les eran muy útiles ya que con la fibra de su tronco se cepillaban los dientes, y extraían el aceite para engrasar sus armas.
Básicamente su dieta era a base de plátanos, cocos, larvas y una que otra ave o roedor que atrapaban. Por este motivo, cuando lograban robar una vaca y comer carne de res, les caía pesada y les daba fiebre, la que sabían contrarrestarla bebiendo leche de cocos verdes. De ésta forma, se mantuvieron sino saludables, al menos satisfechos.


Cuatro años más tarde, en 1949, el soldado Akatsu ya no aguantó el aislamiento y decidió regresar a casa. Un día, sin previo aviso, decidió abandonar a sus tres compañeros. Al poco tiempo, Onoda y sus hombres encontraron una nota de Akatsu en la que les decía: que había sido encontrado por tropas filipinas amigas, que lo habían acogido cuando abandonó la jungla. Ellos creyeron que Akatsu había sido forzado a escribir esa nota y por tanto continuaron sus patrullajes y ataques guerrilleros con mayor precaución.
Cinco años después, a mediados de 1954, Onoda y sus hombres se encontraron en la playa con una patrulla de soldados que justamente los buscaban para rescatarlos, pero la psicosis de los fugitivos pudo más y empezaron a dispararles. En este cruce de balas cayó abatido el cabo Shoichi Shimada. Después de este incidente, Onoda y Kozuka volvieron a internarse en la selva, ahora solo quedaban ellos dos.
Para mayo de 1959, quince años después de que se escondieron en la jungla, llegó a la isla otro grupo de búsqueda liderado por los hermanos de ambos soldados. Permanecieron durante seis meses tratando de encontrarlos. No tuvieron éxito. En esa oportunidad el hermano de Onoda comenzó a cantar usando un megáfono con la esperanza que su hermano reconociera su voz. Hiroo Onoda pensó que alguien trataba de suplantar a su hermano Toshio.
Después de esta infructuosa búsqueda, las autoridades japonesas los declararon como desaparecidos.
Pasaban los años, y el Subteniente Onoda junto al soldado Kozuka continuaban en su guerra solitaria, convencidos de que algún día regresarían las fuerzas japonesas a recuperar la isla.
El 19 de octubre de 1972, Onoda y Kozuka intentaron incendiar la cosecha de arroz que los campesino habían cosechado, "para sabotear las líneas de abastecimientos del enemigo". Una patrulla de la policía filipina descubrió a los dos hombres y les disparó. El soldado Kozuka -que ya tenía 51 años- murió en el combate, finalizando así 27 años de lucha clandestina. Onoda logró escapar internándose en la jungla.
La noticia de la muerte del soldado Kozuka llegó a conocerse en Japón y reavivó el mito. Supusieron que Onoda debía estar vivo, aunque había sido declarado oficialmente muerto 13 años atrás y ascendido a Teniente como homenaje póstumo. La policía filipina desplegó una intensa búsqueda rastreando a Onoda pero nunca lo localizaron.
Ese mismo año, en 1972, salió desde Japón un nuevo grupo de búsqueda hacia la isla, al que también se unieron sus hermanos Chie y Tadao Onoda. Tampoco pudieron encontrarlo.
Hiroo Onoda se mantuvo oculto en la jungla durante otro año y medio, y hasta su padre formó parte de un grupo de búsqueda que también fracasó en su misión.

Padre de Hiroo Onoda en una patrulla de búsqueda

En el Japón este soldado llegó a convertirse primero en celebridad y luego en un mito urbano. Su historia recorría colegios y universidades donde se pensaba que sólo era una leyenda.
Un estudiante universitario y soñador llamado Norio Suzuki -que era fanático de estos mitos y leyendas- recopiló en archivos del ejército y con la familia Onoda, toda la información posible del fugitivo soldado. De hecho bromeaba con sus compañeros de aula, que alguna vez encontraría un Oso panda, al Hombre de las Nieves y al Teniente Onoda.
Este joven aventurero, con la poca información que pudo obtener, tomó un día su cámara de fotos, unos apuntes y la mochila. Partió a Filipinas a buscar a su héroe.

Una mañana, mientras hacía su búsqueda habitual de cocos, Onoda divisó un toldo en forma de carpa cerca de la playa. Cerca al toldo pudo ver a un joven sentado que leía unos apuntes. Se escondió y decidió vigilarlo de cerca. Estaba en un dilema porque al encontrarse solo no podía tomar prisioneros, pero después de una difícil comunicación inicial, Onoda confió en el muchacho y se hicieron amigos. Suzuki trató de convencerlo de que la guerra había terminado hacía mucho tiempo, pero Onoda estaba determinado a no rendirse a menos que se lo ordenara su superior, el Mayor Tanigushi. Suzuki tomó fotografías de ambos y convenció a Onoda para reunirse en ese mismo lugar dos semanas después.

Norio Suzuki junto al teniente Onoda

El 7 de marzo de 1974, Onoda fue al lugar del encuentro, donde Suzuki le mostró las fotografías reveladas. Después de 29 años, Onoda veía su rostro por primera vez y se asombró por el parecido que se encontró con las caras de sus tíos. Suzuki le dijo que su ex comandante, el Mayor Tanigushi lo esperaría en ese lugar dos días después.
El 9 de marzo, Onoda se presentó con mucha cautela y con su fusil rastrillado, en caso de que fuera una emboscada. Vestido con su uniforme, su espada y el fusil Arisaka y varias granadas de mano se dispuso a presentarse a su superior. Aún esperaba recibir nuevas órdenes para continuar la lucha contra los estadounidenses.
El Mayor Tanigushi, que hacía mucho tiempo era un civil, llevó consigo la carta del Emperador donde se le ordenaba deponer las armas y cesar las acciones de combate. Se la leyó en voz alta. Después de unos instantes de profundo silencio y tensión, Onoda abrió el cerrojo de su fusil, descargó el arma y puso todo el equipo en el suelo. Luego se sentó a llorar.

Hiroo Onoda luego de recibir la orden de rendirse

Onoda pasó 29 años combatiendo en la jungla hasta que el 10 de marzo de 1974, se rindió formalmente en la Base de Radares de Lubang, ante el Presidente filipino Ferdinand Marcos. Onoda le presentó su espada en señal de rendición y Marcos se la devolvió en señal de respeto. También lo indultó de los cargos que pesaban contra él, ya que en todo ese tiempo, Onoda y sus hombres habían matado a unos 30 campesinos y herido a un centenar más.

Onoda entregando su sable al presidente Ferdinand Marcos

Hiroo Onoda regresó a Japón y fue recibido como un héroe, pero se sintió muy incómodo al no poder adaptarse a la moderna vida japonesa totalmente occidentalizada. Recibió el pago por los años de servicios acumulados, pero la cantidad no era significativa para los años 70. Escribió sus memorias en el libro "No Surrender: My Thirty-Year War" y se mudó a vivir al Brasil.

Hiroo Onoda en la actualidad

Un dato sorprendente fue que había llevado cuenta de los días, meses y años, calculándolos por las fases lunares y sólo estuvo desfasado con seis días.
Respecto a Norio Suzuki no he investigado a fondo si por fin pudo encontrar a su Yeti, pero en cuanto tenga información, yo les aviso ;)

Fuentes:
Exordio, Xeduced, JapanTimes

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